"¿Qué hago ahora con mi vida?": cómo deben afrontar los jóvenes las dudas existenciales y la incertidumbre
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Coautor del libro '¿Qué hago con mi vida?'

"¿Qué hago ahora con mi vida?": cómo deben afrontar los jóvenes las dudas existenciales y la incertidumbre

Charlamos con el psicólogo Óscar Pérez Cabrero sobre cómo deben abordar los jóvenes el miedo a la incertidumbre, los efectos de la crisis del coronavirus en sus inquietudes o cómo deben afrontar los cambios

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¿Qué hago con mi vida? ¿Qué me espera en el futuro? ¿Necesito cambiar de trabajo? Todo el mundo se ha enfrentado a estas y otras tantas preguntas a lo largo de su existencia. Son cuestiones bastante difíciles de resolver, pero necesarias para seguir adelante con nuestras vidas.

La juventud es el momento en el que surgen más dudas de este tipo, que realmente pueden ser trascendentales para nuestra vida. Son años de muchos cambios, un salto de la niñez al mundo adulto, en el que nos enfrentamos a decisiones que pueden determinar cómo será el resto de nuestro paso por el mundo.

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Para tratar de ayudar en este momento tan difícil de la vida, un grupo de especialistas del Centro de Psicología Álava Reyes acaba de sacar ‘¿Qué hago con mi vida? De la revolución de los 20 años al dilema de los 30’ (La esfera de los libros). Los experimentados psicólogos quieren ayudar en estas páginas a los jóvenes a identificar sus emociones, superar sus miedos, afrontar los conflictos, manejar las relaciones con los amigos y la familia, desarrollar recursos para conocerse a fondo… En pocas palabras, a ser la persona que quieran ser.

El Confidencial ha entrevistado a uno de los autores del libro, Óscar Pérez Cabrero, psicólogo del citado centro, docente del Máster en Psicología General Sanitaria (MPGS) de la Universidad Alfonso X El Sabio y especialista en Terapia de Conducta. Charlamos con el experto sobre cómo deben abordar los jóvenes el miedo a la incertidumbre, los efectos de la crisis del covid-19 en sus inquietudes, cómo deben afrontar los cambios y la importancia de mostrar las emociones, entre otros asuntos.

PREGUNTA. Cuando un joven se plantea su futuro, la incertidumbre es un sentimiento inherente, ¿qué tienen que hacer los jóvenes para gestionar ese miedo a la incertidumbre que surge cuando tienen que tomar decisiones trascendentales?

RESPUESTA. La incertidumbre es algo con lo que tenemos que aprender a convivir. No podemos esperar tener todo resuelto, ni tener certezas respecto a lo que va a ocurrir; sino que nos toca apostar y arriesgarnos tomando decisiones que estén sustentadas en algo razonable.

Eso sí, por muy razonable que sea una decisión tenemos que tener en cuenta que siempre va a haber un riesgo que estás asumiendo. Por ejemplo si te lanzas a estudiar una carrera, eso tampoco te garantiza que vayas a encontrar tal trabajo.

El problema que podemos encontrar es que esa incertidumbre genere miedo. El miedo sí que puede ser un mal compañero de viaje, porque el miedo nos puede bloquear, nos puede impedir dar pasos o nos puede cohibir de tomar decisiones interesantes.

Se trata de aprender a convivir con esa incertidumbre y evitar los miedos.

P. Aunque la incertidumbre siempre ha estado más presente en el grupo de edad más jóven, ¿se ha visto agravada por culpa de la crisis del covid-19?

R. Total y absolutamente. Se ha visto en todas las edades, pero en particular en la juventud. Tenemos que tener en cuenta que la franja de edad que más ha sufrido la destrucción de empleo por la pandemia ha sido la juvenil. Esto genera un escenario que redunda en más incertidumbre en los jóvenes en el salto al mercado laboral.

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Foto: Óscar Pérez

Estamos hablando de una juventud que ya viene de superar las consecuencias de la crisis económica de 2008. Además ahora viene una que ni siquiera tenemos una idea concreta de cuál va a ser la dimensión que tendrá a nivel económico en el medio-largo plazo. Nadie lo sabe, no hay más que previsiones cortoplacistas y ha generado más incertidumbre en los jóvenes.

P. ¿Qué consejos daría a los jóvenes para afrontar los cambios que se presenten en sus vidas?

R. Los cambios son generadores de incertidumbre, como comentábamos anteriormente, y estos cambios hay que afrontarlos con la prudencia propia, ajustando expectativas, pero sin dejar que el miedo impida a uno enfrentarse a esos cambios que a veces son necesarios.

