Ulassai, el pueblo italiano que se ató a una montaña
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Ulassai, el pueblo italiano que se ató a una montaña

El 8 de septiembre de 1981, la artista Maria Lai regresó a su pueblo natal con el reconocimiento y la voluntad de que el arte no debía ser solo un espectáculo sino todo el camino hacia él, o hacia la montaña

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Fuente: iStock

A Ulassai no se llega fácilmente. Encaramado sobre una colina rocosa y bajo la atenta mirada constante de inmensos barrancos que lo protegen y amenazan al mismo tiempo, este pueblo del sureste de la isla italiana de Cerdeña guarda un diálogo con las montañas del Monte Tisiddu que forman su alrededor, tan profundo como las cuevas que hay bajo el suelo sobre el que un día nació.

Un suceso recorre la memoria de sus calles: Según recoge Rai Cultura, allá por 1861, una cresta de la montaña que se eleva sobre las casas se derrumbó. Tres niñas murieron sepultadas, pero una logró escapar. La pequeña llevaba una cinta azul en la mano cuando los vecinos la encontraron. Aquello resultó un milagro que, de boca en boca, de generación en generación, se volvió eco. La leyenda cuenta que, persiguiendo un hilo azul que volaba en el cielo entre relámpagos, la niña salió de la cueva justo antes del colapso.

Lo cierto es que no es la única leyenda que da forma a los significados del pueblo. Su localización y el tiempo lo han convertido en un lugar repleto de misterios e historias de todo tipo. Pero no es el único, parece que aquellas montañas dan juego a todos los pequeños pueblos y aldeas que se sirven de ellas: a solo dos kilómetros de Ulassai se encuentra el pueblo de Osini Nuevo, que como su nombre indica, surgió en 1951 entre los escombros del Osini Viejo después de que un desprendimiento de piedras lo sepultara.

Entregarse para siempre al destino

De todo ello, de una narrativa rural y diversa, identitaria, sabía bien la artista Maria Lai. Considerada una de las figuras más importantes de la historia del arte italiano de la segunda mitad del siglo XX, Lai nació en Ulassai, y aunque se marchó joven, nunca dejó estar unida al entorno rural del pueblo donde creció, como este a las montañas. Dicha unión fue una suerte de expresión en la creatividad de Lai, un anclaje siempre presente como el paisaje y sus leyendas. El 8 de septiembre de 1981, la artista regresó con el reconocimiento y la voluntad de que el arte no debía ser solo un espectáculo sino todo el camino hacia él.

Durante tres días, la artista plasmó aquella fuerza con la que personas y naturaleza llevaban siglos dialogando como las leyendas reflejaban. Así, su obra aquel año no fue solo suya sino de todo el pueblo que con sus manos fue hilando y trazando un mensaje que trascendió el arte y la imaginación. Lai invitó a sus vecinos y vecinas a trabajar juntos para crear una obra colectiva a gran escala que devolviera el eco del vínculo ancestral que Ulassai había tenido siempre con las montañas. Una acción comunitaria como una oportunidad que llevó por título ‘Legarsi alla montagna’: con el recuerdo de la niña que sobrevivió, el pueblo se ató a la montaña para entregarse para siempre a ella y sobre todo a la suerte de un destino sin desgracias causadas por esta.

Kilómetros de hilo celeste fueron desplegándose de casa en casa, y así de calle en calle para salir de ellas como un grito y alcanzar la cima del pico rocoso más alto. Durante tres días, la población de Ulassai fue tejiendo así su diálogo colectivo, estrechando manos y haciendo las paces, inclinando la vista hacia el peligro de la montaña, mirándola con ilusión y cariño.

Una acción comunitaria y una brecha personal

El primer día, los mil quinientos habitantes se unieron para cortar las telas; el segundo día, grandes y pequeños salieron a las calles para distribuir el enorme hilo que unos escaladores llevaron ladera arriba el tercer día hasta anudarlo sobre esta. “Un nudo entre las casas significaba amistad, la ausencia de un nudo, rivalidad, y si se agregaba un pan, amor. La cinta que atravesaba todo el pueblo fue llevada por tres escaladores hasta la montaña donde culminó la acción. Pueblo y montaña quedaron atados”.

Según escribe la artista y escritora Lauren Moya Ford en 'Hyperallergic': “Aunque el proyecto de Lai involucró a todos en su pueblo natal, surgió de una brecha personal. Después de que su hermano menor fuera emboscado y asesinado en su vecindario en 1955, la artista había jurado no regresar nunca”. Lai vivía en Roma cuando el alcalde de Ulassai le pidió que volviera para que fuera ella la autora de un monumento conmemorativo de la Segunda Guerra Mundial, pero entonces, Lai respondió: “Si queréis un monumento a los caídos, llamad a otro artista, pero si lo que quieres es tener un lugar en la historia, llámame e intentaré hacer algo que nunca se ha hecho en ningún otro lugar del mundo”, según afirmó ella misma en 2014.

"¿Quizás el gran sueño del arte moderno para cambiar la vida se ha hecho realidad, aunque sea una sola vez, aquí mismo, en este lejano lugar donde los prestigiosos nombres de las vanguardias artísticas no son más que nombres?"

Fue así como un 10 de septiembre cuarenta años atrás, un milagro dio paso a otro, como lo calificó Lai más tarde. De manera metafórica, pero apelando también a los esfuerzos que había tenido que hacer para convencer de que aquello era arte y mucho más también, que el arte podía desplegarse por los tejados y pasar por las manos de cualquiera para comunicar.

“¿Quizás el gran sueño del arte moderno para cambiar la vida se ha hecho realidad, aunque sea una sola vez, aquí mismo, en este lejano lugar donde los prestigiosos nombres de las vanguardias artísticas no son más que nombres? Creo que sí: aquí, el arte ha triunfado allí donde la religión y la política no habían conseguido hacer lo mismo. Pero se necesitó la capacidad de escuchar de Maria Lai, quien fue capaz de devolver la palabra a todo un país y compartir la memoria y los fantasmas de la gente común, ayudándoles a liberarse de la parte destructiva de sí mismos y a abrirse con una nueva disponibilidad, a la conversación y a la solidaridad”, escribió el historiador de arte Filiberto Menna un año más tarde.

"Los seres humanos viven cosiendo juntos", puede leerse en la puerta de entrada del museo de la obra de la artista en el pueblo. Mientras tanto, la montaña sigue intacta contemplando el paisaje.

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Fuente: Wikiart
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