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connomoción en una aldea holandesa

Viaje a la granja de la "familia fantasma": una década encerrados esperando el Apocalipsis

La Policía holandesa lleva una semana intentando atar cabos: dos detenidos relacionados con una poderosa secta y seis jóvenes que llevan una década encerrados sin contacto con el mundo exterior

Hasta hace unos días, pocos holandeses podían ubicar Ruinerwold en el mapa. El nacimiento de un potro del granjero que regenta la finca “de detrás del canal” o el cumpleaños de una vecina de Buitenhuizen eran el tipo de cuchicheos a los que estaban habituados los apenas 3.000 vecinos que conviven en este tranquilo pueblo del norte de los Países Bajos. Pero desde que apareció la “familia fantasma” en “la casa del fin del mundo”, esta aldea monopoliza el imaginario colectivo y mediático de la nación.

El pueblo ha perdido su paz desde que la policía arrestara a un austriaco de 58 años y un holandés de 67 por presuntamente secuestrar a seis niños -ahora adultos de entre 18 y 25 años- a los que mantuvieron una década aislados del mundo exterior a la espera del fin de los tiempos.

Los ingredientes de la historia son propios de un guión de ciencia ficción y una trama poco tiene que envidiarle a El Bosque, del director M. Night Shyamalan. Pero aquí los protagonistas son de carne y hueso, aunque prácticamente no hay rastro de ellos en ninguna base de datos del Gobierno. Mientras, el país se pregunta cómo pudieron pasar desapercibidos todo este tiempo, fuera del radar de las autoridades y de los propios vecinos. El Confidencial ha visitado varios puntos de la provincia donde transcurren los hechos.

El camino cerca de la granja. (Imane Rachid)

Esperando el Apocalipsis en un sótano

La noticia se conoció el pasado domingo, con la insólita denuncia de un joven que aseguró que sus hermanos estaban “secuestrados”, ocultos durante diez años en un sótano y alimentándose de una cabra y un huerto preparándose para el Apocalipsis. Desde entonces, la historia ha dado unos cuantos giros hasta parar en la secta Moon, un extravagante culto de origen surcoreano que celebra bodas masivas entre desconocidos y es conocida por mover grandes caudales de dinero, lavar cerebros y tener poderosos contactos en la élite política y financiera global.

Los residentes no salen de su asombro y menos los vecinos. ¿Cómo ha podido ocurrir algo así en una sociedad calvinista, tan acostumbrada a mostrar la intimidad de sus hogares a los viandantes a través de grandes ventanales sin persianas ni cortinas tan característicos de su arquitectura?

“Varias generaciones de mi familia han vivido aquí. Cuando mis tíos se fueron, entonces alquiló él la casa. Todos estos árboles que ves ahí los plantó él en 2010 y puso esas vallas”, explica Jan Bernard Zwiers, quien ha vivido sus 74 años aquí.

Se refiere al inquilino “fantasma”. Identificado como Josef B., de 58 años y nacionalidad austriaca, alquiló la propiedad en 2010, aunque los vecinos aseguran que no vivía allí. Venía todos los días por las tardes con su coche blanco a descargar cosas y luego se iba. Jamás usó la tierra de la finca y la granja estaba ociosa. Todos coinciden en que “solo estaba él”. En casi diez años, nadie vio nunca entrar o salir a alguien más.

Por eso la sorpresa fue mayúscula cuando se enteraron de que allí había otro hombre y sus seis -supuestos- hijos, 4 chicas y 2 chicos. ¿Cómo es posible que tantas personas hayan estado tan cerca y nadie se haya percatado? Es la pregunta que todos se hacen, incluida la Policía y las autoridades municipales.

Desde uno de los puentes que cruzan el canal hacia la granja, Jan se baja de su bicicleta y observa perplejo. Un equipo de treinta agentes especiales de la Policía sigue registrando una semana después cada punto de la granja en busca de pistas que puedan esclarecer el misterio. Los investigadores han hecho un plano digitalizado en 3D de la casa, situada a la orilla de un canal y de un camino empedrado, rodeada de grandes prados verdes. El edificio está oculto entre los árboles, a unos 100 metros de la carretera, y el techo rojo parece recién renovado. Solo se puede llegar la casa a través del puente, que está cerrado por una cinta policial.

