Sexualidad: Una cadena de locales de masajes eróticos legaliza de facto la prostitución en España
un debate inacabado

Una cadena de locales de masajes eróticos legaliza 'de facto' la prostitución en España

Tres establecimientos con final feliz y legales en Madrid abren la polémica sobre regular definitivamente esta actividad y las consecuencias de la misma

Foto: Una prostituta en sombra. (iStock)
Una prostituta en sombra. (iStock)

Todos los locales son iguales. Sobrios, discretos, de tonos oscuros y logotipos estilizados. Podría tratarse de cualquier negocio en cadena, da igual, una peluquería o un gimnasio o una clínica veterinaria. Pero son especialistas en “masajes eróticos” y una visita a uno de sus locales confirma que lo que allí se practica se parece extraordinariamente a la prostitución de toda la vida, aunque con una diferencia: todo está normalizado y las chicas, dadas de alta. Detrás hay una empresa convencional y toda la sordidez habitualmente asociada a estos lugares le es completamente ajena. Ni porteros malencarados, ni lucecitas rojas ni carteles 'kitsch'. Tampoco rumba carcelaria ni reguetón. Por no hablar de que su horario es prácticamente el de un sitio comercial al uso: de 10 de la mañana a 10 de la noche. El pasado viernes, el Cuerpo Nacional de Policía hizo una redada en 49 locales de "masajes con final feliz" por temas de "extranjería" y de "inspección de trabajo": ningún establecimiento de esta cadena fue registrado.

Además, estos establecimientos —situados en algunas de las zonas más caras de la capital— llevan varios años pagando publicidad bastante explícita de los servicios que ofrecen. Nada parece clandestino. “A pie de puerta, con publicidad muy clara y con todos los locales decorados del mismo modo y con horarios comerciales normales, no hay ninguno igual en España”, sentencia Viko, toda una autoridad en lo que se refiere al mundo de la prostitución y aledaños. Esta mujer lleva 17 años en el mundo del 'erotismo', en los que ha pasado por casi todas las modalidades del sector, desde los masajes en camilla con final feliz a las películas pornográficas. “A mí todo lo que sea regularizar me parece bien. Así no se tienen que esconder y disponen de convenio y contrato. Todo el mundo sabe dónde trabajan y qué horario tienen. Es un entorno seguro”, alaba Viko la opción escogida por esta cadena.

Si se normaliza como si fuera lo mismo que comprar una pizza, al final se justifica que la gente pida extra de queso

Pero no todo el mundo piensa igual. Esa 'normalización' es, precisamente, lo que le espanta a Laura Nuño, catedrática y presidenta del Observatorio de la Igualdad: “Argumentar que es mejor que lo hagan en ese entorno que en otro más inseguro es como justificar el tráfico de órganos si en lugar de en un garaje clandestino se hace en una clínica sanitaria privada muy moderna. Ese no es el fondo de la cuestión”, replica Nuño, que cree que este tipo de intentos de “blanquear” el negocio lo que hacen es contribuir a la “legalización 'de facto' del proxeneta, no de la prostituta”. Su desacuerdo va más allá y añade: “Si se normaliza como si fuera lo mismo que comprar una pizza, al final se justifica que la gente pida extra de queso” o “tarifas planas u ofertas de dos por una”.

Uno de los carteles publicitarios de los locales en un muro de Madrid. (D. B.)
Uno de los carteles publicitarios de los locales en un muro de Madrid. (D. B.)

“Nuestro servicio más barato es un masaje erótico que acaba con un relax manual”, dice la señorita de la entrada, dando a entender que se refiere a que la cosa acaba con una masturbación por parte de la masajista. “Pero si es antes de las 12 de la mañana le ofrecemos un 25% de descuento en todos los servicios”, agrega la mujer. La escalada de tarifas llega hasta el “masaje acuático”, que cuesta 190 euros. Por supuesto, en ningún momento se habla explícitamente de penetración o felaciones. Pero según los miembros más activos del foro de internet 'especializado' en estos asuntos 'foroputas', esos servicios, los convencionales de cualquier club de carretera o whiskería de barrio, se prestan en estos tres locales: “Yo pedí un completo, pero no hubo implicación y sí mucha charla”, comentaba uno de estos participantes. Otro, al narrar su 'experiencia', escribía: “Me agarra el soldadito, le pone la goma y me empieza el francés”. Otros hablaban de "besos y acariciar pechos".

Licencia con 'final feliz'

La actividad real que se da en estos establecimientos ya se puso de manifiesto en un pleno municipal del madrileño barrio de Salamanca, cuando en 2015 la concejala del PSOE Concepción Mora preguntó qué clase de licencia tenía el local. A su cuestión, la respuesta que consta en acta del gerente fue: “Centro de masajes no terapéuticos”, a lo que, siempre según el acta de aquel día, Mora replicó: “Estamos ante un prostíbulo o, como dicen por ahí, masajes con final feliz”. La concejala socialista se ríe al recordar aquel debate en el que su indignación chocó contra el pragmatismo del gerente. “Estos tipos son los únicos que no se ocultan”, reitera Mora, que apunta a que el verdadero problema es que “no hay una ley que regule de verdad la prostitución, que no es legal pero tampoco está prohibida”. Ella está en contra de esta actividad, “aunque sea reglada”.

Aún más claro lo tiene la rumana Amelia Tiganus, víctima de la trata de blancas desde los 13 años: “No voy a decir nada porque no quiero alimentar ningún debate sobre este asunto”, zanja la mujer, que recuerda que ella solo tiene un discurso y es inflexible “contra la industria del sexo, los proxenetas y los puteros”.

Esta actividad, cuanto más visible, mejor y menos tabú. Cuanto más se te vea, más derechos tendrás

Viko, aunque habla por sí misma, lo hace en mucha sintonía con las ideas que defiende el colectivo de prostitutas Hetaira. “Quien cosifica a la mujer es quien no entiende que puede hacer lo que quiera con su sexualidad. Lo machista es entender que dentro de ese ‘lo que quiera’ no se puede incluir cobrar”. E insiste, en referencia a los tres locales madrileños que, 'de facto', regularizan la actividad, que “a más visible, mejor y menos tabú. Cuanto más se te vea, más derechos tendrás”. Un extremo con el que Nuño una vez más disiente: “La experiencia de la legalización en Alemania demuestra que eso no es así. Allí ha sido nefasto. Se han multiplicado las mujeres y a quien ha favorecido es a los proxenetas”. Para Nuño, lo importante es ver las circunstancias y la “vulnerabilidad” que obliga a esas personas a ejercer la prostitución. En definitiva, sostiene Nuño, casi nunca es voluntario.

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