EL EEUU DEL SIGLO xx VISTO A TRAVÉS DE SU MÚSICA

"Los republicanos no pisan la Casa Blanca porque consideran que ya no es blanca"

El prestigioso crítico musical analiza su libro sobre la historia reciente de EEUU a través de las canciones de Elvis o The Band

Foto: Elvis Presley y Sam Phillips en Memphis en 1956 (Colin Escott/Michael Ochs Archives/Getty Images)
Elvis Presley y Sam Phillips en Memphis en 1956 (Colin Escott/Michael Ochs Archives/Getty Images)
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Atención, pregunta: ¿quién es el crítico musical más famoso del planeta? La respuesta está entre Alex Ross, Simon Reynolds y Greil Marcus, tres hombres blancos anglosajones capaces de escribir tochos de quinientas páginas sobre cualquier problema sonoro que se les pase por la cabeza (contra todo pronóstico, venden bastante). Greil Marcus (San Francisco, 1945) es un historiador que concibe la cultura popular como el camión de la basura que recoge los conflictos desdeñados por la historia oficial (la ventaja es que los discos, películas y tebeos no suelen estar sometidos al control de las autoridades). Su ensayo más elogiado se titula Rastros de carmín: una historia secreta del siglo XX (1989), donde entrelaza las aventuras de surrealistas, situacionistas y punks.

Greil Marcus
Greil Marcus
La gran obsesión de Marcus es la figura de Elvis, metáfora de las aspiraciones estadounidenses, aunque también ha escrito libros sobre The Doors, Bob Dylan o Van Morrison. La editorial Contra acaba de traducir el monumental Mistery Train: imágenes de América en la música rock and roll (1975), donde explica pedazos de la historia reciente de su país a través de las canciones de Elvis, The Band, Randy Newman o Sly Stone, entre otros.

Su libro explica que no debemos tratar el rock and roll como contracultura, sino como parte de la cultura de EEUU. ¿Cuál es la diferencia práctica?

Creo que hay formas más interesantes de analizar el rock and roll que como una contestación. Nunca me ha interesado la cultura juvenil, ni la contracultura. Me parecen cosas transitorias y triviales. Analizo el rock and roll como arte americano o como arte en general. Tiene tanta capacidad de comunicación como cualquier otro arte. Estoy seguro de que la gente seguirá escuchado a Elvis Presley dentro de cien años. 

Elvis Presley  (Bob Moreland/Michael Ochs Archives/Getty Images)
Elvis Presley (Bob Moreland/Michael Ochs Archives/Getty Images)

Presley es una de las figuras centrales de Su libro. Explica que su grandeza está en desbordar los límites de su tradición musical, la de los blancos de clase obrera del sur de EEUU. ¿Cómo logró trascender sus raíces?

Elvis era diferente. No se parecía a nadie de este planeta: su aspecto, la forma en la que se movía, su sentido del ritmo y la mayoría de sus inflexiones al cantar. No había otros chicos así entre la clase blanca pobre del sur de EEUU. Básicamente, fabricó su propia cultura, cogiendo elementos de su tradición, de la música negra y aportando la fuerza de su personalidad. Hizo una apuesta muy radical: saltarse los límites y ver si le dejaban salirse con la suya. Por supuesto, ganó la apuesta: su forma de ser se ha convertido en un modo de vida de EEUU y luego en el mundo. Cuando estaba vivo, recuerdo haber leído en una entrevista que elementos del Partido Republicano le consideraron como un digno candidato a vicepresidente. No sé hasta qué punto fue seria la iniciativa, pero da una idea de su poder de seducción. Seguro que lo hubiera hecho mejor que Spiro Agnew [vicepresidente de Richard Nixon que tuvo que retirarse acusado de sobornos y evasión fiscal].

Utiliza la figura de Sly Stone, un clásico del funk, para explicar las batallas raciales de los años sesenta y setenta. ¿Por qué cree que las letras de artistas negros no son tan combativas ahora? ¿Es porque hay menos racismo o porque los músicos negros han perdido sentido de comunidad?

