La historia 'reggae' del León de Zion: por qué un rey de Etiopía fue el dios de los rastas
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VIDA Y LEGADO DE RAS TAFARI

La historia 'reggae' del León de Zion: por qué un rey de Etiopía fue el dios de los rastas

Haile Selassie, emperador de Etiopía, considerado un dios por los jamaicanos, fue un personaje histórico clave para la obtención de los derechos civiles en Estados Unidos

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Haile Selassie, durante su discurso en la ciudad de México.

Cuando en 1992 el mundo entero escuchaba por primera vez la pegadiza canción de Bob Marley "Iron Lion Zion", presente en su disco póstumo 'Songs of Freedom', poca gente llegó a saber lo que su significado entrañaba. En aquellos tiempos, en España ya estábamos más o menos acostumbrados a que las rastas o 'dreadlocks' se hicieran un hueco en las cabelleras de la población. Marley ya era un artista consagrado en Estados Unidos y, por ende, en la escena occidental. Aunque el artista murió en 1981 y el tema fue publicado más de una década después, lo compuso y grabó en algún momento de la primera mitad de los años 70. La letra habla de una fuga hacia un lugar llamado Zion, tal vez imaginario, tal vez real; lo cierto es que desprende una sensación de libertad como tantas otras obras de su repertorio, pues el músico sentía que la tierra de sus ancestros estaba despertando tras años de esclavitud.

En realidad, el jamaicano se refería a Tafari Makonnen, más conocido como Haile Selassie, Rey de Reyes, León Conquistador de la Tribu de Judá, Elegido de Dios, el último gran emperador africano hasta 1974. Y Zion, en este caso, hace referencia a ese territorio que antaño se conocía como Abisinia, la gran Etiopía, el verdadero origen de la cultura rastafari. No en vano, su llegada al trono fue considerada por muchos como la gran venida del redentor, del Mesías, presente en el Libro de la Gloria, el Kebra Nagast. Más conocido como 'La Biblia secreta del rastafari', este libro tiende alianzas y correspondencias con el cristianismo, pues trata de la dinastía de reyes que según la tradición engendraron el rey Salomón con la Reina de Saba, después de que esta viajara desde Etiopía a Israel.

"Aquí, en esta Asamblea, reposa la mejor esperanza, quizás la última, para la supervivencia pacífica de la humanidad", sentenció ante la ONU

Estamos ante un hombre histórico poco conocido en esta parte del mundo, tal vez debido a la escasa visibilidad de la que adolece la política africana en los medios occidentales. Concedió a Etiopía muchos años de estabilidad política, aunque su reinado autocrático no sirvió para aplacar el hambre que sufría la sociedad, ni antes ni después de que llegara al trono. A pesar de esto, trazó varios acuerdos comerciales con otras potencias para que el país creciera económicamente y se erigió como un icono de lucha contra el fascismo y el colonialismo, al defender su territorio de las tropas de Mussolini. Desgraciadamente estas eran mucho más numerosas en efectivos y no tuvo más remedio que partir al exilio, acogido por Sir Winston Churchill en Londres.

Allí fue venerado por los socialistas británicos al advertir de las duras repercusiones para el mundo que tendría el auge del fascismo en Europa, en un discurso histórico ante la Sociedad de Naciones en el que reprochó a los estados europeos no haberles ofrecido material bélico para contener a las hordas de Mussolini. También advirtió del uso de armas químicas contra su pueblo, poniendo énfasis en que si lo habían hecho contra Etiopía podrían hacerlo contra cualquier estado. Su alegato causó tanto furor que Salessie fue la portada de la prestigiosa revista 'Time', nombrado "Hombre del año".

