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Cuando la Armada de EEUU infectó San Francisco para 'ver qué pasaba'
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'Ataque' en suelo americano

Cuando la Armada de EEUU infectó San Francisco para 'ver qué pasaba'

En los años cincuenta, durante los primeros compases de la Guerra Fría, EEUU necesitaba saber cómo los patógenos de las armas biológicas se extendían, así que hizo un experimento con sus propios ciudadanos

Foto: Bahía de San Francisco, donde el ejército de EEUU liberó las bacterias. (iStock)
Bahía de San Francisco, donde el ejército de EEUU liberó las bacterias. (iStock)

Podemos mirar a los terraplanistas y reírnos de ellos, tachar de 'lunáticos' a los que creen que las élites del mundo son hombres-lagarto disfrazados, alucinar con los que sostienen que las nevadas en Madrid eran falsas y se trataba de plástico o compadecernos de aquellos aterrorizados por los 'chemtrails' de los aviones de pasajeros. En general, la inmensa mayor parte de las teorías de la conspiración son absurdas, basadas en que los gobiernos hacen cosas a nuestras espaldas, que nos afectan y que pueden ponernos en peligro. Jamás ocurriría algo así, ¿no?

Ojalá fuese posible dar una respuesta afirmativa a esta cuestión, pero como demostró la Armada Estadounidense en 1950 en el área de la Bahía de San Francisco, en la costa oeste de EEUU, los gobiernos no siempre tienen, por un lado, sentido común, y por otro, ética.

En septiembre de 1950, la US Navy liberó en la atmósfera de la Bahía de San Francisco Serratia marcescens y Bacillus atrophaeus

En pleno inicio de la guerra fría, la investigación en armas de destrucción masiva estaba alcanzando su máxima expresión. Cierto es que la mayor parte de los recursos se dedicaron a la investigación nuclear que siguió al Proyecto Manhattan, pero la guerra biológica era otro de los puntos fuertes; una de las terribles tácticas diseñadas para provocar el mayor daño posible en el enemigo.

Pero sabíamos poco. Hasta el momento, en un contexto bélico, las armas de destrucción masiva que habían sido utilizadas era principalmente el gas mostaza liberado por los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial (y prohibido por el Protocolo de Ginebra de 1925) que se distribuía con el viento, manteniéndose, al ser más pesado que el aire, pegado al suelo. Pero con la introducción de la perversa idea de utilizar patógenos capaces de provocar la enfermedad o la muerte de aquellos con quien entrasen en contacto (armas biológicas) era 'necesario' saber cómo se dispersaban por una ciudad muy poblada estas sustancias.

placeholder El puente Golden Gate en la niebla. (iStock)
El puente Golden Gate en la niebla. (iStock)

Es por esto que la tarea de averiguarlo recayó sobre la US Navy que, entre el 20 y el 27 de septiembre de 1950 liberó en la atmósfera de la Bahía de San Francisco, desde uno de sus buques, enormes cantidades de dos tipos de bacteria (Serratia marcescens y Bacillus atrophaeus). La cantidad fue tal que, como explica el investigador Leonard A. Cole en un informe, cada uno de los 800.000 residentes de esta ciudad habrían inhalado, como mínimo, hasta 5.000 partículas bacterianas.

Foto: ¿Es esto Helsinki o una ciudad cualquiera de Suecia que se hace pasar por Helsinki?. (Cedido)

En el momento de la prueba militar, se creía que ambas bacterias eran inocuas para el ser humano (lo que continúa siendo cierto para el Bacillus atrophaeus), pero la realidad era muy distinta. La Serratia marcescens es una bacteria que, hoy en día, se clasifica como un organismo oportunista capaz de provocar serias infecciones urinarias. Este fue el caso (alegaron sus familiares) de Edward J. Nevin, que había sido operado recientemente de su próstata y en los días siguientes a su operación se infectó con la bacteria. Murió tres semanas después de una infección en una de sus válvulas cardíacas.

Junto a él, otras 11 personas desarrollaron en los días siguientes a la dispersión de los agentes infecciosos problemas del tracto urinario que requirieron procedimientos médicos. La duda (completamente legítima) es que Nevin y los otros 11 afectados compartieron todos hospital en los días previos y habían sido atendidos en ese centro de diversos problemas de salud, por lo que podría tratarse de una infección nosocomial. En el resto de hospitales de la ciudad, aunque sí se diagnosticaron más casos de infecciones urinarias por Serratia marcescens, los números no eran lo suficientemente altos como para ser significativos.

Foto: ¿Serán drones? (Imagen: iStock)

Del mismo modo, también ocurrió un aumento de los casos totales de neumonía en la ciudad (enfermedad que también puede ser provocada por esta bacteria), pero no los suficientes como para llegar a ningún tipo de conclusión. La familia de Edward Nevin, 31 años después de su muerte, empezó un proceso legal contra el gobierno federal, a quien culpaba de su muerte. El caso saltó de tribunal en tribunal (siempre dándole la razón al gobierno) hasta alcanzar la Corte Suprema de EEUU, que, en efecto, dio la razón definitiva al ejército de EEUU.

A pesar de esto, el hecho de que EEUU gasease a sus propios ciudadanos es un precedente más que peligroso, una falta flagrante y total de criterio, sentido común y ética... pero los años 50 eran más que especiales y esta no fue la única barbaridad (ni la peor) que tanto EEUU como otras potencias occidentales de la época ejercieron sobre sus propios ciudadanos. Mirando hacia atrás, es posible que algunas teorías de la conspiración que implican el mal hacer de los gobiernos... no suenen tan descabelladas.

Podemos mirar a los terraplanistas y reírnos de ellos, tachar de 'lunáticos' a los que creen que las élites del mundo son hombres-lagarto disfrazados, alucinar con los que sostienen que las nevadas en Madrid eran falsas y se trataba de plástico o compadecernos de aquellos aterrorizados por los 'chemtrails' de los aviones de pasajeros. En general, la inmensa mayor parte de las teorías de la conspiración son absurdas, basadas en que los gobiernos hacen cosas a nuestras espaldas, que nos afectan y que pueden ponernos en peligro. Jamás ocurriría algo así, ¿no?

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