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Israel extramuros: las diez experiencias que tienes que vivir en el desierto del Négev

Este país no queda solo representado por sus ciudades. La vida en Négev demuestra al turista que hay mucho que hacer entre sus rocas rojas y las agradables temperaturas

Foto:  Las características geográficas del desierto de Négev hacen de este lugar un paraje único. Foto: Cristina Suárez
Las características geográficas del desierto de Négev hacen de este lugar un paraje único. Foto: Cristina Suárez

Más allá de Jerusalén y Tel-Aviv hay mucho paisaje que merece la pena ser descubierto pero termina por pasar desapercibido de cara al turista extranjero. Aunque el imponente desierto del Négev, al sur de Israel, ocupe más del 60% del territorio lo cierto es que solo es capaz de llamar la atención de un 5% de viajeros que visitan el país al año.

El significado de su nombre, 'seco' en hebreo, junto con la aridez del paisaje puede ser uno de los motivos por los que no veas el Négev anunciado en las agencias. Sin embargo, en este particular desierto las temperaturas no superan los 32 grados diurnos, convirtiéndolo en un destino muy especial para aquellos que quieran salir del clásico viaje por Oriente Medio. Si te animas a ir, estas son las diez experiencias por las que tienes que dejarte seducir en uno de los desiertos más únicos del mundo.

1. Pasar un día en Maktesh Ramon

El secreto mejor guardado del desierto israelí es el cráter Ramon, o ‘Maktesh Ramon’ en hebreo, una formación geológica con forma de corazón alargado creada por erosión hídrica. Deja sin palabras a aquel que se atreve a subir a sus precipicios. Las vistas sobrecogedoras que se observan desde lo alto de su centro de visitantes y el imperante silencio hacen única esta visita.

 Varios turistas observan las vistas desde el cráter Ramon. Foto: C.S
Varios turistas observan las vistas desde el cráter Ramon. Foto: C.S

Con 40 kilómetros de ancho, este cráter alberga infinitas posibilidades de actividades, desde escalada hasta senderismo pasando por avistamientos de aves. Justo por el medio del cráter pasa el Sendero Nacional de Israel, una ruta de más de 1.000 kilómetros que parte desde el Kibutz Dan, en el extremo norte, hasta Eliat en el sur y que fue fundada por el Comité de Senderos de Israel con el propósito de que los israelíes conocieran de primera mano todo el territorio. Si te animas, a lo largo del camino encontrarás campings públicos donde descansar mientras disfrutas del paisaje nocturno en pleno desierto.

2. Perseguir el atardecer en Jeep

Maktesh Ramon queda partido a la mitad por una carretera que conecta las ciudades de Mitzpe Ramon, Beerseba, Rahat o Eliat, el único terreno que el país tiene frente al Mar Rojo. En esa carretera puedes empezar tu ruta en Jeep, que pronto se saldrá del asfalto para recorrer el suelo rocoso de Négev y descubrir parajes solo accesibles en vehículos especializados. Al caer el sol, tu conductor acelerará para perseguir el atardecer hasta Camel Mount, una cadena de acantilados en cuya cima observa las vistas una roca con forma de dromedario. A la altura de su cabeza encontrarás un balcón donde podrás ver el atardecer desde las alturas.

 Atardecer desde Camel Mountain, donde solo se puede acceder en coche. C.S
Atardecer desde Camel Mountain, donde solo se puede acceder en coche. C.S


3. La gastronomía 'kosher'

A pesar de que cierta parte de la población judía está dejando la alimentación ‘kosher’ de lado -o al menos, no la están priorizando- la ley israelí exige que esta dieta basada en las normas religiosas del Talmud y la Torá siga manteniéndose en los negocios de restauración, comercios y hoteles. Todos los productos llevan su correspondiente sello que garantiza que el alimento es “apropiado” según lo establecido en estos documentos religiosos. Un ejemplo: solo se pueden comer animales rumiantes y con pezuña partida y los que tengan escamas y nunca concha. Tampoco se pueden mezclar carne y leche en la misma comida.

Las reglas ‘kosher’ y las tradiciones alimenticias de Oriente Medio han conformado en la comunidad judía una cultura gastronómica llena de sabores diversos y una enorme variedad de platos. Una buena forma de probarlos es hospedarse en hoteles locales, donde la comida se prepare de forma casera tanto en el desayuno como en la comida y la cena. Observarás que los cereales y las verduras son los principales protagonistas.

 Cena 'kosher' en el hotel Ibex Mitzpe Ramon. C.S
Cena 'kosher' en el hotel Ibex Mitzpe Ramon. C.S

4. Probar el vino del desierto

En los últimos años, han sido muchos los que han tomado la decisión de dejar la ciudad y mudarse al Négev para dedicarse a la agricultura y la ganadería con el objetivo de hacer el desierto mucho más atractivo para los ojos del turista. Dada la aridez del desierto, los enólogos han tenido que innovar para poder plantar una uva de características únicas con agua desalada y plantada en terrazas. Si recorres la zona del cráter, encontrarás viñedos como el Nana Winery, propiedad de una familia israelí que organiza catas y cenas a la luz de las estrellas.

