cuatro JUECES Y FISCALES nos cuentan su historia

Historias de superación en las oposiciones: "No podía pagar la luz y estudiaba con velas"

Estudiar para las oposiciones es una experiencia muy dura pero no imposible. Estas son las experiencias personales de quienes ya son jueces o fiscales

Foto: Los exámenes de las oposiciones requieren intensivas jornadas de estudio (EFE)
Los exámenes de las oposiciones requieren intensivas jornadas de estudio (EFE)

La compañía eléctrica le cortó la luz por impago tuvo que estudiar el temario de la oposición a la luz de una vela. Es la historia que ha contado en Twitter @ladycrocs y que ha inspirado a otros a hacerlo. Susana carecía de recursos económicos después de las facturas del médico de su padre. Fernando dejó de estudiar preocupado por la enfermedad de su hija y no se reenganchó hasta diez años después, y la madre de Escarlata falleció cuando ella llevaba un mes opositando. Son la superación personal hecha carne y algunos de los que han luchado contra viento y marea para ganarse el título de fiscal o juez. Así lo compartieron los cuatro en sus redes sociales para motivar a los nuevos opositores.

¿Pero por qué son tan complicados estos exámenes? La oposición a Judicaturas tiene un ejercicio tipo test y dos orales que comprenden un total de 320 temas, como explica Escarlata. Quienes se presentan tienen que aprendérselos de memoria, sobreviviendo a base de café y pocas horas de sueño, pero eso no les echa para atrás a la hora de lograr su meta. Esta es la historia de su vocación.

“Recuerdo estar a oscuras y la nevera vacía”

“Crecí en la época en la que triunfaba ‘Turno de oficio’ y la 'La ley de Los Ángeles'. Además del gnomo-juez llamado Klaus. Cuando tenía 10 años mis padres se divorciaron, aproveché tener a mano al letrado de mi madre y le pregunté qué había que hacer para ser juez”, así de pronto comienza la historia que @ladycrocs (que prefiere no revelar su nombre real) compartió en su perfil de Twitter hace unos días. “El primer objetivo era acabar el cole y luego el instituto, pero como mis padres se estaban divorciando yo decidí ser rebelde y tocarle las narices a todos los profes”. Pero todo cambió cuando la ahora jueza legó a 3º de BUP, el equivalente al 1º de Bachillerato actual, y se dio cuenta de que las puertas a la universidad estaban muy cerca. “O te lo curras o no serás juez nunca”, cuenta que pensó en aquel momento. “Pasé de estar siempre castigada al sobresaliente”.

Por fin, se lanzó a la carrera de Derecho. “Aquello sí que molaba”, recuerda. Pero decidió independendizarse “por incompatibilidad de caracteres paternofiliales” y descubrió que no era nada fácil. “Tuve que trabajar de camarera en un pub durante la carrera y estudiar los temas en la barra, entre copa y copa”. Aunque asegura que fue una época muy dura, se enorgullece al recordar su primera matrícula de honor ("pensaba que esas eran para los listos"). "Me gustó tanto que decidí que quería un montón de esas, de modo que ya no estudiaba para aprobar, sino para ser la mejor”.

Así, y entre bastantes problemas económicos mitigados por sus correspondientes becas, logró terminar la carrera “pobre pero licenciada” y buscó un preparador. “La oposición me gustó muchísimo más que la carrera, me sentía en la senda para obtener mi objetivo”, cuenta. Aunque su preparador le dijo que la veía lista, suspendió la primera vez que se presentó y el siguiente año, cuando volvió a probar suerte, falló nuevamente porque “el Tribunal se confundió de tema”. “Me salió la nulidad excepcional de actuaciones, pero ellos querían escuchar el de la nulidad de actos”, explica. Animada por su preparador, al que llevaba un año y medio sin pagar, y por una amiga, siguió un año más. “Recuerdo haber estudiado temas a la luz de las velas porque me cortaron la luz por falta de pago. Recuerdo la nevera vacía.”