“Antes se veía perfectamente la granja y el huerto que hay dentro, pero lo ha aislado todo”, relata con resignación Jan.

Nada raro, todo “raro”

Los 200 vecinos de la aldea de Berghuizen son una comunidad de vecinos muy activa. Todos se reúnen periódicamente, acuden a las fiestas de cumpleaños y organizan barbacoas para ponerse al día. Todos, salvo el “fantasma”.

“El día que llegó, nos acercamos con un ramo de flores para darle la bienvenida. Abrió la puerta, lo cogió y nos cerró. No sabemos nada de él. Se le veía ir y venir, dejar cosas en la finca, pero no hablaba con nadie. Era una persona inaccesible”, cuenta el sexagenario Jan van Dijk, desde el otro lado de la carretera, justo detrás de la polémica casa.

Les tenía a dos pasos, pero nunca sospechó lo que estaba pasando tras las verjas y árboles. Está frustrado. Dentro había seis “niños” y su padre, con derrame cerebral, a quien nunca se le vio salir ni para ir al hospital. “¡Cómo nadie se dio cuenta de lo que estaba pasando! Estamos en shock”, reconoce, apoyado sobre una pala, mientras señala la finca.

El “fantasma” levantó vallas monumentales e incluso plantó pacientemente árboles que hoy miden varios metros, tan densos que aíslan a la casa de cualquier mirada. Para echar un vistazo sobre lo que pasa dentro se necesitan imágenes aéreas de un dron: varios montones de plásticos, un enorme huerto y algunas aves despistadas. El patio está desordenado, con muchos cobertizos.

“Habíamos escuchado unos niños, pero nunca han salido de la finca, nunca los hemos visto”, asegura Van Dijk. “La forma de vida rural ha cambiado. Antes nos conocíamos todos, ahora no estamos tan unidos. La gente va y viene, y esto no deja de ser la vida del campo. Si alguien quiere ser un solitario, se le respeta”, apunta otro vecino.

Los “niños” no estaban siempre encerrados bajo llave, relató el portavoz de la Policía Evelien Toegenbrug. Tenían espacio para moverse dentro de la casa y en el patio, pero no podían salir de la finca. En cuanto algún extraño se acercaba a la granja, corrían a esconderse “en un espacio cerrado que estaba totalmente oculto del mundo exterior”.

Cámaras y detectores de movimiento

La finca estaba asegurada con detectores de movimiento y cámaras instaladas en el exterior. La casa estaba dividida en pequeños compartimentos, con espacio suficiente para seis personas. La policía encontró algunos aparatos electrónicos, pero no ha especificado cuáles. La entrada era de doble puerta y estaban siempre cerradas. Un fiero perro guardián mantenía lejos a los curiosos, mencionan los vecinos.

En 2013, la Policía visitó la propiedad para hablar con Josef, pero se quedaron en el patio y no entraron a la casa. “En ese momento no había indicios de que se estuviera cometiendo algún crimen, así que la Policía no tenía motivo ni derecho para entrar a la fuerza a la propiedad”, dijo un portavoz. Se desconoce si hubo más visitas de las autoridades. Pero el lunes pasado, la policía regresó y cuando Josef intentó impedirles el acceso, lo detuvieron como sospechoso de privar de libertad a toda la presunta familia.

“Tenemos razones para creer que las seis personas involucradas no se estaban quedando en el edificio de Buitenhuizerweg por su propia voluntad. Estamos investigando si alguna creencia o fe determinada los llevó a vivir en esta situación en la que estaban”, agregó la Policía.

¿Padre e hijos? Nada encaja

Todavía no está claro si los jóvenes son realmente hermanos y si Gerrit-Jan van D., de 68 años natural de Herxen (Overijssel), es su padre. Ellos dicen ser familia y cuando el mayor, de 25 años denunció la situación a la Policía aseguró que quería “salvar a sus hermanos”. Pero una carta de la auténtica familia de Gerri-Jan van D. -firmada por “hermanos, hermanas e hijo”- ha puesto la investigación patas arriba.

