lo que no te contaron

La historia oculta de las duchas

No siempre han sido lugares en los que relajarte y limpiarte tras una larga jornada, las anécdotas de la hidroterapia con fines médicos son oscuras y terroríficas

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Atención, si estás pensando en ducharte esta noche o mañana por la mañana o incluso te encuentras a un paso de meterte en ella, cual protagonista de 'Psicosis', quizá no deberías leer esto, porque sin duda te sorprenderá. En cambio, si alguna vez en tu vida, mientras estabas tumbado en el césped observando las estrellas, una pregunta invadió tu cabeza: "¿Cuál será la historia de las duchas?", entonces este es tu artículo.

Aunque no lo parezca, hay una historia detrás de ese aparato que utilizamos para enjuagarnos el cuerpo y limpiarnos como una patena. Y reciente, claro, si tenemos en cuenta que hasta el siglo XIX no se había identificado una verdadera relación entre la higiene y la salud. Aunque a día de hoy lo veamos claro, en la antigüedad no se hilaba tan rápido que lanzar residuos por una ventana, al grito de "¡Agua va!" podía ayudar a la propagación de enfermedades.

La hidroterapia

Como señalamos, fue una época de grandes cambios sociales e innovación. En las ciudades se instalaron las primeras alcantarillas modernas y las casas contaron con inodoros, bañeras y lavabos como los conocemos ahora (no siendo así en los pueblos, a los que todavía tardarían un poco más en llegar). Como bien señala 'The Atlantic', algo que parecerá más curioso, en los hospitales psiquiátricos comenzó la innovadora hidroterapia, el método de usar agua para tratar la locura (en muchos libros podemos ver aquello de ir a los balnearios para tratar las crisis nerviosas u otras enfermedades, desde 'Anna Karenina' a 'En el balneario').

No era algo nuevo. En el siglo XVII el médico flamenco Jan Baptist van Helmont ya había llevado a cabo un método de "curación" un poco peligroso: desnudar a sus pacientes y lanzarnos a estanques o al mar. No era una gran idea, por supuesto, especialmente para aquellos que no sabían nadar. El origen de la hidroterapia se explica en que los médicos señalaban el cerebro como centro de la locura y al "enfriarlo" mediante duchas frías, llegaba la sanación.

Mediante duchas heladas se "enfriaban" los cerebros de los pacientes, y así se curaban

Además, se diseñaron duchas mecánicas más elaboradas. Un ejemplo es la del médico escocés Alexander Morrison: una especie de cápsula en la que se sentaba el paciente atado, sin tener ni idea de cuándo se le sometería a la ducha. Alguien por detrás era el que decidía cuándo. La conmoción y el miedo, por tanto, formaban también parte de la terapia.

Más tarde, los hospitales también hicieron que los pacientes soportaran baños calientes que podían durar horas e incluso días, envolviéndoles en sábanas mojadas para "aliviar la congestión del cerebro". Poco o nada tenían que ver las duchas del hogar, que ofrecían higiene y comodidad, con las torturas de los hospitales psiquiátricos. A las casas aún no habían llegado los accesorios de baño que conocemos, pero tenían duchas que apuntaban al torso o accionadas por pedales.

Si supieras el origen no cantarías tanto. (iStock)
Si supieras el origen no cantarías tanto. (iStock)

La hidroterapia, finalmente, acabó cayendo en desgracia a principios del siglo XX con el advenimiento de otros tratamientos que requerían de una estructura menos especializada, aunque fueron igual de temibles. Ejemplo de ello son las lobotomías, que tan bien criticó Tennessee Williams en sus obras y que conoció por su hermana, o los electroshocks, hasta llegar a los fármacos que conocemos en la actualidad. Son, a día de hoy, nada más que una muestra de un pasado remoto. Cuando aún se creía que para curar la mente había que empezar por el cuerpo, como si ambos no fueran dos entes completamente separados. Una idea que hoy, por supuesto, se descarta por completo.

Alma, Corazón, Vida

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