"Trabajé de camarera durante la carrera y estudiaba los temas en la barra, entre copa y copa"

Pero el esfuerzo tuvo su recompensa. Cuando acabó su último examen, se acercó al presidente del Tribunal, que le estrechó la mano y le dijo: “Enhorabuena, es usted Juez”. “Qué chuli, ¿no?”, respondió ella. Asegura que fue lo único que le salió. “Sigo recordando aquel día como uno de los el más felices de mi vida”, explica. Pasado el mal trago, recuerda su primer examen. Alguien que pasaba por allí le preguntó si había rezado. “Eso lo hace mi madre, yo estudio”, respondió. Ahora confiesa que suspendió. “Desde entonces, rezo”.

“Estudiar 7 horas diarias sin dejar de trabajar”

Animado por la historia personal de la ahora jueza, Fernando Benítez decidió hacer lo propio para que la gente pudiera ver que aunque “tus circunstancias no sean las ideales, se puede”. Ahora tiene 57 años y comenzó a preparar las oposiciones con 20. Llevaba fuera de casa desde los 17, sirviendo copas en un bar de Granada. “Siempre pensé que no había nada más allá de los 40”, y recuerda, a colación, la frase “vive deprisa y deja un bonito cadáver”. “Algún buen amigo lo consiguió, tristemente”, apunta.

Estudiar para las oposiciones es un trabajo a tiempo completo (EFE)
Estudiar para las oposiciones es un trabajo a tiempo completo (EFE)

Fernando cuenta que fue su novia de entonces la que le propuso preparar oposiciones. “Con el tiempo nos casaríamos y años después nos divorciaríamos. Nada es para siempre, salvo el Cola Cao”. En aquella época, Fernando había completado dos cursos y medio de Derecho y solía frecuentar bares y salir de copas. “Pensaba que las oposiciones eran para enchufados o privilegiados”, recuerda. Sin embargo, se acabó presentando a las de Agentes Judiciales (de Auxilio, a día de hoy) y aprobó al segundo año, en 2005. “Me destinaron a Málaga y con dolor de corazón, dejé la vida nocturna”.

Pero la historia de Fernando no termina ahí. Tras sacarse unas segundas oposiciones de Oficiales, se casó, tuvo una hija y acabó Derecho. “Como me iba bien con las oposiciones, me puse a preparar Judicatura. Duré seis meses porque mi hija tenía graves problemas de columna y la preocupación no me permitía estudiar”, relata. Y así pasaron diez años cuando, destinado en la Fiscalía de Málaga, decidió volver a intentarlo. “Compaginar estudio, trabajo y familia es complicado. Necesitas un mínimo de 7 horas diarias de plena dedicación a la oposición y que puedas aprovechar sin interrupciones”, cuenta a El Confidencial. “Yo ponía ópera a bajo volumen para no escuchar ruidos del exterior y a menudo estudiaba de pie, paseando para luchar contra el sueño.”

"Compaginar estudio, trabajo y familia es complicado. A menudo estudiaba de pie para luchar contra el sueño"

Si sacarse una oposición es complicado, hacerlo siendo padre de familia aumenta el nivel de dificultad: “Debes guardar una tarde y parte del fin de semana, al menos, para la familia y procurar compensarles por no estar presente a diario, aunque en el fondo es como si tuvieras un trabajo a doble jornada.” Fue al tercer año cuando lo consiguió. Un amigo letrado del Tribunal Supremo le esperaba en la puerta después del examen. Cuando salió el tribunal, su amigo se acercó a saludar al presidente, “su Fiscal jefe tiempo atrás”. Al rato, volvió y le dijo a Fernando: “Enhorabuena, compañero”.