En los años ochenta, rompió todos los lazos con la familia. Nos dijo que no intentemos localizarle

“Hace ocho años, tres hijos de G-J. van D. huyeron de la familia” y contactaron a un hermanastro de un matrimonio anterior, un hombre de unos 40 años (firmante de la carta) y a sus abuelos, tíos, tías y primos. “Desde entonces, la familia no ha tenido conocimiento de la existencia de otros hijos”, añade la misiva. Esos tres niños que huyeron porque no querían saber nada de su padre no son los adultos que ahora han aparecido en la granja de Ruinerwold.

El padre de Gerrit-Jan aún está vivo, pero sufre problemas mentales graves y está ingresado en una institución. La madre murió en 2017 y los notarios no pudieron dar con el lugar de su residencia para gestionar cuestiones de herencia. “En los años ochenta, rompió todos los lazos con la familia. Nos dijo que no intentemos localizarle. Daremos a la policía regional toda la información necesaria para aclarar los antecedentes de este drama”, añade el comunicado. La Policía todavía está a la espera de las pruebas de ADN para resolver este entresijo.

Un huerto y 100.000 euros

De la que no hay pistas es de la esposa, la que sería madre de los niños. La Policía cree que murió en 2004, seǵun la versión de los vecinos de Hasselt, donde residía antes el padre. Sin embargo, las autoridades todavía no han localizado los restos de la mujer, ni la familia registró su fallecimiento en el ayuntamiento de la provincia de Overijssel.

También es un misterio cómo se mantenían, más allá del huerto y la cabra que había en la propiedad. En abril de 2009, Gerrit-Jan se dio de baja en la administración municipal e informó de que había “emigrado”, confirmó la Fiscalía. No se le conocen ingresos oficiales, aunque seguía teniendo a su nombre una tienda de juguetes de madera en Zwartsluis, que llevaba años cerrada.

Sin embargo, la Policía encontró unos 100.000 euros en efectivo escondidos en la finca -por los que la Fiscalía agregó las acusaciones de lavado de dinero y evasión fiscal a la causa-. ¿Cómo obtuvieron ese dinero? Aunque todavía no hay confirmación oficial, los medios locales señalan a que los fondos provendría de donaciones de un culto al que pertenecían. Lo que tampoco queda claro todavía es, ¿a qué secta?

Ceremonia de la Iglesia de la Unificación. (Reuters)

Una familia de Moonies

Las miradas están puestas en la Iglesia de la Unificación, conocida como la secta Moon, fundada por el coreano Sun Myung Moon en la década de los 50 del siglo pasado. Condenado por bigamia y adulterio, comenzó su fábula paracristiana asegurando haber recibido la revelación de que él era el nuevo "Mesías”. Son mediáticos por las bodas masivas que protagonizan e influyentes por los grandes caudales de dinero que maneja.

Gerrit-Jan está ligado a la Iglesia de la Unificación desde los años ochenta y varios de sus familiares también están conectados con el culto, que estos días trata de poner distancia con él tras conocerse el escándalo.

Era una persona muy proclive a los rituales, estableció un grupo con su familia

“Se fue a la organización hermana en Alemania. Allí, dicen algunos miembros veteranos, se casó con su esposa. Era una persona muy proclive a los rituales, estableció un grupo con su familia. Pero nuestra versión no va de vivir en una granja y escondernos del mundo exteriores”, asegura Willem Koetsier, portavoz en Ámsterdam de la Iglesia de la Unificación.

La iglesia multimillonaria había llegado a Holanda en 1965. El reverendo Loonie Moonie, al que se podía ver vestido con una túnica y corona lanzando confeti sobre miles de parejas de novios, murió en 2012. Acusando en múltiples ocasiones de aprovecharse de la vulnerabilidad de jóvenes que buscan orientación, de lavarles el cerebro y hacer caja con su dinero, se llegó a estimar su riqueza personal en 990 millones de dólares.

