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La 'conspiración Dickens': el entierro que nunca debió ocurrir

El escritor británico fue una persona de gran éxito entre la sociedad inglesa de la época. Pero jamás imaginó el plan que dos de sus mejores amigos orquestaron una vez murió

Foto: Charles Dickens, en un retrato de William Powell Frith. (Wikipedia)
Charles Dickens, en un retrato de William Powell Frith. (Wikipedia)

“Si Charles Dickens está muerto, ¿entonces también morirá Papá Noel?”. Según las biografías oficiales, esta es la tierna frase que expresó una niña que vendía frutas y verduras en el mercado de Covent Garden tras enterarse del fallecimiento del autor, ocurrido el 9 de junio de 1870 debido a una apoplejía. Esa muchacha bien podría ser uno de los personajes creados por el escritor de 'Oliver Twist', quien siempre estuvo entregado a retratar la vida de los más desfavorecidos de la época victoriana. Su contribución a la literatura universal es inmensa, siendo un firme defensor de la educación, los derechos de los trabajadores y la difícil situación de las prostitutas en unos tiempos en los que los valores de una sociedad más justa, aún por nacer, estaban extendiéndose por toda Europa.

La leyenda sigue viva a través de sus libros, cartas y memorias, muchas de ellas redactadas por amigos cercanos al genio. Su epitafio reza: “Fue simpatizante del pobre, del miserable y del oprimido; y con su muerte, el mundo ha perdido a uno de los más grandes escritores ingleses”. Y aún a día de hoy, cientos de personas se congregan al día para visitar la que fuera su casa en el número 48 de Doughty Street, en el distrito londinense de Holborn, en la que vivió con Catherine Thompson Hogarth, su mujer.

“Quisiera ser enterrado de la forma más económica posible, sin ostentación y en un funeral estrictamente privado", escribió en su testamento

Su vida, a diferencia de otros muchos literatos de la época, fue económicamente próspera y plagada de éxito. Tanto es así que gustaba de llamarse a sí mismo “The Inimitable” (“El inimitable”). Pero en lo referente a lo personal, digamos que no fue tan boyante, ya que sus problemas con Catherine propiciaron una dura separación y que surgiera el romance con Ellen Ternan, una actriz, con quien compartió los últimos años de su vida. El legado de Dickens es imborrable, tanto es así que en el presente siguen saliendo investigaciones sobre su vida y obra, así como los detalles que rodearon a su temprana muerte a los 58 años.

El más reciente de todos ellos es el elaborado por Leon Litvack, profesor de la Queen's University Belfast y miembro de la Junta del Museo Charles Dickens, con motivo del 150 aniversario de su muerte. En él, establece que se urdió una conspiración entre dos de sus personas más cercanas para que fuera enterrado en la Abadía de Westminster en contra de su voluntad. Él hubiera preferido un lugar más humilde, a tenor de la temática de sus narraciones, como en el pequeño cementerio al lado del castillo de Rochester o en las pequeñas iglesias de Cobham o Shorne.

'El sueño de Dickens', por Robert William Buss. (Wikipedia)
'El sueño de Dickens', por Robert William Buss. (Wikipedia)

En este sentido, el escritor se encargó personalmente de dejar para la posteridad un testamento en el que pedía lo siguiente: “Quisiera ser enterrado de la forma más económica posible, sin ostentación y en un funeral estrictamente privado; que no se haga ningún anuncio público sobre la hora o el lugar de mi entierro; que a lo sumo se empleen más de tres autos funerarios; y que los que asistan no usen bufanda, capa, lazos negros, bandas largas para el sombrero u otras cosas absurdas y repugnantes”, según recoge John Forster, amigo del alma y confidente del genio, en 'The Life of Charles Dickens'.

