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El efecto de la propiedad: por qué guardas cosas viejas en el garaje
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El efecto de la propiedad: por qué guardas cosas viejas en el garaje

Tendemos a pensar que las cosas que nos pertenecen valen mucho más que las que no. Y esto pasa también con las ideas o los valores

Foto: Fuente: iStock.
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Aunque el síndrome de Diógenes nos hace pensar que el filósofo griego debía almacenar toda clase de cachivaches sin sentido, lo cierto es que al pobre cínico se le atribuye un problema que jamás tuvo en vida. De hecho, solo portaba consigo lo estrictamente necesario, abogando por los ideales de privación. Bastante diferente a todos aquellos que tienden a almacenar sin querer tirar nada.

Todos tenemos, en mayor o menor medida, apego a nuestras cosas. Muchas de ellas nos retrotraen a tiempos felices, cuando las adquirimos o quizá los momentos en que las utilizamos. Otras tienen valor per se y no pensamos tirarlas justamente porque las consideramos todavía necesarias, pese a que haga tiempo que terminó su vida útil. O quizá consideramos que la vida de los objetos debería ser más larga para evitar así el consumo excesivo, aunque al final acabamos con el garaje lleno de cosas.

Las cosas que poseemos nos resultan el doble de valiosas que los artículos idénticos que no poseemos

Pero, ¿qué influye a la hora de determinar el valor de una posesión? ¿Su calidad? ¿Cómo se mantiene? Las investigaciones indican que cuando posees algo se vuelve más atractivo, valioso y de mayor calidad a juicio propio. Los psicólogos lo llaman "mero efecto de propiedad" o "efecto de dotación" (según los economistas). En términos monetarios es fácil: las cosas que poseemos nos resultan el doble de valiosas que los artículos idénticos que no poseemos.

Los estudios realizados durante décadas muestran que el sesgo de propiedad se aplica no solamente a elementos físicos, sino también a otros conceptos más abstractos como las creencias y los valores. Además, no tienes que poseer legal o físicamente el objeto, es suficiente que lo trates como si fuera tuyo. Por ejemplo, tendemos a preferir las primeras letras de nuestro nombre a cualquier otra letra.

La misma valoración distorsionada se aplica como decíamos a las ideas que tenemos, lo que lleva a una irremediable infravaloración de los objetos e ideas de los demás, y al prejuicio contra los argumentos que no están a favor de lo que creemos. Es más difícil ser racional una vez que "posees" un concepto, una opinión o una afiliación política. Una explicación psicológica es que las cosas que poseemos reflejan nuestra identidad o, al menos, una parte, pues nos sirven para representarnos.

Otra explicación es la llamada 'aversión a la pérdida', el concepto de que la gente odia perder cosas. Según el científico Daniel Kahneman es lógico que la gente se quede con sus cosas y las mantenga a menos que el beneficio de desprenderse de ellas sea suficiente para consolar al vendedor. Es probable que no uses muchas cosas, pero probablemente si las vendieras te parecería que su valor no se corresponde con el precio del mercado, por lo que tendemos a almacenarlas y guardarlas en garajes o sótanos.

Preferimos almacenar las cosas porque atribuimos que tienen mucho valor y, si intentáramos venderlas nos parecería que no se corresponden con su precio de mercado

Un estudio publicado en 'Psychology Today' le pidió a un grupo de participantes que jugaran a un juego de detectives y resolvieran un misterio de asesinato en grupos de tres. Había tres sospechosos principales en el juego, y diferentes conjuntos de pistas dadas en privado a cada uno de los participantes apuntaban a una persona diferente. Solo la estrecha colaboración les permitió descubrir que un cuarto personaje de la historia es el verdadero asesino. Los resultados mostraban que las personas tendían a calificar sus propias pistas como más útiles.

Pero no solo eso, sino que también demostraron que el mero efecto de propiedad era tan fuerte en los objetos materiales como en los inmateriales: el sesgo que encontramos en que nuestra taza nos parezca más importante que la de otra persona es igualmente pronunciado en cuestiones mucho más importantes, como descubrir la verdad o evaluar una causa política o social.

Este sesgo de propiedad no solo se aplica a elementos físicos, sino también a otros conceptos más abstractos como las creencias y los valores

Teníamos dos versiones de la misma historia criminal. En uno de ellos, las pistas eran materiales en su esencia, por ejemplo, se les dijo a los participantes que encontraron botas ensangrentadas o una carta con una declaración de amor. En la segunda versión del juego, las mismas pistas eran irrelevantes: una llamada telefónica de un laboratorio policial del tamaño de las botas, un detective que escuchaba a uno de los sospechosos declarar su amor a otro personaje.

Lo que encontramos fue que el mero efecto de propiedad es tan fuerte en los objetos inmateriales como en los materiales. El sesgo que se encuentra en nuestra actitud hacia las tazas propias es igualmente pronunciado en cuestiones mucho más importantes, como descubrir la verdad o evaluar una causa política o social. Las implicaciones del hallazgo todavía están por descubrir, pero según los propios investigadores el mero efecto de propiedad de las ideas puede ralentizar o incluso detener el progreso no solo de la ciencia, sino también de la economía, la política o la cultura, al considerar en general que lo que nosotros pensamos es siempre superior a lo que opinan o crean los demás.

Aunque el síndrome de Diógenes nos hace pensar que el filósofo griego debía almacenar toda clase de cachivaches sin sentido, lo cierto es que al pobre cínico se le atribuye un problema que jamás tuvo en vida. De hecho, solo portaba consigo lo estrictamente necesario, abogando por los ideales de privación. Bastante diferente a todos aquellos que tienden a almacenar sin querer tirar nada.

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