la abadía cederá el espacio a los directores

Lima, Sanzol y Del Arco crean el Teatro de la Ciudad

“Vamos a montar un pollo gordo. Va a ser un hervidero de actividad teatral”. Andrés Lima anuncia la mayor burbuja teatral de los últimos años

Foto: Los directores de escena Alfredo Sanzol, Andrés Lima y Miguel del Arco.
Los directores de escena Alfredo Sanzol, Andrés Lima y Miguel del Arco.

“Vamos a montar un pollo gordo. Va a ser un hervidero de actividad teatral”. Andrés Lima anuncia la mayor burbuja teatral de los últimos años en la ciudad de Madrid, desde que Matadero se convirtió en un sueño varado. Pero esta es de las que no se pincha. Un desayuno con el director de escena y actor más atareado en tiempos de secano siempre es imprevisible. Habla de su última locura: Capitalismo, hazles reír (a partir del 10 de septiembre y hasta el 29, en el Circo Price de Madrid). Traga saliva y sigue. Lima no para. Afortunadamente, no es el único.

Mientras trabajaba en los seis talleres de una semana cada uno, en los que juntó a actores con la clase humanista de este país (filósofos, economistas, politólogos, sociólogos, periodistas), para crear un potaje ideológico nutritivo y consistente que avalara su propuesta circense sobre las miserias tragicómicas del sistema en el que nos ha tocado vivir (y alimentamos), invitó también a dos cómplices de primer orden: Alfredo Sanzol y Miguel del Arco. Los tres directores más premiados y reconocidos del momento, los tres  sufren el mismo agujero negro que se lo come todo: la crisis financiera y política.

No tienen un espacio para ensayar y cocer sus nuevas creaciones. Tienen que alquilar, alquilar y alquilar, y gastar, gastar y gastar. Mientras que el teatro no hace más que perder, perder y perder. Unidos en el reconocimiento y en la miseria han creado el Teatro de la Ciudad. Un sueño que albergará sus talleres de creación, sus ensayos, donde se producirán los montajes, donde se equipará y formará a los actores, sí, un pequeño paraíso: “Un hervidero de actividad teatral”. Será un teatro conjunto, un lugar compartido. Solo no puedes, con amigos sí. La fórmula que se había olvidado.   

Ayuntamiento, comunicando

Lima cuenta que llevan un año esperando a que Natalio Grueso (director de las artes escénicas del Ayuntamiento de Madrid e imputado por el caso Niemeyer de Avilés) defina la ayuda que les puede ofrecer, es decir, qué espacio vacío en poder del consistorio puede habilitar para que estos tres directores madrileños puntales de la escena nacional puedan seguir trabajando y no morir en el intento. Pero nada, Grueso no sabe, no contesta. Hay palmaditas en la espalda y buenas palabras, sin definición. Grueso es una de las grandes apuestas de otro proyecto que hizo mucho ruido, acabó con muchas cosas y fracasó, Fernando Villalonga.

Ahí está Matadero, olvidado, a la espera de que vuelva a ser la esperanza cultural para la cual renació. Matadero lo han matado con los últimos despidos y los cierres constantes de salas. Matadero es un lugar único, y ahora un muerto presente. “Es el mejor espacio de Europa, sino del mundo, para las artes. Viene gente de Berlín y se quedan con la boca abierta. Y nosotros lo tenemos muerto de asco”, dice Lima.  

Desayuna café, sándwich y zumo de naranja con piña. Todavía le duele el talegazo del día anterior, triple carpado mortal involuntario mientras ensayaba en su papel de jefe de pista con el resto del elenco (Nathalie Poza, Luis Bermejo, Aitana Sánchez-Gijón, Silvia Marsó, Irene Escolar, Rulo Pardo o Edu Soto, entre otros). Tiene buena salud, ha pasado los cincuenta y su cuerpo está acostumbrado a todos los golpes.

