Los mexicas no iban en taparrabos: qué encontramos al llegar al continente perdido
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Los mexicas no iban en taparrabos: qué encontramos al llegar al continente perdido

En muchos aspectos estaban más desarrollados que nosotros. En otros, les faltaba un gramo para el kilo

Foto: Tenochtitlan (Fuente: iStock)
Tenochtitlan (Fuente: iStock)

Quien controla el miedo de la gente, se convierte en el amo de sus almas.

Maquiavelo.

En esta vida, una de las cosas más importante es saber si lo que estás viendo es cierto. Si es así, no es que andes bien de la vista – que puede ser -, sino que lo que has visto, es una forma de realidad común que convence por su autenticidad indiscutible, aunque cada uno lo interprete de “aquella manera”. Lo demás, son espejismos.

Algo así pudo suceder cuando los españoles llegamos a América. No es cierto que los autóctonos anduviesen en taparrabos, aunque si ligeritos de ropa; en muchos aspectos, estaban más desarrollados que nosotros. En otros, les faltaba un gramo para el kilo.

Sin ir más lejos, la capital del imperio Mexica (mal llamado Azteca), Tenochtitlan, albergaba en una urbe llana - que no vertical -, más de 300.000 habitantes. Esta ciudad lacustre edificada estratégicamente sobre el lago Texcoco tenía calzadas de dimensiones inalcanzables en la Europa del momento. Los baños públicos configuraban un mosaico sanitario - pues ese era su propósito, prevenir enfermedades favoreciendo la higiene -, y el alcantarillado eran de un drenaje que rozaba la perfección.

Foto: Méndez Núñez cayó herido durante el bombardeo a los fuertes de El Callao

Aunque bien es cierto que hay historiadores que sostienen que tanto Sevilla como Córdoba (en su momento de máximo esplendor) pudieron sostener a más de 100.000 y 500.000 habitantes respectivamente, hay que tener en cuenta que al ser una época precensal, dichas aproximaciones se hacían por estimación, lo cual tiene una base científica cuestionable.

En adición a lo expresado, esta Venecia centroamericana garantizaba a su población la educación gratuita y obligatoria, lo cual permitía que todo el mundo tuviera un oficio o profesión incluidas las mujeres, aunque con ciertos sesgos que a día de hoy podrían ser considerados inapropiados por su carácter estereotipado.

Otro de los temas que dejaron perplejos a los conquistadores fue el de los avanzados sistemas de purificación del agua, que a través de la zeolita (mineral de propiedades magnéticas que ayuda a expulsar los metales pesados que hay en la sangre a través de la orina) actuaban como filtros. Este procedimiento fue probablemente copiado o expropiado a los Mayas tardíos que ya lo usaron en el tiempo cenital de la Gran urbe de Tikal, cultura que paradójicamente, no supo adaptarse a los periodos de sequía. ¿Esta parábola no nos pone en guardia por sus paralelismos tan actuales?

Si, definitivamente, los Mexicas eran gentes más completas de lo que pensamos al margen de algunas depravadas aficiones.

placeholder Fuente: iStock
Fuente: iStock

Pero hay más, la casta de los “Pochtecas”, comerciantes por vía patrilineal que heredaban generalmente los oficios de sus progenitores, no podían ocupar cargos públicos por cuanto que sus gestiones se presuponía actuarían en beneficio personal; para reflexionar, pero ojo al dato… La meritocracia estaba muy arraigada en la sociedad Mexica y sólo – y esto es muy importante de destacar -, el acceso al gobierno les era permitido a aquellos que mostraban un servicio leal a la nación. Sin comentarios.

Estas y otras singularidades, hacía que los Mexicas fueran una referencia muy adelantada en muchos aspectos a pesar del impenitente eurocentrismo que impregnaba nuestra 'ombliguista' cultura, obviando lógicamente, la inveterada afición de esta cultura mesoamericana por extirpar corazones, jugar al futbito con las cabezas de sus víctimas y montar las alucinantes estanterías de cráneos o Tzompantli. Aquí también teníamos algunas manías que no viene al caso enunciar. Podemos hacer memoria y si somos generosos, autocritica.

En otro orden, cabe destacar el meritorio servicio postal que, para carecer de cuadrúpedos, era uno de los más veloces del mundo, cada ocho kilómetros existían relevos que traían mercancías desde las costas atlánticas con celeridad y fiabilidad sorprendentes.