Defensor de la paz y del panafricanismo

Tafari Makonnen ascendió al trono de Etiopía el 2 de noviembre de 1930 en la catedral de San Jorge, en Addis Abeba, cambiando su título de Ras ("príncipe" en amhárico, una de las cinco lenguas nacionales oficiales de Etiopía) por el de "Negus" ("rey") y sustituyendo a la emperatriz Zauditu. Entonces, escogió el nombre de Haile Selassie, que en amhárico significa el Poder de la Trinidad, la cual hace referencia a sus otros tres sobrenombres, León Conquistador de la Tribu de Judá, Elegido de Dios y Negus Nagast ("rey de reyes"). Implantó reformas económicas que no dio tiempo que se desarrollaran porque el país fue invadido por los italianos.

placeholder El 'rey de reyes' siendo 'Hombre del año' en 1930.
El 'rey de reyes' siendo 'Hombre del año' en 1930.

A su regreso del exilio, causó un gran fervor entre la comunidad de afroamericanos de Estados Unidos, no solo por su firme oposición al avance del fascismo y ser el primer país libre de la ocupación alemana e italiana, sino también por ser uno de los fundadores de la Organización de las Naciones Unidas, y años más tarde, en 1963, presidir la Conferencia de Jefes de Estado Africanos que tomó su sede en la capital Addis Abeba, y que luego evolucionaría en la fundación de la Organización para la Unidad Africana (OUA). Ello consiguió procesos de paz mucho más rápidos entre territorios africanos enfrentados, en los que Salessie se postuló como el más grande y efectivo mediador. A nivel interno, no solo abolió la esclavitud, sino que también creó un banco central con la ayuda de Estados Unidos y Reino Unido y en 1955 promulgó una nueva constitución, aunque evidentemente, esta no permitía la creación de partidos políticos.

Mucho ocurrió en 1963. En octubre de ese mismo año, impartió un discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas en el que volvió a hacer hincapié en su mensaje de paz mundial. "Aquí, en esta Asamblea, reposa la mejor esperanza, quizás la última, para la supervivencia pacífica de la humanidad", sentenció, haciendo referencia a su anterior discurso pronunciado ante la Sociedad de Naciones advirtiendo del fascismo. El 25 de noviembre acude al funeral de John F. Kennedy en Washington DC junto a otros jefes de estado, un presidente al que tenía en gran estima a juzgar por sus anteriores encuentros en los que también aprovechó para interactuar y estar más cerca de la comunidad afroamericana de Estados Unidos que en esos momentos luchaba con todas sus fuerzas para la obtención de los ansiados derechos civiles. Salessie también viajó a España por primera vez en 1963, siendo recibido por Franco para visitar el Valle de los Caídos, El Escorial y el Museo del Prado.

Un monarca no tan bueno: su declive

La fama de buen líder de Salessie y su gran reputación internacional como defensor de la paz comenzó a decaer en los años 60. A pesar de haber garantizado la paz interna de Etiopía, haber expulsado a los italianos y fomentado el desarrollo económico del país, no pudo reducir el que sigue siendo el mayor problema de la sociedad etíope: el hambre. Mientras tanto, el acaudalado monarca vivía atrincherado en su palacio. Según consta en las crónicas, contaba con 27 coches de lujo y en ningún momento se sometió a un examen democrático por parte de su pueblo. Su autoritarismo también le llevó a imponer el amhárico en detrimento de otras lenguas como el árabe.

"A veces, (su perro) saltaba de las rodillas del Emperador y se hacía pipí en los zapatos de los dignatarios que le visitaban"

Una de las voces más prestigiosas que desmontó la imagen de buen dirigente que tanto se había esforzado en construir fue la de Ryszard Kapuscinski. El afamado periodista describió en 'El Emperador' alguna de las más gratas 'bondades' que Salessie infringía a sus súbditos y plebeyos, como por ejemplo su afición de que el perro meara en los zapatos de los ministros que le visitaban. "Era un perrito muy pequeño, de raza japonesa", escribe el periodista, recogiendo la voz de uno de sus siervos. "Se llamaba Lulú. Disfrutaba del privilegio de dormir en el lecho imperial. A veces, en el curso de alguna ceremonia, saltaba de las rodillas del Emperador y se hacía pipí en los zapatos de los dignatarios. A estos les estaba prohibido mostrar, con una mueca o un gesto, molestia alguna cuando notaban humedecidos los pies. Mis funciones consistían en ir de un dignatario a otro limpiándoles los orines de los zapatos. Para ello utilizaba un trapito de raso. Desempeñé este trabajo durante diez años".