Sly & Family Stone (Michael Ochs Archives/Getty Images)
Sly & Family Stone (Michael Ochs Archives/Getty Images)
Una persona negra puede hacer hoy muchas más cosas en público que hace veinte, cincuenta o cien años. Ningún comportamiento de una persona negra concreta va a afectar negativamente a la imagen que tenemos de su raza. Dicho esto, la comunidad negra se ha mirado en el espejo de la blanca, incluyendo la desigualdad económica. Un pequeño número de afroamericanos son fabulosamente ricos, aunque no tan ricos como quienes manejan los bancos, fondos de inversión y grandes empresas de nuevas tecnologías (a esos puestos todavía no han accedido). El gran éxito económico de unos pocos iconos (Jay-Z, Michael Jordan, Beyoncé...) transmite la falsa idea de que no hay límites para las minorías raciales en EEUU. Básicamente, la mayoría de los afroamericanos han copiado la idea de éxito que tienen los blancos. Es un paso atrás porque contribuye a trivializar los pequeños triunfos, por ejemplo el de las personas negras que no consiguen millones, pero sí una vida digna, que es algo a lo que debemos otorgar mucho mérito.

¿Se ha disuelto entonces el racismo en la lógica del éxito económico?

No diría tanto. Mira el caso de Obama. Desde que fue elegido en 2004, el racismo en EEUU es más visible, aceptado y legitimado. También aumentó el racismo codificado o escondido. Obama ha recibido mucho desprecio, incluso odio. La mayoría de los republicanos se niega a tratarle como presidente. Se ha cuestionado su ciudadanía y la de sus padres, se han llevado al límite las sospechas. Esto es una forma de racismo que contrasta con el modo en que tratan a Ted Cruz, el senador tejano de derechas que probablemente será candidato de los republicanos en 2016. Cruz no nació en EEUU y uno de sus padres no tampoco nació aquí, pero nadie le ha reprochado nada. La Administración Obama fue inmediatamente denigrada por los republicanos. Ellos odiaban a Bill Clinton por ser un paleto del sur, pero se limitaban a insultarle, no a ignorarle. Hoy los republicanos se niegan a pisar la Casa Blanca porque ya no consideran que sea blanca. Unos desprecian a Obama y otros temen que sus votantes racistas les pasen factura en las urnas si se hacen una foto con él. Esas bases han sido educadas en el racismo por otros elementos del Partido Republicano. Es un círculo que se retroalimenta.

¿La cultura popular en 2013 ofrece resistencia frente a ese racismo o se ha contagiado de él?

Portada de 'Mystery Train'
Portada de 'Mystery Train'
En música hay menos prejuicios, aunque todavía se piensa que la motivación principal de los artistas negros es el dinero. Existe más racismo entre los comentaristas deportivos. Durante mucho tiempo, los afroamericanos tardaron en acceder al puesto de quarterback en los equipos de fútbol americano porque es considerado el cerebro del juego. Ahora hay muchos quarterbacks negros, pero los comentaristas se siguen refiriendo a ellos como "atletas naturales", mientras que a los blancos son descritos como "inteligentes", "reflexivos", "juiciosos" o "maestros en el arte de decidir". 

Hace poco lamentaba que 'Mistery Train' no incluyera perfiles de mujeres. ¿Por qué no se animó?

Tendría que haber incluido un capítulo sobre Arlene Smith de las Chantels. Para empezar, tiene la mejor voz de la historia del rock and roll. Sólo grabó cuatro o cinco canciones, todas ellas siendo adolescente, pero su influencia resultó inmensa porque la mayoría de los grupos de chicas que vinieron después la tomaron como modelo. No me atreví a dedicarle un capítulo entero en 1975 porque se me hacía complicado escribir tanto sobre cuatro canciones. Ahora sí me atrevería.

Los perfiles del libro abarcan desde los años cincuenta hasta los setenta, tres décadas donde EEUU dominaba el mundo. ¿Cómo cree que ha afectado a la música popular el declive de ese imperio?

Es una pregunta demasiado amplia, no basta un párrafo para contestarla, de hecho necesitaría un libro. La decadencia de EEUU, su creciente incapacidad para influir en otros países, ha sido un proceso lento y regular, que se ha ido acentuando en los últimos años. Si lo piensas, esa decadencia es el subtexto de todas las canciones de Randy Newman.

¿Sobre qué está escribiendo ahora?

He terminado un libro que se llama La historia del rock and roll en diez canciones. Lo publicará la editorial de Yale en 2014. No me ciño a una versión de cada pieza, sino que analizo las diferentes interpretaciones de distintos artistas a lo largo de varias décadas. Lo singular del libro es que no es cronológico y que dejó fuera a casi todos los iconos y momentos históricos que se considera que no pueden quedar fuera de un libro sobre rock and roll. A ver cómo lo reciben.  

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