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Nada de primeras citas o flechazos: ¿y si estás enamorado de un amigo o amiga sin saberlo?
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¿QUIÉN SABE?

Nada de primeras citas o flechazos: ¿y si estás enamorado de un amigo o amiga sin saberlo?

Un nuevo estudio apoya la teoría de que la gran mayoría de parejas fuertes y duraderas en el tiempo tuvieron un precedente amistoso

Foto: ¿Enamorados sin saberlo? (iStock)
¿Enamorados sin saberlo? (iStock)

¿Alguna vez te has enamorado de tu mejor amigo? ¿Has empezado a sentir cosas intensas por una amiga a la que llevas unido unos cuantos años? Y si así fue, ¿en qué acabó toda esa situación? Evidentemente, la amistad puede ser un estado previo al enamoramiento, pues si dos personas no se llevan bien y tienen complicidad difícilmente van a adentrarse en los caminos del romanticismo; pero en este caso nos referimos a lo que se entiende como una buena y longeva amistad construida durante años y años. Es decir, sobre el hecho de darte cuenta de que lo que sientes por alguien muy cercano a ti ha pasado a otro nivel, en el que no solo existe un deseo sexual agazapado durante años y años de relación, sino también un sentimiento de conexión y unión que sobrepasa la amistad, que hace que al pensar en esta persona algo se te revuelva dentro.

Bien es cierto que una de las tareas más difíciles en la vida personal de cualquiera viene a ser saber distinguir correctamente unos sentimientos de otros, como rezaba el estribillo de aquella perfecta canción de Héroes del Silencio. Si ya es complejo diferenciar entre amor y pasión con alguien con quien estás teniendo un 'affaire', lo es aún más hacer lo propio con una persona con la que ni siquiera ha habido un contacto físico previo, más allá de los típicos abrazos o gestos cariñosos entre amigos. Lo más curioso es que muchas veces podemos pasarnos años y años buscando algo que nunca llega, en este caso una relación romántica sólida, cuando en realidad está delante de nuestras narices, solo que no nos hemos dado cuenta.

A diferencia de dos personas que se acaban de conocer, los amigos pueden llegar a gustarse mutuamente durante años sin expresarlo, lo que aumenta las ganas de salir

Un nuevo estudio, publicado en la revista 'Social Psychological and Personality Science', ha dado pie a la teoría de que la inmensa mayoría de las relaciones de pareja fuertes y duraderas en el tiempo tuvieron un precedente amistoso. En concreto, los investigadores descubrieron que el 68% de las personas cis y heterosexuales habían mantenido vínculos de amistad antes de enamorarse, un porcentaje que aumentaba hasta el 85% cuando se reparaba en sexualidades más diversas o identidades de género más fluidas. Por otro lado, casi la mitad declaró que prefería conocer a su futura pareja partiendo de ser amigos que en una cita romántica a ciegas, a través de otra persona o en una 'app' para ligar.

Esa 'espinita' clavada

Estudios previos ya demostraron que haber sido amigos mejora la satisfacción con la relación. Algo lógico, pues al tener esa compatibilidad y tener tanto espacio y tiempo compartido plagado de confidencias, momentos divertidos y también momentos tristes o amargos en los que ambos se sirvieron de apoyo, existe un conocimiento mutuo elevado como para saber qué es lo que el otro busca, qué quiere y qué espera de una hipotética relación.

Foto: Foto: iStock.

Del mismo modo, también existe cierta atracción sexual no resuelta: a diferencia de dos personas que se acaban de conocer y al sentirse atraídos el uno por el otro dan rienda suelta a ese deseo, los amigos pueden llegar a gustarse mutuamente durante años sin expresarlo o decirlo, tampoco de una manera tan intensa pero lo suficiente como para tener esa 'espinita' clavada. O como mínimo como para fantasear con la posibilidad de algún día tener un contacto más íntimo y corporal. Si eso se acaba cumpliendo, el resultado puede ser altamente explosivo, ya que se desencadena una situación que podía estar reprimida durante años. Y esto, a su vez, favorece que un nuevo sentimiento se aposente entre ambos, mucho más que el hecho de tener buen sexo con alguien a quien acabas de conocer.

Obviamente, no todo son bondades. Liarte con un amigo o amiga de hace tiempo puede traer muchos quebraderos de cabeza. Sobre todo si lo habéis hecho de una manera un tanto precipitada y sin ponderar bien las consecuencias. Lo peor a lo que os exponéis es la pérdida de la amistad que antes teníais. Además, si estabais inmersos en un mismo grupo de amigos, el asunto puede revolucionar por completo la vida de más personas. Aquí aparecen las dudas relativas a si sale mal quién se pondría de parte de uno o de otro, o quién no vendría con buenos ojos la relación (imagina el supuesto de que la amistad con la que te has liado también le gustaba a otro amigo cercano). O más grave aún: si es la expareja de otro amigo al que aprecias mucho.