En 1974 su reinado empezó a desmoronarse. Una gran sequía provocó alrededor de 80.000 muertes y el descontento popular contra su figura comenzó a recrudecerse y a afianzarse en motines militares. Además, la crisis del petróleo de 1973 espoleó la maltrecha economía etíope, disparando los precios de los productos básicos y la gasolina. Mientras tanto, la corrupción del monarca, preso de su propio orgullo y egocentrismo (tal y como le dibuja Kapuscinski), caldeaba más los ánimos entre una población diezmada por el hambre y la pobreza. El 12 de septiembre de 1974 una junta militar conocida como Derg dio un golpe de Estado con éxito para expulsarle del trono, encarcelando a Salessie en las mazmorras de su propio palacio, junto a toda su familia. Existen distintas versiones de su muerte, fechada el 27 de agosto de 1975: la oficial asegura que sufrió una obstrucción en el aparato circulatorio debido a una trombosis, pero las alternativas, defendidas por sus seguidores y familiares, sospechan de que realmente fue asesinado.

En busca de la tierra prometida de Zion

Hemos hablado del hombre histórico al que se refiere Marley en la canción como "el León". Pero, ¿qué hay del lugar utópico al que va a huir el cantante y en el que este reside? Zion, según el 'Kebra Nagast', hace referencia al Arca de la Alianza que aparece en la Biblia y que fue trasladada desde Jerusalén a Etiopía cuando la Reina de Saba se enamora del rey Salomón. Y, en última instancia, representa alegóricamente a la lejana Etiopía para los descendientes afroamericanos residentes en Jamaica cuyos ancestros fueron vendidos como esclavos a la gran potencia, Estados Unidos.

No les bastaba con obtener el estatus de ciudadano ni tampoco regresar al hogar de sus ancestros; los negros pugnaban por algo mucho más grande contra el poder constituido

Uno de los personajes que recoge la profecía de la llegada de Ras Tafari (el ya conocido rey Haile Selassie) es Marcus Garvey, un activista jamaicano nacido en 1887 que luchó por la abolición de la esclavitud, quien pronunció estas palabras en los años 20 que quedaron enmarcadas en el inconsciente colectivo de una población oprimida y arrancada de sus raíces: "Miren a África, donde se coronará un rey negro, porque el día de la liberación está cerca". Lo curioso es que efectivamente el monarca etíope logró la tan ansiada abolición de la esclavitud para su pueblo, pero el mensaje de Garvey iba mucho más allá: muchos interpretaron que tanto como fueron forzados por los blancos a desprenderse de su tierra natal, los afroamericanos jamaicanos debían prepararse para un nuevo viaje, esta vez de vuelta, a África. Y, más concretamente, a Etiopía.

Garvey fundó la Asociación Universal para la Mejora del Hombre Negro, la primera organización encaminada a obtener los derechos civiles de los que carecían en aquellos años, cuyo lema era "One God, One Aim, One Destiny" ("Un dios, un objetivo y un destino"), además de crear revistas y publicaciones que intentaban extender alianzas entre las comunidades afroamericanas tanto del Caribe como de Estados Unidos. Murió en 1940 en Londres, justo cuando Salessie estaba a punto de recuperar Etiopía de las manos a Mussolini en 1941 y con ello volver al trono, algo que sin duda habría celebrado Garvey, quien seguramente fuera una de las influencias más inmediatas del por entonces joven monarca.