Moon se movía en las altas esferas. Fue amigo y confidente de Richard Nixon durante el escándalo del Watergate, mantuvo una relación cercana con los presidentes Bush padre e hijo y era por figuras tan dispares como el soviético Mikhail Gorbachev o el dictador chileno Augusto Pinochet. Invirtió 1.700 millones de dólares en el diario The Washington Times como “instrumento para la extensión de la verdad sobre Dios en el mundo” y creó un importante conglomerado comercial armamentístico. Instaló la sede de su iglesia en el famoso Hotel New York, en Estados Unidos.

El culto entró en decadencia incluso antes de que muriera su líder y, aunque sus cifras hablan de siete millones de personas en 180 países, los expertos en este tipo de movimientos calculan que no superan los 100.000 miembros. Eso sí, dispuestos a donarlo todo, entregar sus cuentas y bienes a la Iglesia y cortar para siempre con su familia y amigos.

¿Su propio culto?

Varias fuentes indican que Gerrit-Jan fue expulsado de la secta hace años, aunque la Iglesia de la Unifación no ha confirmado esta información. Lo que está claro es que el movimiento dejó un sello importante en su vida.

“En la familia se nos pide no contactarle, porque no se puede hacer nada por él. No sabemos lo que esconde. Empezó a tener ideas muy locas en la cabeza. Envía una carta cada diez años, pero no para preguntar cómo estamos, sino para pedirnos que participes en su comunidad. No sé qué es exactamente pero no queremos tener nada que ver con esto”, añade un sobrino suyo que regenta un hotel en Bergen aan Zee, a orillas del mar del Norte, fuente de ingresos de la secta.

La policía en Ruinerwold. (Reuters)

Las fuentes consultadas para este reportaje coinciden en que Gerrit-Jan era bastante radical, un adicto a los rituales. Los otros miembros de la secta Moon aventuran que quizás decidió fundar su propio movimiento. Ya en 1997, intentó fundar una comuna con gente como él y compró por 42.077 euros tres pastos en un bosque en Staphorst. Pero el plan nunca salió adelante y las parcelas de 5,5 hectáreas están hoy cubiertas de malas hierbas. Los vecinos, que llegaron después de esa época, aseguran que nunca le han visto por la zona.

El otro personaje en esta historia, el austriaco Josef B., conocido obrero en la ciudad de Meppel y que parece ser que llevaba la comida a la granja, no está en los registros de los Moonies. Pero la prensa austriaca ha publicado esta semana que de joven sí perteneció a la secta.

Era un completo idiota. Por eso nos alejamos de él y ahora me entero de esto por mis fuentes en Holanda, es una historia salvaje”, ha dicho Peter Zoehrer, líder de la rama austriaca entre 2000 y 2018, reconocida en Viena desde hace años como “comunidad religiosa” con unos 700 miembros. “Tampoco tenemos una ideología basada en la desaparición del mundo. Todo lo contrario. Queremos crear una familia mundial bajo la supervisión de Dios y, por lo tanto, estamos más ocupados con las bodas”, añade el portavoz.

Caminando en círculos

Los jóvenes están siendo interrogados por la Policía. El mayor, que dio la voz de alarma, está en un lugar separado. Todavía no se conoce cómo ni cuándo logró escapar exactamente. Varias cuentas en las redes sociales bajo su nombre, activas desde el pasado mayo y en las que aparecen sus fotos, dan a entender que pueda llevar bastante tiempo fuera.

Hablar con ellos no está siendo nada fácil. Tienen un gran impacto

El resto están juntos y en manos de un equipo de policías y psicólogos. “Hablar con ellos no está siendo nada fácil”, dicen los investigadores, que consideran que el presunto padre “tiene un gran impacto” y control en ellos, después de haber vivido juntos, y fuera de la sociedad, durante nueve años.

Esta semana, los residentes del camping donde la Policía ha refugiado a los jóvenes y su supuesto padre, miraban sorprendidos como salían fuera de la casa y comenzaban a caminar en círculos. Lo hacía cada media hora, mecánicamente. Una “familia fantasma” que todavía está esperando “el fin del mundo”.

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