"Los españoles nos encontramos con una soberbia ciudad iluminada por antorchas y hogueras ubicadas ex profeso en las alturas de los templo"

Otro detalle que no se nos puede escapar sobre lo adelantados que estaban aquellos autóctonos que se encontró Cortes, era el conglomerado de islas artificiales llamadas “chinampas”, diseñadas para duplicar o triplicar en ocasiones la producción de cultivos con más calidad si cabe que los procedentes de tierra adentro. Esta alegría de las huertas lacustres se debía al excedente de agua circundante y al reiterado y meticuloso abono a las plantas.

En cualquier caso, los españoles nos encontramos con una soberbia ciudad iluminada por antorchas y hogueras ubicadas ex profeso en las alturas de los templos cuyo efecto espejo sobre la superficie del lago Texcoco creaba una visión mágica incontestable.

Por ejemplo, lo que hoy se llama en el argot médico la técnica del “clavo quirúrgico”, no era otra cosa que el uso de una pieza de madera de ocote untada en miel con propiedades cicatrizantes y antiinflamatorias. Inserto este artilugio en la estructura ósea dañada, operaba milagros. Especialidades médicas como una incipiente psiquiatría – psicología, la cirugía, la ciencia de las hierbas aplicadas a lo terapéutico y otros adelantos varios, no tenían nada que envidiar a las que usaban los más avanzados galenos de este lado del Atlántico.

Foto: Pintura del siglo XVIII representando la aglomeración con una familia completa en una prisión. Foto: Wikipedia

Y aunque nos suene raro, en Tenochtitlan se practicaba un sistema de selección humana bastante parecido al que los espartanos usaron 2.000 años atrás. A los recién nacidos se les bañaba con agua fría por las bravas. Solo eran aptos aquellos que no decían ni “mu” (el susto para el infante tenía que ser morrocotudo), los que pataleaban estaban “aviaos “. En el ideario o cosmovisión mexica prevalecía cierto sello estoico; esto es, aquí se venía pura y llanamente a sufrir y a aceptar lo que ocurre para mejorarnos a través de la experiencia… Un método curioso.

Por ejemplo, el peliagudo tema fiscal se resolvía salomónicamente con un método peculiar. Todo quisque pagaba dos impuestos; uno de ellos era en especies y el otro con el tequio, una obligación social muy extendida en la que todos contribuían al desarrollo de la ciudad, esto es, una especie de trabajo comunitario.

El transporte urbano era el último grito. Parte de él se efectuaba a pie y con porteadores profesionales por la laberíntica urbe, y la otra opción contemplaba el uso de canoas a través de las vastas superficies líquidas del Texcoco. En fin, poco que envidiar a los 'occidentales'.

"Comenzaron a invocar los diferentes nombres de Dios, pero, ya había empezado el descenso al infierno"

Pero como todo, la lapidaria frase de Kempis, 'sic transit gloria mundi', fue, es y será una espada de Damocles, una advertencia ante lo ineludible, de la cual nada ni nadie se puede zafar. Sobre aquel territorio repleto de emociones radicales y de gentes que vivían en un 'continuum' de incesantes guerras, se cernía un premonitorio decorado de silencio a pasos agigantados. En el Himalaya de su proyecto se dieron cuenta de que la perfección era un espejismo. Algo intuían a través de sus hechiceros. Advertidos estaban (según las crónicas de Fray Bernardino de Sahagún o las de Bernal Díaz del Castillo) de que un Dios huracanado vendría a ponerles las pilas.

Un día indeterminado del tiempo aparecieron en el horizonte, hacia el este, una miríada de blancas velas y unos señores de pobladas barbas con intención de revisar el futuro; unas gentes que cambiarían el rumbo de la historia radicalmente, prestigiando a unos hombres y mujeres decididos.

Entonces, aquellos nativos que desgarraban sin misericordia los cuerpos de sus víctimas, cuando la tragedia era ya materia y su origen indescifrable, comenzaron a invocar los diferentes nombres de Dios, pero, ya había empezado el descenso al infierno. Dos naciones muy entrenadas en las artes de la guerra, se enfrentarían a muerte. Una, estaba muy dividida por conflictos internos, la otra, era una nación unida y con hambre de sueños. Como hoy más o menos…

Decía el Tao aquello de que “el enemigo no tiene virtudes “… Habría que reconsiderar el fondo de armario de los contendientes. Lo de buenos y malos es un argumento trasnochado. Es posible que el horror habite en el inconsciente de Dios.

Mayas Maquiavelo Historia de España