CUANDO RUGE LA MARABUNTA

Cómo manejar a las masas: las claves para entender a la multitud

La identidad colectiva surge cuando estamos rodeados de muchísima gente y conocerla es crucial para gestionar situaciones críticas, como atentados terroristas

Foto: Miles de personas abarrotan Times Square. (iStock)
Miles de personas abarrotan Times Square. (iStock)

El prestigioso filósofo español José Ortega y Gasset decía algo así: "La sociedad de masas empieza en el momento en el que tienes que hacer cola para todo". Desde el siglo anterior hasta ahora, hemos visto un crecimiento exponencial de las poblaciones. Después de la Segunda Guerra Mundial, en la década de 1950, la denominada 'sociedad de la opulencia' de John Kenneth Galbraith marcó el inicio de lo que estamos viviendo ahora: grandes multitudes organizadas en torno al consumo. Desde entonces, y tras el auge de Internet, nos hemos ido diferenciando en torno a gustos, opiniones y formas de vivir en una lucha sin fin por hallar la diferencia. Pero pese a esas disconformidades, pocas veces nos hemos encontrado solos frente a algo. Siempre ha habido alguien que llega antes que nosotros y que marca la tendencia por la que ahora nos encontramos inmersos en eso que llamamos "grupo".

Cualquier movimiento cultural, por minoritario que sea, necesita de sus acólitos para ser considerado movimiento cultural. La cola a la que acabas de llegar ya está abarrotada de gente. La canción de YouTube que acabas de descubrir y tanto te gusta, ya tiene más de 10.000 visitas. El partido de fútbol de Segunda División en el que juega el equipo de tu ciudad, pese a no tener una gran afición, rebasa el medio millar de hinchas. El ser humano siempre tiende a encajarse, incluso cuando cree estar fuera, sigue dentro. Esta obsesión por formar parte de un grupo ordena lo social y lo moldea, hasta el punto de que los grandes beneficiarios de esta realidad, es decir, las grandes empresas de publicidad, nos parcelen en 'targets' y en grupos potenciales de consumo.

La mayoría del comportamiento humano es muy predecible porque somos racionales

Formar parte de una multitud nos mantiene seguros y respaldados, pero también tiene sus inconvenientes. Un concierto, un partido de fútbol, fiestas patronales, unas compras un sábado por la tarde en una concurrida calle del centro... la muchedumbre nos agobia y aprisiona. No solo eso, sino que las aglomeraciones hacen que seamos focos potenciales de peligro ante determinadas circunstancias. Accidentes no provocados, como por ejemplo el de la fatídica noche de Halloween de 2012 del Madrid Arena, fueron causados debido a un sobreaforo que produjo avalanchas y la pérdida de cinco vidas humanas. A veces, estar dentro de una ingente turba de gente no solo puede resultar incómodo, sino también letal.

Imagen de una de las calles más turísticas de Roma. (iStock)
Imagen de una de las calles más turísticas de Roma. (iStock)

La relación entre espacio e individuo

Estos eventos son trágicos, pero en su mayoría evitables. Científicos del todo el mundo están descubriendo nuevas formas de minimizar la posibilidad de que se vuelvan a repetir. "La mayoría del comportamiento humano es muy predecible, porque somos seres muy racionales", afirma Shrikant Sharma, director del grupo Smart Space, en un reportaje de la 'BBC'. A partir de esta máxima, Sharma y los suyos dedican sus esfuerzos a tratar de entender cómo interacciona el ser humano con los espacios. A través de una combinación de datos y análisis de movimiento, investigan el uso que hacen las personas de las infraestructuras cerradas y en los lugares abiertos. A pesar de todo, la predicción sobre cómo interactuamos en el espacio no es del todo fiable ya que, como asegura el experto en psicología social de gestión de multitudes, John Drury, "la multitud es tan psicológicamente específica como el individuo".