  Los viñedos de Nana Winery en pleno desierto. C.S
Los viñedos de Nana Winery en pleno desierto. C.S


Otra joya gastronómica del Négev es el queso, especialmente el de cabra. Las granjas dedicadas a los productos lácteos son bastante numerosas a lo largo y ancho del territorio, por lo que no tendrás dificultades para encontrar opciones como Naot Farm, que hace recorridos por toda su producción y además ofrece alojamiento en pequeñas casas aisladas de la civilización.

Cata de quesos de cabra en la Naot Farm. C.S
Cata de quesos de cabra en la Naot Farm. C.S

5. Recorrer el desierto en boogie

El desierto del Négev solo puede explorarse en su totalidad si vas a cuatro ruedas. En caso de que prefieras un coche abierto al Jeep, también tienes la opción de contratar una excursión a bordo de un boogie, un híbrido entre un todoterreno y un carrito de golf. Este es mucho más ligero y permite subir pendientes más empinadas que dan acceso a vistas espectaculares y un importante subidón de adrenalina.

Un lago de Négev visto desde una duna rocosa. C.S
Un lago de Négev visto desde una duna rocosa. C.S

6. Tocar el suelo de Marte

Las profundidades del desierto del Négev esconden auténticos mares rojos que recuerdan a la superficie de este planeta. De hecho, la similaridad de las condiciones geográficas entre Négev y Marte es tal que en febrero del año pasado seis astronautas se enfundaron sus trajes para encerrarse durante cuatro días en la base D-MARS, un centro de investigación financiado por más de una decena de instituciones israelíes para realizar experimentos y allanar el camino para futuros viajes al planeta rojo. Si te acercas, puedes ver lo que se esconde en su interior.

Los astronautas entrenan en la base D-Mars para futuros viajes
Los astronautas entrenan en la base D-Mars para futuros viajes

7. Ver la Vía Láctea sobre tu cabeza

La reserva natural del cráter Ramon presume de ser la primera zona de Oriente Medio galardonada por el International Dark Sky Places Program, un proyecto fundado por una asociación con el mismo nombre para proteger los espacios naturales oscuros de la contaminación lumínica. Si quieres pasar unas horas viendo la Vía Láctea sobre tu cabeza contacta con un guía local para poder observar los astros a los pies del cráter.

El desierto de Négev, de noche. Foto: Dark Sky Place
El desierto de Négev, de noche. Foto: Dark Sky Place

8. Dormir en tubos de hormigón

En los últimos años el Ministerio de Turismo de Israel ha enfocado sus esfuerzos en fomentar el turismo enfocado a las experiencias en el desierto, dándole importancia junto a otras rutas como la típica del Mar Muerto-Jerusalén. Con ello, han sido varias decenas las familias que han decidido empezar de cero sus granjas para atraer un turismo más sostenible y local. Es el caso del matrimonio Nahimov que, junto con sus seis hijos, se mudaron para construir una granja donde producir queso y alojar a aquellos que llegan al desierto en busca de paz y silencio. Ofrecen tanto cabañas con varias habitaciones como camas en tubos de transporte de agua, una forma más asequible y original de pasar la noche en Négev.

 Habitaciones en los tubos de hormigón de Naot Farm. C.S
Habitaciones en los tubos de hormigón de Naot Farm. C.S


9. Visitar las ruinas de Shivta

Las ruinas de Shivta, al sur del país, son una imagen congelada de lo que la Ruta del Incienso significó para Oriente Medio entre el siglo III a.C y el siglo II d.C como canal de comercio de especias entre esta región y el Mediterráneo. Hogar de romanos y nabateos, entre sus edificios rotos pueden observarse los esqueletos de dos iglesias bizantinas al igual que los restos de la casa del gobernador y el sistema de riego que abastecía a la ciudad durante las sequías. Las ruinas pertenecen al Patrimonio de la Unesco, pero la zona de Shivta es actualmente el principal lugar de entrenamiento de las Fuerzas Armadas de Artillería israelíes.

 Parte de las ruinas de la ciudad de Shitva. C.S
Parte de las ruinas de la ciudad de Shitva. C.S


10. Descubrir la Aldea de los Artistas

El pueblo de Zuqim, al sur de Israel, fue fundado en 2001 y repoblado desde 2003 por colonos de Israel Central con el objetivo de ampliar la presencia israelí en el desierto. Actualmente este pueblo en pleno desierto cuenta con más de 300 habitantes, de los que 170 son niños. Aunque sus calles merecem ser visitadas, lo realmente interesante de esta comunidad es lo que se conoce como la Aldea de los Artistas, un modesto conjunto de veinte casas de planta baja que acogen talleres de bisutería, cerámica y decoración de distintos tipos.

 Decoraciones fabricadas con piedras del desierto de Négev. C.S
Decoraciones fabricadas con piedras del desierto de Négev. C.S

Si decides pasarte por la aldea, te encontrarás con una fiesta por todo lo alto con música, cerveza, falafels y sesiones de yoga. Al terminar la semana, los vecinos y las vecinas del pueblo deciden celebrarlo reuniendo a todos los locales y extranjeros en un evento donde cada persona decide aportar lo que considere oportuno, bien sean platos tradicionales o música.

  Una calle de la Aldea de los Artistas. Foto: Zuqim Village
Una calle de la Aldea de los Artistas. Foto: Zuqim Village

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