Han pasado 12 años, ahora es Fiscal Delegado de Medio Ambiente de la Fiscalía Provincial de Málaga, pero todavía no se lo cree. “Siempre he pensado que el hecho de tener un trabajo me quitó presión a la hora de examinarme, pero presentarme y perseverar fue la mejor decisión que tomé en mi vida”.

“Tras dos años tuve que empezar desde cero”

Escarlata Gutiérrez ahora es fiscal pero también tuvo que recorrer un duro camino para llegar hasta su meta. Hace unos días decidió, al igual que @ladycrocs y Fernando, compartir su experiencia por redes sociales "para recordar que querer es poder". “Mi madre falleció cuando yo llevaba un mes opositando y mi padre había fallecido tres años antes”, relata Escarlata, que cuenta a El Confidencial que empezó a opositar con 23 años, cuando terminó la carrera. “Sobreviví económicamente gracias a mi familia y a que trabajaba de dependienta domingos y festivos. Después, mi actual marido me mantuvo hasta que aprobé, me dieron destino, empecé a trabajar y me pagaron por fin”. Fue con 27 años recién cumplidos cuando, finalmente, aprobó los tres ejercicios.

Pero mantenerse de forma económica durante las oposiciones no es suficiente y Escarlata lo sabe bien: “Anímicamente sobreviví gracias a mi familia, mi marido y Ángel, mi preparador, que confió mucho en mí y sin el cual hoy no sería fiscal”. Uno de los momentos más complicados durante su preparación para las oposiciones fue cambiar de preparador cuando llevaba ya dos años estudiando. Tuvo que cambiar de temario y empezar desde cero. “Aun así no me desanimé y al año y medio aprobé”.

"Cambié de preparador cuando llevaba dos años estudiando y tuve que empezar desde cero"

Escarlata hace recuento: tardó tres años y medio en total, estudiando de lunes a sábado con un media de 9 o 10 horas diarias. Cuando se acercaba la época de exámenes y durante todo el año que duraban, la frecuencia de estudio subía a 16 horas todos los días. Se levantaba a las 8 de la mañana y estudiaba hasta el mediodía. Tras el parón de comer, seguía estudiando hasta las 10 de la noche, dos horas más si ese día no le había cundido demasiado. “Vuelvo la vista atrás y no sé cómo pude hacerlo, cómo pude sacar fuerzas de donde no las tenía para estudiar otro tema más antes de acostarme, para madrugar cuando apenas había dormido, para estar no sé ni cuántos días sin descansar y sin vacaciones”.

Como los demás, el esfuerzo de Escarlata tuvo sus frutos. Ahora tiene 32 años y está destinada como Fiscal en la Sección Territorial de Manzanares de la Fiscalía Provincial de Ciudad Real desde el 2013.

“Estudiaba de noche y mi madre trabajaba”

Susana Gisbert decidió compartir su historia después de leer las que los demás habían compartido en Twitter. Las recopiló en su blog y añadió la suya propia: “Mi historia es pequeñita al lado de otras que demuestran que la oposición no es el camino de rosas para niños y niñas de papá que mucha gente se empeña en hacer ver”.

Susana es hija de un abogado “al que le hubiera encantado ser fiscal”, empieza presentándose. “En teoría, lo tenía más fácil que gran parte de mis compañeros de carrera a la hora de despegar, con un despacho a mano donde batir mis primeros duelos toguitaconados. Pero nada es lo que parece”. Su padre había perdido la vista hacía tiempo y aunque había seguido ejerciendo de abogado mientras la salud le dejó, su hija cuenta que, cuando regresó de su viaje de fin de carrera, supo que se estaba muriendo. “Dicen que aguantó más tiempo del que el destino le había señalado por verme acabar la carrera y, sobre todo, por hacerme prometer que conseguiría ser fiscal”, escribe Susana. El mismo día que cerró los ojos, yo ya me había estudiado mis dos primeros temas, los que mejor me sabía, los que nunca olvidaré”.