Cuando ese cambio se produzca tenemos que tener en cuenta que necesitamos un tiempo para adaptarnos. Tenemos que concedernos el derecho a entender que cuando nos enfrentamos a un cambio vamos a tener que superar una etapa de adaptación. Una etapa de acomodación a esos cambios en la que vamos a estar más estresados, puede llegar incluso a afectarnos a algo tan básico como el sueño, pero no por ello debemos evitarlo. Al final hasta a los cambios nos acostumbramos.

P. ¿Cómo deben manejar los jóvenes sus expectativas de futuro que se presenta volátil?

R. Lo primero de todo es la paciencia y después ser consecuente con las aspiraciones que uno tiene. Si uno se plantea unas aspiraciones muy altas tiene que saber que le van a llevar un tiempo muy largo. De hecho, tampoco tiene mucho sentido plantearse las cosas tan a largo plazo, sino que interesa plantearse simple y llanamente el próximo paso que voy a dar.

Por ejemplo, si quieres ser astronauta, algo especialmente difícil y harto improbable, se trata de manejar las expectativas. Pues bueno, si quiero ser astronauta posiblemente lo que me guste sea la astronomía o me plantee estudiar física, algo perfectamente abordable; y en la medida que me vaya focalizando mis planes pueden cambiar porque igual descubro que lo que me atrae no es tanto subirme al trasbordador espacial como dar clases.

Es un error habitual plantearse que aquel trabajo al que voy a aspirar tiene que ser algo perfecto, un frenesí constante

Una de las primeras herramientas es la paciencia y no obsesionarse con metas a largo plazo. Debemos centrarnos sobre todo en los pasos más inmediatos que voy a dar a la hora de planificarme.

Asimismo, a la hora de ajustar expectativas diría que es un error habitual plantearse que aquel trabajo al que voy a aspirar tiene que ser algo perfecto, un frenesí constante que no voy a hacer más que disfrutarlo… Esto ocurre porque le damos a los jóvenes el mensaje de que hay buscar un trabajo que te guste, pero llegando a cometer el error de idealizarlo. Hay que entender que cuando hablemos de un trabajo que te guste hay que contar también que cualquier empleo va a tener su componente de rutina, de sacrificio, de aspectos que no me gusten.

P. Esto puede sonar muy poético, pero ¿cómo de importante es aprender a caer y a levantarse?

R. Aprender a caer no es que sea importante, es imprescindible, porque lo normal es que uno en su vida se caiga. Caerse es algo que necesariamente va a ocurrir, de hecho si no nos caemos tenemos que plantearnos que a lo mejor no estamos lanzándonos a nada, a lo mejor este es el problema, que estamos llevando una estrategia excesivamente conservadora o estática. Si queremos alcanzar alguna meta, necesariamente nos vamos a caer.

Aprender a caer no es que sea importante, es imprescindible, porque lo normal es que uno en su vida se caiga

Tenemos que permitirnos el derecho a ello porque forma parte de la vida y si nos caemos lo que tenemos que sacar de ahí es una enseñanza. Aprender de la caída, no caer en el mismo error otra vez, no fustigarse por ello, no creerse peor persona por ello, ni dejar que eso mine la autoestima.

Esta es la manera de aprender a levantarse, si uno es consciente que las caídas pueden ocurrir y van a ocurrir. Lo que se trata es de sobreponerse a ellas y aprender a levantarse.

P. Estas caídas, en el fondo, son fracasos, ¿cómo deben los jóvenes lidiar con el fracaso?

R. Fracaso es una palabra que suena fatal, quizá ese sea el problema en la medida en que tenemos tan estigmatizado el concepto de fracaso, quizás ese sea el primer paso que tenemos que dar.

Una vez que he fracasado, ¿ahora qué hago? Me quedo de brazos cruzados o trato de resolver la situación que se me ha planteado, buscar una alternativa, tomar una decisión trascendental para mi y superar el fracaso.

Cuando uno cae hace falta moverse, no dejar que ese fracaso frene en seco la trayectoria, sino seguir adelante

En definitiva lo que hace falta es moverse, no dejar que ese fracaso frene en seco la trayectoria de uno, sino seguir adelante. Por supuesto, para salir adelante lo que necesitamos es concedernos el derecho a sentirnos mal y también saber pedir ayuda a los demás.

P. Muchas veces los jóvenes tratan de evitar las decisiones más difíciles, ¿qué herramientas o pasos pueden seguir para elegir en un momento complicado de la vida?

R. Lo primero de todo es concederse un tiempo para tomar esa decisión, pero sin caer tampoco en posponerla demasiado, que en algunos casos puede ser dramático porque se agota la posibilidad de tomar esa determinación.

Por ejemplo, planteemos el caso de un alumno de segundo de bachillerato que en el mes de febrero se está planteando si estudiar una carrera en otra ciudad. Debe ponerse un plazo realista para pensar qué quiere, hacer un análisis más racional de cuáles son sus posibilidades y a partir de ahí lanzarse a tomar la decisión, sea cual sea.