"A medida que las personas maduran y aprenden a mantener las relaciones, la línea entre el romance y la amistad puede volverse muy fina"

Todas estas desventajas o puntos negativos pueden resultar insignificantes si tenéis una mentalidad madura y sabéis lo que hacéis. Pero si hay recelos entre ambos o entre más amigos que tenéis en común, puede llegar a ser una bomba de relojería. Aquí es donde entra el factor de la edad, como saca a relucir Brit Dawson, periodista de 'Mel Magazine', quien se ha hecho eco del estudio y lo ha analizado con respecto a relaciones cercanas en las que esto mismo ocurrió. "Las parejas más jóvenes no pueden tener tanta experiencia comunicando sus sentimientos o abordando sus romances incipientes con madurez, haciendo esa transición de amistad a amor más fácil", asegura. "Pero a medida que las personas maduran y mantienen relaciones, la línea entre el romance y la amistad en ocasiones puede volverse más fluida".

Tantos años confiando el uno en el otro como para que no exista una complicidad suficiente como para pasar a un siguiente nivel siendo plenamente conscientes y tomando la decisión desde un punto de vista racional. Ahora bien, si crees que necesitas dar ese paso y no sabes cómo, ¿cuál es la mejor forma de plantearlo o dejarlo caer? Lo primero, como reconoce Simone Bose, una terapeuta de parejas, en 'The Guardian', es no forzarlo, al igual que con cualquier otra situación de ligar. No puedes ser brusco, debes buscar el momento ideal para proponerlo o hacer que pase.

Sal de dudas

Para salir de dudas, a lo mejor te ayuda el hecho de contárselo a una tercera persona que no está metida en vuestra relación o que es ajena a vosotros pero os conoce lo suficiente como para juzgar si sería bueno o malo. Si desde fuera eso tendría sentido. Aunque obviamente al final es tu decisión y no tiene por qué influir lo que opinen los demás. Uno de los fallos (o aciertos, depende como se mire) es dar el paso cuando estéis de fiesta o en medio de un momento de diversión. Eso haría que la decisión se vea influenciada por la euforia del momento, la cual es muy fugaz y relativa, habiendo más probabilidades de arrepentimiento después.

Hagas lo que hagas, si sois buenos amigos tenéis una conexión honesta y abierta, por lo que no tendría por qué pasar nada

Como conclusión, lo más esencial es tener la certeza de que si acepta o te rechaza eso no va a pasar factura a vuestra relación. Aunque efectivamente es algo que puede revolucionar vuestras vidas y el vínculo que os une, si de verdad os queréis y os guardáis mucho afecto, respeto y admiración, su decisión no tiene que repercutirte demasiado a nivel emocional; pues hagas lo que hagas y estéis como estéis, si sois buenos amigos tendréis una conexión honesta y abierta, en la que nadie espera nada a cambio del otro.

Por ello, no deberías temer caer en la 'friendzone' (usando terminología abiertamente machista), ya que se supone que si sois tan cercanos el uno con el otro ser su amigo no te tendría por qué resultar doloroso. Tampoco verbalizar o confesar que podríais intentar algo más, pues aunque te dé vergüenza reconocerlo o miedo, a fin de cuentas todos los vínculos de afinidad que tenemos con otras personas están en un proceso de deriva constante. En las relaciones, "todo lo sólido se desvanece en el aire" con el tiempo, aunque hay aspectos, quizá los más básicos, que sí que se mantienen. Son por estos mismos por los que hay que luchar para que permanezcan, aunque sea bajo otros códigos, otros lenguajes, otras maneras de habitar el mundo más íntimas y pasionales.

¿Alguna vez te has enamorado de tu mejor amigo? ¿Has empezado a sentir cosas intensas por una amiga a la que llevas unido unos cuantos años? Y si así fue, ¿en qué acabó toda esa situación? Evidentemente, la amistad puede ser un estado previo al enamoramiento, pues si dos personas no se llevan bien y tienen complicidad difícilmente van a adentrarse en los caminos del romanticismo; pero en este caso nos referimos a lo que se entiende como una buena y longeva amistad construida durante años y años. Es decir, sobre el hecho de darte cuenta de que lo que sientes por alguien muy cercano a ti ha pasado a otro nivel, en el que no solo existe un deseo sexual agazapado durante años y años de relación, sino también un sentimiento de conexión y unión que sobrepasa la amistad, que hace que al pensar en esta persona algo se te revuelva dentro.

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