Historia: Las 60 estadounidenses que lucharon contra Franco: una idea para David Simon
EL CONTINGENTE FEMENINO DE LA BRIGADA LINCOLN

Las 60 estadounidenses que lucharon contra Franco: una idea para David Simon

Entre los 2.800 americanos que cruzaron el charco para luchar por el bando republicano había seis decenas de mujeres. Esto es lo que vivieron en nuestro país

Foto: Desfile de la Brigada Lincoln, con hombres y mujeres. (Cordon Press)
Desfile de la Brigada Lincoln, con hombres y mujeres. (Cordon Press)

El pasado lunes, David Simon, responsable de series como 'The Wire', 'Tremé' o 'The Deuce', anunció que su nueva serie tratará sobre la Brigada Lincoln, los soldados estadounidenses que combatieron por el bando republicano durante la Guerra Civil española. En cuestión de horas, el periodista había recibido incontables mensajes en Twitter, entre los que le advertían que no dejase que su trabajo fuese manipulado o los que le recomendaban que tomase como referencia a historiadores como Ángel Viñas, Paul Preston o Ian Gibson. La respuesta de Simon era cabal: mejor esperar antes de quejarse sobre algo que aún está en fase de desarrollo.

Nosotros no queremos ser menos que nuestros compatriotas, así que proponemos una perspectiva complementaria para 'A Dry Run', que seguro que estará contemplada de una forma u otra: el rol de las 60 mujeres estadounidenses que formaron parte de la Brigada Abraham Lincoln, y que defendieron el Gobierno republicano codo con codo con los soldados como enfermeras, corresponsales de guerra, conductoras de vehículos o recaudadoras de fondos. Un porcentaje en apariencia mínimo dentro del total de 2.800 hombres (de los que murieron alrededor de 800), pero que jugaría un papel importante no solo en los campos de batalla sino también a la hora de atraer la simpatía de sus compatriotas hacia la causa republicana.

Eran pobres y ricos, mujeres y hombres, negros y blancos: todos ellos estaban convencidos de que algo importante estaba siendo destruido en España

“Los miembros de la Brigada Lincoln, muchos de los cuales habían formado parte activa de grupos políticos de izquierda, no eran niños ricos defendiendo el 'statu quo' para pasar el rato”, recordaba un reportaje que 'The New York Times' publicó en los años ochenta como homenaje a sus compatriotas. “Eran pobres y ricos, mujeres y hombres, negros y blancos: todos ellos estaban convencidos de que algo importante en la evolución de la conciencia política del mundo estaba siendo destruido en España”. Una definición que encaja bien en la visión de Simon de que “la lucha española contra el fascismo y el mal uso del capitalismo como baluarte del totalitarismo representa la narrativa política preeminente del siglo XX y de nuestro tiempo”.

Un ejército para todos

La Brigada Lincoln fue la primera fuerza de combate estadounidense integrada, con un gran número de hombres y mujeres negras entre sus filas. Entre todas ellas, la más conocida probablemente sea Salaria Kea, que en 1938 escribió el famoso panfleto 'Una enfermera negra en la república española'. “¿Qué pintan los negros en España?”, se preguntaba en el texto. “Más allá del humanitarismo, la respuesta es sencilla. La Italia fascista invadió Etiopía, lo que fue un terrible golpe para los negros en todo el mundo. Etiopía representaba el último reducto de la autoridad negra, del autogobierno negro”.

Salaria Kea trabajó como enfermera en la Guerra Civil española y en la Segunda Guerra Mundial.
Salaria Kea trabajó como enfermera en la Guerra Civil española y en la Segunda Guerra Mundial.

Esa actitud de resistencia frente al avance del fascismo era similar a la de otras compañeras: “El linchamiento de negros en América, la discriminación en la educación y en el trabajo o la falta de instalaciones para negros en la mayoría de ciudades nos parecen parte del fascismo”. Algo similar se planteaba en las memorias de Marion Merriman, la única mujer que llegó a oficial y que recordaba que su epifanía se produjo tras un bombardeo en Madrid: “Para mí, fue un punto de inflexión. Entonces sentí que ya no era solo la mujer de Bob. De repente, sentí una imperiosa necesidad de ayudar. La lucha contra el fascismo se convirtió en mi lucha”. El tal Bob era el economista Robert Hale Merriman, que abandonó su puesto en la Universidad de California para alistarse en las Brigadas Internacionales, una decisión tomada al principio con resignación por su esposa.

Otro célebre nombre es el de Evelyn Hutchins, la conductora de ambulancias que, como ocurría a menudo con estas voluntarias, llegó a España junto a su marido, Carl Rehman. Como explica su ficha en ALBA (Abraham Lincoln Brigade Archives), esta bailarina de 'burlesque' y activa sindicalista en la Costa Oeste terminó convenciendo a las autoridades del American Medical Bureau de que la enviasen a España como conductora, aunque en un primer momento consideraron que era “no válida porque era una mujer”. En nuestro país, “sirvió de forma valiente como conductora de camiones, experimentando en muchas ocasiones peligrosas situaciones de combate”.