Liberia: la revolución va por dentro

A lo largo de los años 60 y 70, la comunidad afroamericana de Estados Unidos se dio cuenta de que no bastaba solo con tener la pretensión de algún día volver a sus raíces, ya fuera África o Etiopía. Por otro lado, el mensaje del que se apropió Garvey presente en el 'Kebra Nagast', el cual hablaba del "día de la liberación", no consistía simplemente en obtener los derechos civiles que se les había negado durante todos esos años. Es decir, no les bastaba con obtener el estatus de ciudadano ni tampoco regresar al hogar de sus ancestros; los movimientos políticos de los negros que se articularon durante toda esa época pugnaban por algo mucho más grande contra el poder constituido que les otorgaría la tan ansiada liberación.

"Era necesario rechazar el materialismo y el consumismo occidentales y abrazar el comunalismo, el humanismo y la espiritualidad intrínsecos al África tradicional"

"Era necesario rechazar el materialismo y el consumismo occidentales y abrazar el comunalismo, el humanismo y la espiritualidad que eran intrínsecos a la sociedad africana tradicional", asevera la escritora española Layla Martínez en su reciente 'Utopía no es una isla' (2020), el cual explora las organizaciones sociales ideales que el ser humano ha imaginado y a las que se ha aspirado desde que Tomás Moro fundara el mítico concepto de "utopía", tan manido hoy en día pero tan efectivo a la hora de imaginar un mundo en el que la solidaridad entre pueblos y etnias determinara el fin de la opresión humana por el capitalismo imperialista. "África no solo era la tierra de los orígenes, el lugar del que habían sido arrancados los ancestros para ser esclavizados, también era el modelo que debía guiar el futuro".

Martínez señala muy lúcidamente de que "no se trataba solo de cambiar la sociedad, sino a uno mismo", ya que "la colonización también era interior". En este sentido, "había que eliminar las actitudes, las costumbres, las formas de pensamiento, los hábitos que el opresor había impuesto". Así, cuando antes los negros de Estados Unidos se vieron forzados a camuflar el color de su piel entre la sociedad, a partir de ese momento empezó a desarrollarse la cultura rasta con orgullo, en defensa no solo de esa vuelta física a Zion, un ideal que podría pecar de nostálgico en aquel entonces, sino esa comunión con los elementos africanos, tanto estéticos como inmateriales, atribuidos a la lejana África.

Foto: El batallón Six Triple Eight. (Foto promocional del documental 'The Six Triple Eight')

Si en la cultura jamaicana el lugar al que volver era Zion, para los esclavos afroamericanos residentes en Estados Unidos era Liberia, el país africano al que eran enviados cuando eran liberados, es decir, suponemos que cuando acabara su vida útil. "Liberia se convirtió en el horizonte utópico de la población negra estadounidense, que veía en el país africano una oportunidad para escapar del odio y la violencia racial a la que se veía sometida en Estados Unidos", asegura Martínez. Así, muchos emigraron allí pero no salió del todo bien. Básicamente porque fue una decisión aplaudida por los sectores conservadores y supremacistas blancos, al salirles muy rentable que los esclavos a los que tiranizaron en el pasado se fueran a vivir los últimos años de su vida con sus familias a otro sitio. Y, como sostiene la escritora española, porque "parajódicamente la población liberiana acabó sometida por los antiguos esclavos negros, que habían emigrado intentando escapar de la tiranía".

Por tanto, como podemos intuir siguiendo las explicaciones de Martínez, normalmente las pretensiones utópicas acaban fracasando cuando se las intenta trasladar al mundo real. Pero lo cierto es que, más allá de luchar por unas condiciones materiales justas y equitativas, el cambio primero tiene que venir de dentro, pues no conseguiremos llegar a nuestra Liberia particular y colectiva si no estamos decididos a utilizar una serie de herramientas que desbaraten las formas de dominación que emplearon con nosotros en su día.

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