“Forster estaba al tanto de los aspectos más íntimos de su vida, como por ejemplo su relación con Ternan, que nunca reveló y que estuvo oculta hasta bien entrado el siglo XX”, asegura Litvack, en un atículo de 'The Conversation'. Pero a pesar de querer con locura a Dickens y serle siempre leal, el biógrafo tramó un plan para su entierro en contra de su voluntad. La versión oficial admite que su cuerpo no fue inhumado donde lo solicitó el genio porque “todos los cementerios de la zona estaban cerrados”, algo que el investigador más tarde demuestra que es falso. En el plan 'B' figuraba la Catedral de Rochester, pero el escritor era tan querido por la sociedad británica de la época que los medios de comunicación se apresuraron a ofrecer su destino preferido, en el que finalmente descansaría el cadáver del literato: la abadía de Westminster.

Una cuestión de egos

Así pues, Litvack sostiene en su investigación que el plan de enterrar a Dickens en la Esquina de los Poetas ("Poets' Corner") de Westminster fue orquestado por Forster y Arhur Penrhyn Stanley (quien era por aquel entonces el decano de la Abadía) desoyendo así la voluntad del escritor. Históricamente, este hecho se ha asociado a que era “la voluntad del pueblo” (como reflejó el periódico 'The Times') enterrarlo allí, pero la realidad es que todo respondía a un interés personal por parte de estos dos personajes. Pero, ¿bajo qué interés?

De esta manera, “Forster podría concluir al fin el libro de la mejor forma posible, haciendo que Dickens entrara en el panteón nacional en el que estaban enterradas figuras tan famosas como Shakespeare, Geoffrey Chaucer o Samuel Johnson”, asevera Litvack. “Así se aseguró de que hubiera un flujo de visitantes peregrinando hasta su tumba y se extendiera su gran reputación por toda la posteridad”, relata.

Deja que yazca en la Abadía, las cenizas y el nombre del mejor maestro del siglo XIX no deberían estar ausentes

En el caso de Stanley, sus motivaciones fueron en su mayor parte egocéntricas: “Podría agregar a Dickens en su lista de personajes famosos cuyos entierros ofició, entre los que se incluían Lord Palmerston, el exprimer ministro de Reino Unido, Sir John Herschel, matemático y astrónomo, o el misionero y explorador David Livingstone”. Al fin y al cabo, conseguir inhumar a Dickens en la Abadía fue su mejor obra en vida, lo más destacado que hicieron en sus sendas carreras.

“Deja que yazca en la Abadía, donde los ingleses se reúnen para consultar los memoriales de los grandes maestros de su nación, las cenizas y el nombre del mejor instructor del siglo XIX no deberían estar ausentes”, escribió Stanley en una carta dirigida a la familia y recogida por Locker. Ambos se aliaron para pasar a la historia como el mejor amigo y biógrafo del escritor, mientras que el otro pasaría ser el encargado de oficiar la despedida religiosa a su cuerpo y alma. En todo caso, su jugada les salió bien y, a pesar del origen humilde del narrador y la cercanía que demostró hacia las capas más bajas de la sociedad, hoy en día se puede encontrar su tumba al lado de los personajes más ilustres de la nación británica.

The Dickens Fellowship

Una tumba que, por cierto, es visitada cada año, al igual que la casa en la que vivió con su esposa. En 2012, el Príncipe Carlos de Gales y su mujer, Camila Parker Bowles, homenajearon al genio con motivo del bicentenario de su nacimiento. Depositaron en su tumba una corona floral enorme y luego la actriz estadounidense Gillian Anderson recitó un fragmento de una obra de Dickens en el museo dedicado a su figura.

El legado cultural es tan grande que existe un selecto club literario llamado The Dickens Fellowship fundado desde 1902 que se reúne todos los años para discutir los detalles de las obras y compartir el interés por la vida del narrador. Algo que también sucede con otro gigante de las letras irlandesas, James Joyce, por el que cada 16 de junio se celebra desde 1954 el Bloomsday, un evento que aglutina a escritores y eruditos de su obra para hacer el recorrido que traza Leopold Bloom por las calles de Dublín en el 'Ulises'. A este selecto club pertenece un autor español muy conocido, Enrique Vila-Matas.

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