LÍOS DE CAMA

Mi mujer me dejó liarme con una amiga suya. Y mereció la pena

Grant y Leila llevaban varios años casados. Un día, en una fiesta, una colega en común llamada Kate les propuso un deseo un tanto indecente...

Foto: Foto: iStock.
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Hay veces que la amistad sortea barreas a simple vista imposibles. Sí, en muchos casos, los amigos están más que para recibir apoyo mutuo o pasar largos fines de semana. Algunos de ellos reconocen haber tenido algún que otro flirteo con la pareja de su amigo o amiga y, en ciertas situaciones, la cosa ha ido a más y los asuntos han llegado a discutirse entre las sábanas.

Es lo que le pasó a Grant Stoddard y su esposa Leila, quienes pactaron un acuerdo tácito por el cual ella cedería a su novio a una de sus mejores amigas, Kate, para vivir una noche de pasión y desenfreno. "Esto no es bueno para mi autoestima. No querría echar por tierra mis principios, pero a estas alturas solo necesito un poco de sexo", espetó a sus acompañantes en una fiesta. Lo que la pareja no supo es que se trataba de una indirecta para acostarse con los dos.

Ella es mi esposa desde hace 18 meses, y además era amiga íntima de Kate

"Bueno, creo que yo podría ayudarte con eso", murmuró Grant, medio en broma, medio en serio. Se hizo el silencio. Kate se levantó de la silla y fue a por más vino. La velada fluyó de forma natural y todos se fueron a su propia casa. Justo al día siguiente, él recibió un mensaje al móvil. Era ella: "He estado pensando en tu oferta. Si hablas en serio, te tomo la palabra".

"Estaba muy emocionado y excitado, sabía que necesitábamos el beneplácito de Leila para hacerlo. Ella es mi esposa desde hace dieciocho meses, y además era amiga íntima de la familia de Kate", escribe en un artículo de 'Men's Health' en el que narra la historia en primera persona. "Aquí habría que puntualizar que Leila y yo no somos monógamos, aunque ninguno de los dos hemos hablado mucho sobre ello al respecto. Teníamos límites poco definidos". Así que un buen día él se armó de valor y, sin apenas titubeos, le expuso la situación a Leila.

- ¿Sabes que Kate no ha tenido relaciones sexuales durante casi un año?

- Guau, eso es mucho tiempo.

- ¡Cierto! Me preguntaba que pensarías de mí si le ayudo a sacarse la espinita.

- ¿Te refieres a tener sexo con ella? ¿Con Kate? No lo sé...

- Vamos, ¿por qué no? Mira, ella sabe que estoy loco por ti. Soy un tío seguro. Será como una fiesta del pijama, te lo garantizo.

- Al margen del sexo, claro.

- Creo que le haríamos un gran favor. Es nuestra amiga.

Al tratarse de un compromiso de una sola noche, aprovechamos todo lo que pudimos

Finalmente, y tras muchas otras conversaciones, Leila dio su consentimiento y dijo que conocía lo suficiente a Kate como para saber que no lo hacía con malicia. No se sentía amenazada ante la idea, así que aceptó. "No tardé nada en decírselo a Kate, estaba muy emocionada", comenta Grant. Acordaron un plazo de unos días para hacerlo y apuntaron un sábado con bolígrafo rojo en el calendario. Dos días antes, él se lo volvió a recordar a ambas para cerciorarse que querían seguir adelante con la idea.

"¿Estás bromeando?", le contestó Kate. "No puedo dejar de pensar en ello". Le recogió en su casa con el coche y decidieron empezar la velada en un bar de su barrio. Allí, ella le contó que últimamente había estado muy harta de tíos insensibles y desatentos o simplemente aburridos. Luego, fueron a cenar. Más tarde y sin mucha demora, regresaron a casa. "Un denso silencio emergió entre los dos del ascensor a la puerta de su apartamento", dijo Grant. "Realmente no teníamos ni idea de si habría suficiente química para llevarlo hacia delante. Puse mis manos en su cintura y, con los nervios a flor de piel, nos besamos".

Poco a poco se fueron desnudando y fueron al dormitorio. Allí, lo hicieron de forma apasionada. "Como se trataba de un compromiso de una sola noche, aprovechamos todo lo que pudimos", asegura Grant. "A la mañana siguiente, en el desayuno, reflexionamos sobre lo ocurrido. Fue muy raro y nos hicimos muchas preguntas. Antes de irme, Kate me dio una tarjeta dirigida a Leila. Me pidió que no la leyera, pero supe que era algo beno".

"Leila después me preguntó por la experiencia. Supe que le podía hacer daño, sí que tan solo le dije que había sido divertido y que me sentía muy bien con ella. Nos dimos un abrazo. En ese momento pensé que debería tomar esto con calma, además de que yo también debía ser tan generoso y comprensivo cuando ella me pidiera emprender su propia aventura sexual".

Alma, Corazón, Vida

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