Habla del Teatro de la Ciudad y se ilumina. Mientras rastreaban un sitio donde desembarcar, alguien le habño a José Luis Gómez (director del Teatro de La Abadía) del proyecto y quiso participar. Debía estar ahí, en la pomada. Les ha ofrecido espacio, les hadado cobijo en la iglesia desamortizada a favor del teatro. “Quiere albergar el proyecto casi toda la temporada. La Abadía es un buen sitio para nacer, y que lo apadrine Gómez tiene lógica porque ha apadrinado nuestros proyectos. Le gustaría que el Teatro de la Ciudad creciera cerca de él”, explica Lima.

A falta del remate de la operación, todo apunta a que los tres directores tendrán en la sala de la iglesia su nuevo hogar. Dada la conocida tendencia de Gómez a intervenir, es probable que tengan que regular algo más que la cesión del espacio.   

Los cómicos se resisten al capitalismo

Como ya hemos visto el circo es una actividad de alto riesgo, que compromete el físico del actor. Aquí tenemos al maltrecho Andrés Lima, alimentándose de sueños que hace realidad. Del nuevo teatro ya hemos hablado. De Capitalismo, no tanto. No es un montaje corriente, y no nos referimos a que un reparto de lujo logre con en clave clown desvelar la trampa del neoliberalismo. Es que el propio grupo ya lo ha hecho antes de poner en pie la función. Es más, es que sólo de la manera en la que se han asociado era posible levantar una idea así.

Capitalismo se ha convertido en una nueva manera de entender, crear y producir el teatro. La rentabilidad del proyecto se consolida en el común, en el interés general: todos los miembros del montaje se han constituido como cooperativa. Todos juntos. Aportan todo lo que pueden y reciben a partes iguales lo que consiguen. No es teatro de miseria de posguerra, es teatro de urgencia sostenible. No hay vestuario profesional, cada cual se lo trae de casa. No hay escenografía de alharacas y fuegos de artificios, sólo actores trabajando que lo visten todo con su actuación. Es un espectáculo de variedades con poco dinero y mucha imaginación, apoyado en las claves del sarcasmo del maestro de las palabras Juan Cavestany.

Si usted fue una de las miles de personas que pasaron por el Teatro Español a ver aquel invento faraónico y pantagruélico titulado Follies, con el que Mario Gas se despedía de la plaza, piense en todo lo contrario. Capitalismo es la contraprogramación a los decorados pomposos, a las escaleras que suben y bajan a ninguna parte, quite vestuario, quite truco, quite cachés, póngalo todo a mitad de precio y tendrá un montaje irónico, iluminado, mágico, divertido y muy crítico.

Aznar, Alejandro y Ana

El circo es una actividad de alto riesgo que compromete a la conciencia del espectador. Los talegazos, sin embargo, no parce que le hayan hecho escarmentar. No renuncia al papel de tocanarices, sea desde el escenario que sea, con el que lleva preguntándose por la sociedad y sus miserias desde hace décadas. Precisamente, este año se cumplen diez desde el extraordinario montaje que desveló el caso Gürtel cuando éste se fraguaba en la boda de la hija del expresidente en el Monasterio de San Lorenzo del Escorial.

Una década después de Alejandro y Ana, Lima devuelve a la escena la actitud de combate, recupera las viejas esencias de Animalario, en una pista circular, cuchillos volantes, risas torcidas, piruetas y narices rojas, que se desencadenaron con la chispa de un libro que prendió en el grupo: La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre (2007), de Naomi Klein, y que llegaron hasta las tripas del Price y a saber por dónde caminarán. Allá donde lleguen, el público sólo verá lo que asoma de ese enorme iceberg que han creado en compañía. Juntos.  

En pleno hundimiento escénico, cuando el Capitalismo se ha quedado con todo, incluso con más de medio millón de euros del presupuesto del Ayuntamiento para el Circo Price –defenestrado en inigualable sala para campañas de lanzamientos del champú de turno y a la espera de una segunda vida con el rebote olímpico-, Lima ha logrado hacer de una compañía un compromiso y de un montaje una responsabilidad; y al tiempo levantar con Miguel Ángel del Arco y Alfredo Sanzol un proyecto que cambiará el la manera de formular el teatro.   

Cultura
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