Los desastres estimulan las respuestas espontáneas de personas que voluntariamente prestan su ayuda a los que lo necesitan

En la década de 1980, los hallazgos en psicología social se aplicaron a los disturbios, en la década de los 2000 a las catástrofes humanas de masas, y en la década de los 2010 a los festivales de música y grandes eventos, según explica la 'BBC'. Ahora, se aplica a emergencias más especializadas, como los ataques denominados 'CRBN': químicos, biológicos, radiológicos o nucleares.

La identidad colectiva

Diversos estudios señalan que a menudo emerge una identidad colectiva, la cual es clave para determinar cómo de cooperativa y flexible se mostrará la muchedumbre en situaciones críticas. Por ejemplo, en el trágico atentado del 11-M en Atocha en 2004, en la que tanto heridos como personas ilesas colaboraban juntos para intentar paliar los terribles efectos del ataque, y no solo en lo material, sino que también en lo emocional: se consolaban mutuamente y estrechaban lazos.

Uno de los focos de grandes multitudes siempre son las infraestructuras de transporte, como el metro de París. (iStock)
Uno de los focos de grandes multitudes siempre son las infraestructuras de transporte, como el metro de París. (iStock)

"Los desastres estimulan las respuestas espontáneas mediante la autoorganización de grupos voluntarios e individuos, tanto dentro como fuera de la comunidad afectada por la catástrofe", señalan John Twigg e Irina Mosel en un estudio del International Institute for Environment and Development. "Estos grupos emergentes y voluntarios son una característica común a todos los desastres. Forman parte de una amplia gama de respuestas de diferentes organizaciones y grupos, que a menudo tienen que improvisar en situaciones de crisis. La acción voluntaria informal es un recurso y una capacidad importante, más incluso lo será en el futuro, con el progresivo crecimiento de los centros urbanos y las poblaciones", resumen.

Si las personas creen que va a venir una situación de amenaza, es más probable que entren en pánico, incluso en ausencia de un peligro real

Desde un punto de vista psicológico, es esencial no exagerar sobre los peligros o consecuencias de una tragedia. Drury alerta sobre la creciente tendencia a inflar los hechos por parte de la prensa o las instituciones. "Para los narradores de historias y periodistas, es más dramático usar un término como 'pánico' en lugar de 'evacuación repentina', aunque la situación de pánico sea efectivamente real. El problema radica en que si las personas creen que va a llegar una situación de peligro, es más probable que entren en pánico, incluso en ausencia de un peligro real.

Planes específicos

Shrikant Sharma y los suyos recopilan datos sobre los factores que influyen en el comportamiento de la multitud: desde las condiciones del viento hasta las preferencias culturales por el espacio personal. Todo cuenta. Desde su oficina con vistas al río Avon en Bath, trazan variables en diferentes escenarios a partir de un paquete de software de simulación.

A veces, las mejores medidas son las más simples. Por ejemplo, una escuela de Newcastle en la que padres y profesorado se enfrentaba a diario con una avalancha de niños al final de las clases. El equipo de Sharma observó que los estudiantes se comportaban de una forma colérica y salvaje, hasta el punto de casi pelearse por salir. El centro pensó que la solución pasaba por realizar reformas para tener un pasillo más ancho. Pero Sharma tuvo una idea mucho mejor y más sencilla: acabar con la campana de la escuela. El resultado fue asombroso. Al término de las clases, los alumnos salieron escalonadamente, y avanzar por el pasillo ya no implicaba enfrentarse a la gran marabunta.

"Una multitud 'física' (un grupo de cuerpos en un determinado espacio), se modela de forma diferente a una 'psicológica' (en la que las personas tienen un sentido compartido de identidad). Las físicas pueden convertirse en aglomeraciones psicológicas en situaciones de emergencia, por lo que los modelos informáticos también deben ser versátiles para adaptarse al cambio en la identidad del grupo y los cambios de comportamiento que conllevan", asegura la experta psicóloga Anne Templeton, de la Universidad de Kent.

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