"La situación económica era mala. Estudiaba de noche mientras mi madre trabajaba y abandoné mis aficiones"

Después de la muerte de su padre, la situación económica para Susana y para su madre se volvió complicada por todo el dinero que habían gastado en médicos y operaciones. “Recuerdo noches en vela junto a mi madre, yo estudiando y ella pendiente de mí y de la aguja con que seguía cosiendo para que nada me faltara”, escribe. Susana abandonó el ballet, sus ganas de escribir y algunos pequeños trabajos que solía desempeñar por entonces, desde pintar abanicos hasta pasar a limpio las cuentas de un perito. “Juntas forjamos el objetivo de sacar la oposición lo más pronto posible, aunque, como decía, tuviéramos que ir al más remoto de los pueblos a criar gallinas”.

A los dos años y pocos meses después, con 25 años, Susana lo había conseguido. “El día que apareció mi familia al completo en la estación de autobuses con una botella de cava, lo vi. Mi padre estaba allí, brindando junto a nosotras. Y por la cara de mi madre, ella también lo vio.” Ahora, Susana ejerce en la Fiscalía de Valencia en la Sección de Violencia de Género y es portavoz de la fiscalía provincial de Valencia desde 2008. “La vida ha sido generosa conmigo”, dice Susana a El Confidencial, que cuenta que, finalmente, retomó la escritura con ganas. Con tantas que incluso ha llegado a publicar una antología de relatos, Mar de Lija.

¿Estás opositando? Apunta esto

Todos ellos han conseguido sacarse las oposiciones y coinciden en los caminos que siguieron para hacerlo. “Sólo recomendaría opositar a alguien que tuviese muy claro que quiere ejercer una determinada profesión pública y no le importa hacer un gran sacrificio para conseguirlo”, comenta Escarlata. Para quienes estén seguros y les toque ahora hincar codos, tanto ella como los demás ofrecen algunos consejos basados en sus experiencias personales:

  • Aguante, confianza y disciplina: “No es necesario ser un estudiante brillante, con frecuencia los mejores expedientes en la Facultad fracasan en la oposición”, asegura Fernando. Él sabe de primera mano lo que hay que tener en cuenta a la hora de estudiar para las oposiciones y no son las buenas notas. Lo que sí que requiere, dice, es mucho aguante, confianza y disciplina. “A veces la madurez y la motivación son los mejores ingredientes para llegar a la meta”. @ladycrocs lo reafirma: “Es posible ante cualquier circunstancia y condición, no es preciso ser un privilegiado ni tener una posición acomodada”
  • Es una carrera de fondo: Susana aconseja seguir la misma dinámica basada en la disciplina: estudiar todos los días, “como una carrera de fondo”. “No hay que hacer un sprint los días previos al examen, ni darse el atracón el día antes de cantar temas”. Asegura que la clave son la constancia y la fortaleza y hace hincapié en un consejo importante: “Aquí no se puede tirar la toalla a la primera”. Por su parte, Escarlata recomienda seguir estudiando aunque no se convoquen oposiciones: “Lo acabarán haciendo y ahí estaréis vosotros para conseguir aquello por lo que tanto tiempo lleváis luchando”.
  • No dejarse influir: Susana también recomienda no dejarse influir por lo que puedan comentar otras personas. “Hay mucho cuñadismo, siempre hay alguien que cuenta que tiene una prima que tiene un vecino que aprobó en un año”, cuenta. "Hay que olvidarse de comparaciones”.
  • Otras opciones: La fiscal recalca que aunque la oposición es muy importante, no es lo único y que “no se acaba el mundo” por suspender. “El tiempo dedicado al estudio nunca es tiempo perdido y acaba dando su fruto, aunque sea canalizandolo en otra dirección.” Así lo ve también Escarlata que asegura que una retirada a tiempo es una victoria y que el estudio siempre es algo útil: “La formación que habéis conseguido sigue ahí”.
Alma, Corazón, Vida

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