“Me enferma que esa gente que ha vivido durante siglos oprimida no pueda vivir en paz solo porque dos hombres quieren el poder”, dijo Dorothy Parker

Como recuerda una investigación sobre las mujeres de la Brigada Lincoln publicada por Trice Megan, de la Universidad de Yale, una parte de las estadounidenses que apoyaron al Gobierno republicano provenían de la clase trabajadora, pero la otra formaba parte de la élite intelectual. Es el caso de las escritoras Lillian Hellman ('La calumnia', 'La loba') o de Dorothy Parker ('Una rubia imponente', 'Colgando de un hilo'), que visitaron España junto a otros miembros de la 'intelligentsia' como Ernest Hemingway o John Dos Passos. Una experiencia que la primera reflejaría en 'Una mujer inacabada' y la segunda, en diversos programas de radio, el medio de comunicación por antonomasia en la época.

“Me pongo enferma de pensar en ello”, comunicaba Parker a los oyentes durante una de esas emisiones. “Que esta gente que ha conseguido escapar de siglos de opresión y explotación no pueda dirigirse hacia una vida decente y en paz, hacia el progreso y la civilización, sin que maten a sus hijos y vean su camino obstaculizado simplemente porque dos hombres (¡dos hombres!) quieren más poder es increíble, fantástico… y cierto”. El esfuerzo de estas mujeres en su país natal por advertir a sus compatriotas del riesgo que corrían si dejaban a Hitler y Mussolini en paz, como estaba ocurriendo en España, terminó resultando convincente, y consiguieron recaudar cientos de miles de dólares entre las élites americanas. Como recuerda Megan, al fin y al cabo, no estaban combatiendo, sino curando, algo clave dado el posicionamiento de EEUU como país neutral.

Un ensayo para la Segunda Guerra Mundial

Uno puede sumergirse en los archivos del ALBA para rastrear el destino de algunas de estas mujeres. Es el caso, por ejemplo, de Ruth Davidow, una de las protagonistas del documental 'Into the Fire', que siempre tuvo claro que la Segunda Guerra Mundial no comenzó con la invasión de Polonia, sino en España. Davidow fue enfermera en Pozoblanco (Córdoba) y fue la única mujer americana que estuvo en el frente del Ebro. También el de Mildred Rackley, que formó parte de los hospitales de Valdeganga, Hueta, Romeral o Villa Paz, y ayudó a evacuar el de Barcelona. O Eslanda Robeson, que elogió el esfuerzo realizado por los combatientes de color en la contienda.

Evelyn Hutchins y su camión.
Evelyn Hutchins y su camión.

¿Se trataba de un movimiento protofeminista, como se ha argumentado en ocasiones? En su trabajo, Megan defiende que no, y que fue tan solo décadas más tarde, durante los años setenta, cuando comenzó a considerarse como tal. En todo caso, argumenta, era socialista y familiar: muchas de las mujeres acudieron al frente a acompañar a sus maridos o por convicción política. Sin embargo, tan solo en contadas excepciones, como la de Hutchins (hija de sufragista), podían considerarse protofeministas, “porque la igualdad de género no era el foco de su activismo”. Algunas, como Carol Miller, recuerda, cruzaron el charco en busca de su exmarido. Lo emocional fue un factor decisivo.

La Guerra Civil española fue en muchos sentidos un campo de pruebas para la Segunda Guerra Mundial, así que muchas de estas mujeres volvieron a casa y terminaron jugando un importante papel después de que EEUU entrase en la guerra en 1942. Es lo que ocurrió con Salaria Kea, que fue enfermera durante los últimos meses del enfrentamiento, tras el desembarco en Normandía, y cuya experiencia era muy valorada por los mandos del ejército gracias a su estancia en España, donde pasó un mes en el hospital americano de Villa Paz. Durante su paso por Aragón, fue herida en un bombardeo y sufrió una emboscada mientras huía; tuvo que cruzar a nado el Ebro y hacer autoestop para llegar a Barcelona. Kea fallecería mucho más tarde, en 1991, en Akron (Ohio), donde pasó la mayor parte de su vida.

Muy relevante fue también el posterior rol de la conductora Hutchins en las investigaciones sobre la moral de la tropa. En 1942, fue entrevistada por el sociólogo de la Universidad de Yale John Dollard para su trabajo psicológico sobre la guerra. “Los compañeros que entendían por qué quería estar ahí y por qué había aceptado el trabajo de conductora, que era el que me permitía estar lo más cerca posible al combate, eran los que no pensaban que una chica no debería querer combatir y utilizar una metralleta en lugar de un coche”, rememoraba. “Eran los mismos que se tomaban las cosas en serio, y me di cuenta de que tenían una actitud más seria y juiciosa sobre lo que ocurría”. Durante unos meses, todos ellos (ricos, pobres, hombres, mujeres, blancos, negros) lucharían juntos con un objetivo común, frenar el avance del totalitarismo en la “Buena Lucha”. No conseguirían ganar la guerra, pero su huella permanece casi un siglo después.

Alma, Corazón, Vida

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