"MUY DIVERTIDO"

Un matrimonio con una relación abierta que les funciona cuenta cómo lo han conseguido

Jenna y su esposo llevaban fantaseando con la idea de incluir a terceras personas en su relación desde hace tiempo. Un día lo probaron y desde entonces, son mucho más felices

Foto: Foto: iStock.
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Hay familias para todo. Las personas con las que eliges vivir tu vida se suelen dividir entre pareja y amigos, pero de alguna forma cada vez hay más gente que está dispuesta a encontrar un espacio entre ambos. Las relaciones monógamas nunca han estado tan en la cuerda floja. El auge de las fiestas, clubs y encuentros de swingers, basados en un intercambio de parejas consensuado, puede que esté dando lugar a otro modelo familiar que en nuestro país, quizá por el fuerte peso de la moral cristiana, aún está por explotar.

Estamos hablando de los matrimonios abiertos, que en vez de estar formados por dos personas, incluyen un círculo de gente mucho más amplio. En Estados Unidos ha cogido mucha fuerza. Una encuesta reciente del Instituto Kinsey reflejó que entre el 20 y 25% de los estadounidenses se han involucrado al menos una vez en relaciones polígamas consensuadas, un fenómeno cuyas previsiones apuntan aún más alto con el paso de los años. Además, muchos expertos en relaciones y terapeutas de parejas ven con buenos ojos este cambio como fórmula para que los casados reconsideren la opción de divorciarse.

Establecimos reglas estrictas: utilizar siempre la misma habitación y, sobre todo, hablar de ello al día siguiente

La revista 'Fatherly' recoge el testimonio de Jenna (nombre ficticio) y su esposo en su tránsito hacia la fundación de una familia poliamorosa. El camino fue largo y un poco tortuoso, comenzando por acudir a clubs de swingers, teniendo citas dobles y más tarde citas cada uno por su cuenta. Aunque, tal y como reconoce Jenna, “ha sido muy divertido”. Para ella, lo mejor de la experiencia es haber adquirido una comunicación excelente y sólida con su marido para que la nueva situación funcionara. Ellos se conocieron a los 30 años y en 2010 se casaron.

“Todo comenzó al hablar de nuestras relaciones íntimas”, explica Jenna. “Muchas veces acabábamos bromeando con la idea de que una tercera persona se uniera a nosotros, y nos parecía realmente excitante. Al principio solo eran conversaciones picantes, como una especie de juego. Las cosas cambiaron cuando nos fuimos de vacaciones a Las Vegas”. La verdad es que no les gustaba nada la idea, ya que no sentían especial gusto por el juego o la bebida, pero fueron porque el novio de la madre de ella cumplía 65 años y querían celebrarlo. “Como no sabíamos que hacer, dimos un paseo y nos encontramos con un club de swingers llamado Red Rooster”.

Entraron. “No era como lo imaginábamos. Tan solo fuimos para observar y no llegamos a acostarnos con nadie. Cuando regresamos al hotel, le pregunté a mi esposo si le había gustado y me dijo que no era para él. Estuve de acuerdo”, sentencia Jenna. El tiempo pasó. No volvieron a hablar del tema hasta pasados seis meses. “Las conversaciones sobre ello regresaron a la hora de tener sexo. Decidimos volver a intentarlo y nos dimos de alta en una página web llamada Swinglifestyle. Allí, conocimos a gente. Quedamos con algunos de ellos pero establecimos unas reglas estrictas: siempre necesitábamos estar en la misma habitación, estar juntos y, sobre todo, hablar de ello al día siguiente”.

Todo fue más fácil cuando comenzaron a experimentar con mujeres y hombres solteros. “Conocimos a una de entre todos ellos que nos gustó especialmente a los dos”, relata Jenna. “Era policía y rápidamente se convirtió en imprescindible en nuestros encuentros. Una vez que me encontraba fuera de la ciudad, le pedí a mi marido que saliera con ella sin mí. Esto era algo completamente nuevo para nosotros. Al final, lo hicieron y al día siguiente hablamos de que por fin estábamos listos para tener otras relaciones sin uno de los dos”.

Si engañas a tu esposo está mal visto, pero al menos parece aceptado. La poligamia sigue siendo un tabú

“Desde que abrimos el matrimonio, nuestra comunicación aumentó, y con ella la confianza. Reconocemos que tenemos ciertas necesidades y no siempre podemos satisfacerlas solo nosotros. Pero eso no significa que nos amemos menos, al contrario, nos obliga a comunicarnos mejor”, asegura. “La gente siempre habla de celos. Nosotros no tenemos eso, sino más bien comprensión. Esta clase de relación también nos hace pasar más tiempo juntos. Todos los jueves por la noche y los sábados son para nosotros”.

"Una idea arcaica"

Jenna reconoce que no es para nada pan comido. “No es fácil, y sí que tenemos discusiones. Hemos pasado momentos difíciles, pero nuestra relación ha ganado en solidez. La idea es que no quiero reemplazarle, al igual que él a mí. Hemos aprendido mucho el uno del otro y sobre nuestra relación. Ahora, también estamos más equilibrados. Estamos satisfaciendo necesidades que en una pareja monógama no se pueden tener. Creo que pensar que solo una persona puede satisfacerte es una idea bastante arcaica”.

“Hay muchos casos de infidelidad entre parejas”, concluye. “Es algo que pasa. No estoy diciendo que se frecuente, pero sucede. Y, sin embargo, la poligamia sigue siendo un tabú. Si engañas a tu esposo está mal visto, pero al menos resulta aceptado. Y luego mencionas la posibilidad de una relación abierta y les parece raro. Yo pregunto: ¿No es más extraño que dos personas que se quieren se engañen el uno al otro?”.

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