Los entierros en lana: una obligación por ley en la Inglaterra del siglo XVII
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Rivalidad comercial o perspectiva local

Los entierros en lana: una obligación por ley en la Inglaterra del siglo XVII

A partir del 25 de marzo de 1667, todos los habitantes de Inglaterra debían ser enterrados envueltos en lana por orden del mismísimo Parlamento

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A partir del 25 de marzo de 1667, todos los habitantes de Inglaterra debían ser enterrados envueltos en lana. De no hacerlo, las personas se veían expuestas a una fuerte pena de multa de cinco libras extraída de la herencia de la persona fallecida o de sus familiares por orden del mismísimo Parlamento. En el siglo XVII, cinco libras podía ser mucho para muchos y nada para unos pocos en una sociedad marcada por el abismo entre clases sociales. ¿Qué ocurrió entonces para que se estableciera esta curiosa norma, con juramento incluido, en los rituales fúnebres de todos?

Ni la temperatura fría del país ni su suelo húmedo tienen que ver. Para explicarlo hay que remontarse unos años atrás, en concrento a 1665. Aquel período fue especialmente trágico en la historia de Inglaterra: al final del mismo, quedaron registradas hasta 219.601 muertes debido a la peste bubónica que azotaba el mundo. Una cifra oficial exponenciada en la realidad. Hasta entonces, la costumbre y la tradición inglesa consistía en enterrar los cadáveres en sudarios de lino, algo que no tardó en volverse una práctica de suerte para otro país, Francia, históricamente enemigo de Inglaterra y encargado de exportar este material a través del Canal de la Mancha ante la gran demanda que tenía. En total, un tercio del lino que se usaba en Inglaterra provenía del país galo, según apunta Matthew Taub en 'Atlas Obscura'.

Aunque el nuevo sistema socioeconómico ya se estaba gestando, todavía quedaba un siglo para la revolución industrial y todo lo que se instauraría con ella. En plena Edad Moderna, la seda, la lana, el lino, el cáñamo y el algodón eran los únicos tipos de fibras que podían encontrarse en Reino Unido. La lana había supuesto buena parte del sustento en el comercio inglés medieval, pero las nuevas rutas comerciales y los vestigios del futuro industrializado estaban cambiando las bases de la economía.

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Fuente: Wikipedia

El lino: un tejido sagrado

Que el lino destacara sobre los demás no es casualidad, una serie de características le otorgaban esta popularidad entre la población del siglo XVII: no existía una única calidad en este tejido, sino varias, lo que lo hacían accesible tanto para la clase adinerada como para la clase trabajadora y empobrecida. Además, resultaba fácil de manejar en el complejo proceso de lavado que había que poner en marcha entonces para mantener la ropa lo más limpia posible. Pero eso no es todo, el lino estaba bendecido por el pensamiento cristiano, lo que lo hacía una especie de necesidad ante la muerte.

“Los cuatro evangelios testifican que Jesús estaba envuelto en lino antes de ser enterrado, y los apóstoles Lucas y Juan incluso describen cómo la tela permaneció en la tumba después de la resurrección, la prueba material de un milagro. Así que el lino, que se teje con las fibras de la planta del mismo nombre, se convirtió en la norma para los entierros en gran parte del mundo cristiano, pero esto también enterró la industria de la lana doméstica de Inglaterra”, escribe Taub al respecto.

Aquel uso popular inglés parecía aportar más beneficios a Francia, especialmente en la década de los sesenta del siglo XVII, cuando el cultivo no fue muy próspero en Inglaterra. Ante esto el Parlamento reaccionó obstaculizando las importaciones de aquella fibra al tiempo que llamaba a la población a comprar lana virgen, un tejido muy extendido en las granjas de todo el país.

Dos leyes para desmontar los dogmas

El comercio medieval de lana, hay que tener en cuenta, había sido uno de los factores más importantes de la economía inglesa. Así, pues, ante el miedo al desplome, aquella idea buscó hueco de acepcación social aludiendo a la conservación del lino local para otros usos como, por ejemplo, papel. Para su implementación, en 1666 se desarrolló una ley que obligaría a usar mortajas de lana, con el objetivo de "disminuir la importación de lino de más allá de los mares y alentar a los fabricantes de lana y papel del reino". Una cuestión que supuso un choque cultural y el consecuente rechazo inicial.

placeholder Extracto de la Ley. Para obtener más información sobre la legislación, consulte El juez de paz y funcionario parroquial, volumen 5, 1814 en Google Books. Vía: History House
Extracto de la Ley. Para obtener más información sobre la legislación, consulte El juez de paz y funcionario parroquial, volumen 5, 1814 en Google Books. Vía: History House

Taub alude al trabajo de la investigadora de tejidos Alice Dolan para mostrar la documentación histórica que recoge este proceso social que duró varias décadas. En su tesis doctoral sobre la historia del lino en Inglaterra, Dolan recoge citas y declaraciones que demuestran que la medida no fue bien acogida por la sociedad inglesa de la época, pero especialmente por una parte de ella en concreto. “Va contra las costumbres de las naciones, y yo estoy en contra", aseguraban algunos. Costumbres que en buena parte tenían un carácter religioso que atravesaba el pensamiento de la población, sobre todo de aquella sometida al control de quienes tenían el poder y que empleaban la religión para mantener subyugado al resto.

“Existen evidencias circunstanciales que sugieren que las personas adineradas desobedecieron la ley y pagaron la multa para asegurarse de ser enterradas en mortajas de lino”

La mala acogida que tuvo no fue motivo suficiente para detener la ley, sino todo lo contrario. Al año siguiente, el Parlamento estableció medidas más estrictas para asegurar su cumplimiento. Mediante una nueva ley, en 1678 se impusieron desde declaraciones juradas por escrito afirmando que se había utilizado lana hasta el seguimiento de las mismas por escrito, del que se encargaba el clero. Bajo este severo registro, el paso a la nueva práctica se fue estableciendo, pero para unos más que para otros. Como señala Taub, de nuevo “existen evidencias circunstanciales que sugieren que las personas adineradas desobedecieron la ley y pagaron la multa para asegurarse de ser enterradas en mortajas de lino”.

De la vanidad al beneficio

Más que una cuestión de fe comenzó a ser una cuestión de vanidad: Según el investigador Julien Litten, ante la imposición del entierro en lana, el entierro en lino se tornó la forma de distinción de la élite. La aristocracia y las familias terratenientes no tardaron en perpetuar desde la realidad de la nueva práctica una continuidad de desigualdad en la que basar sus estatus. No obstante, los entierros en lana reavivaron el tan famoso comercio de lana inglés: los beneficios económicos fueron llegando al tiempo que las generaciones iban pasando, y con ellas la manera de apego a los dogmas cristianos: entre 1679 hasta 1695, se impidió la importación de más de 23 millones de yardas de lino, una "ganancia" en el país de 2.555.197 libras, según recoge Taub.

Aquella legislación estuvo en vigor hasta 1814, pero a partir de 1770, es decir, un siglo después de su implantación comenzó a desintegrarse de la cultura popular. Finalmente, sin apenas trascendencia, las leyes fueron derogadas en 1814. Tal vez porque la práctica se encontró con la idea errónea que comenzó a extenderse sobre la posibilidad de que la lana retuviera los contagios durante más tiempo que el lino. Así quedó para siempre enterrada en la historia.

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