Contra la estigmatización

La mentira de la gripe española: por qué ya no nombramos enfermedades con lugares

Algunas enfermedades de nuestra historia llevan el nombre del lugar donde se originaron, algo que resultó ser una mala idea por muchas razones

Foto: La mal llamada gripe española. Universal History Archive
La mal llamada gripe española. Universal History Archive

Cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) puso nombre al nuevo coronavirus, el Covid-19, tenía una cosa clara: "Teníamos que encontrar un nombre que no se refiriera a una ubicación geográfica, un animal, un individuo o un grupo de personas, y que también fuera pronunciable y relacionado con la enfermedad". Así lo expresó el director de la organización, Tedros Adhanom, al tiempo que explicaba que "tener un nombre es importante para evitar el uso de otros nombres que pueden ser inexactos o estigmatizantes. También nos da un formato estándar para usar en futuros brotes de otras y nuevas versiones del coronavirus".

De acuerdo a la explicación de la OMS, el nuevo nombre se toma de las palabras "corona", "virus" y "disease" ("enfermedad" en inglés), mientras que 19 representa el año en que surgió (la OMS informó del brote el 31 de diciembre de 2019).

Las directrices sobre cómo nombrar a las enfermedades, aparentemente, se han establecido para evitar situaciones como la del diputado de Vox Javier Ortega Smith llamando “malditos virus chino” al Covid-19, algo que provocó que la embajada del país asiático en nuestro país le acusase de racista.

Algunas enfermedades de nuestra historia llevan el nombre del lugar donde se originaron, algo que resultó ser una mala idea por muchas razones, la primera de todas es que el origen solía ser impreciso. Uno de los ejemplos más claros y que nos toca más de cerca es el de la gripe pandémica de 1918, que recibió el nombre de gripe española.

Cómo denominarlo es muy importante para evitar el uso de otros nombres inexactos o estigmatizantes

Pese a que no fue el epicentro del problema, España ha pasado a la historia por ser el supuesto foco principal donde muchos piensan que se ocasionó la enfermedad. Un punto más para nuestra leyenda negra, pues, en realidad, todo se debe a una triste casualidad: al ser uno de los pocos países neutrales durante la época, se hizo eco de los primeros casos.

El virus en realidad se originó en otro lugar, posiblemente en Kansas, como indica un estudio publicado en ‘The Journal of Infectious Diseases’. Teniendo en cuenta esto, la denominación más precisa podría haber sido “gripe estadounidense” o “gripe de Kansas”.

Interferencia en el tratamiento y racismo

Nadie quiere vivir en una ciudad que se identifique con una enfermedad, básicamente porque se puede producir una estigmatización de esa zona geográfica y sus habitantes. Imagínate que todos los medios internacionales estuviesen hablando del ébola de Madrid, el coronavirus de Torrelavega o el Zika de Tarragona.

Pero no solo eso, sino que los nombres inadecuados pueden entorpecer el tratamiento adecuado de una enfermedad. El brote de peste en el Chinatown de San Francisco, en 1900, no solo provocó el racismo y la estigmatización hacia los chinos contribuyeron a la discriminación, también una política de sanitaria que dejó mucho que desear.

Nombrar un brote con una localización puede general racismo hacia los habitantes de esa región

La xenofobia hacia los chinos también es un problema actualmente con el nuevo coronavirus. Aunque lo cierto sea que centrarse en quién tiene una enfermedad nunca será tan efectivo como buscar cómo contenerla. Y es que a un virus le da igual tu procedencia.

Directrices de la OMS

Para evitar la estigmatización hacia ciertos ciudadanos que se había producido en otras ocasiones por culpa del nombre de un brote, la OMS creó unas directrices hace unos años para describir con precisión las enfermedades, sin estigmatizar personas o lugares, o incitar miedo innecesario (como explicaba Adhanom). Por ello ahora se nombran por sus síntomas, características y la causa de la enfermedad, si se conocen. Así lo expresaron desde la OMS:

“Conviene evitar algunos términos, como los referidos a lugares geográficos (por ejemplo, síndrome respiratorio de Oriente Medio, gripe española, fiebre del Valle del Rift), nombres de personas (por ejemplo, enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, enfermedad de Chagas), especies de animales o alimentos (por ejemplo, gripe porcina, gripe aviar, viruela símica), referencias culturales o a poblaciones, industrias o profesiones concretas (por ejemplo, enfermedad de los legionarios) y términos que suscitan miedo (como desconocido, mortal, epidémico)”.

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