Cabe destacar que igual de válido es tomar la decisión de renunciar a un cambio. Es igual de valiente haberse enfrentado a una decisión.

Una vez tomamos esa determinación es cierto que viene el vértigo de los cambios, pero a la postre genera mucha satisfacción.

P. Y si la difícil decisión fuese emigrar, ¿cómo deberían afrontarlo los jóvenes?

R. Ten en cuenta que a la hora de irse fuera, lo que más facilita las cosas es tener un contrato laboral encima de la mesa. Esto ayuda a que la vida eche a andar, pero la realidad es que la mayoría de los jóvenes no se van con un contrato firmado, sino a la aventura.

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Foto: Óscar Pérez

Lo que tienen que hacer es darse un tiempo para tomar esa decisión, que no es fácil, pero una vez tomada la determinación hay hacer una previsión realista y marcarse un plazo. ‘Me voy a tal sitio donde voy a ser capaz con mi presupuesto mantenerme tanto tiempo, si en este tiempo no he conseguido un trabajo tendré que cambiar mis expectativas’. Para esto hay que tener en cuenta las prioridades de cada uno.

Hace poco atendí en la consulta un caso de una persona que ya había tenido la experiencia de vivir en un sitio concreto al que quería mudarse de nuevo. Ya había hecho un plan muy metódico de presupuesto, tenía una previsión muy realista de las cosas y estaba marcándose unos plazos.

P. ¿Cómo de importante para un joven es saber organizarse para conseguir sus objetivos?

R. Nuestras responsabilidades, ya sea trabajar o estudiar, ocupan un tiempo muy importante en nuestro día a día, son protagonistas. Tener unas buenas herramientas para saber cómo organizarse el tiempo y cómo motivarse es muy importante.

Por ejemplo, si dedico mucho tiendo a intentar estudiar, pero no es tiempo efectivo… ahí es donde vienen los agobios y los malos resultados. A menudo los malos resultados académicos no se deben tanto a problemas de capacidades de uno sino simplemente el bien o mal que se organizan de cara al estudio.

P. Hablemos de emociones, ¿son tan importantes las lágrimas como las risas?

R. Con las emociones caemos en etiquetarlas como positivas o negativas. Los humanos tendemos a simplificar las cosas y las emociones no iban a ser menos. En el momento que caemos en estas clasificaciones perdemos de vista que además de ser adaptativas, son necesarias, que sean negativas no significa que debamos huir de ellas.

Muy a menudo lo que encontramos en consulta apropósito del tema de las emociones es que uno no quiera concederse el derecho a sentirse mal; me refiero a que cuando ‘no quiero mostrarme triste’ me estoy privando de algo que es necesario como es esa emoción que necesitamos comunicar.

La tristeza forma parte del proceso de aprender a superar esos fracasos que tenemos

Las risas son la sal de la vida, pero digamos que la tristeza forma parte del proceso de aprender a superar esos fracasos que tenemos. Las emociones son una manera de expresarnos, de ofrecer a los demás señales de que necesitamos ayuda, por eso las lágrimas son tan importantes como las risas.

P. En el cambio de la vida adulta, de estudiar a trabajar, ¿existe alguna fórmula para afrontar satisfactoriamente la incorporación al mundo laboral?

R. Somos una juventud hiperformada. Hace 100 años tener una carrera universitaria era algo excepcional y ahora es mucho más generalizado; pero no solo tener una carrera universitaria, también un postgrado. Esto termina generando la sensación de que uno debe llegar al trabajo ya resuelto, sabiendo hacer y, de repente, te encuentras con que por mucho que te hayas formado en la universidad, luego el trabajo es otra cosa. Es un entorno donde de repente tienes que aprender cosas que a lo mejor no te han enseñado en la carrera, que ni siquiera están en los manuales.

La primera herramienta que hay que seguir es ajustar expectativas, contar que uno va a llegar a un entorno nuevo y que va a exigir una serie de nuevos aprendizajes. Ya no solo en la primera incorporación al mercado laboral, también en un cambio de empresa va a haber algo nuevo que aprender, aunque sea semejante. Para ajustar estas expectativas hay que permitirse cometer errores, porque eso es lo que va a ocurrir, lo que caracteriza a un novato es que la probabilidad que cometa errores es mayo. Esto es lo primero que tenemos que tener bien atado para gestionar bien nuestro lado emocional.

Eso no quiere decir que si se comete un error no siente mal, ni que de igual, pero sí que sepa permitirmelo y tomar esos errores como enseñanzas.

También es importante saber pedir ayuda, saber integrarse con los compañeros, entender que el trabajo es un espacio donde voy a compartir espacio con otras personas y darme permiso para apoyarme en quien esté dispuesto a ofrecerme su ayuda en ese salto.

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