ENTREVISTA CON VILLENA OLIVER

Las élites subordinadas: "Los empleados de calidad de la clase dominante"

Un nuevo libro descubre el entramado de poder, quiénes lo ocupan y con qué mecanismos. Pero también avisa de los cambios que se están operando respecto del pasado

Foto: El investigador Andrés Villena Oliver, autor de '¿Cómo se gobierna España?
El investigador Andrés Villena Oliver, autor de '¿Cómo se gobierna España?

En 'Cómo se gobierna España' (Comares Ed.), Andrés Villena Oliver, licenciado en Economía y Comunicación y doctor en Sociología, aborda el entramado de relaciones a que liga al poder público con el privado, y señala a los actores que sacan partido de esas redes de influencia. Su obra, tejida desde la técnica de Análisis de Redes Sociales, es novedosa en cuanto al método empleado, y señala las coincidencias y diferencias entre las élites actuales, las predemocráticas y las surgidas durante la Transición.

PREGUNTA. La burocracia de élite era típica del sistema planificador descrito por Galbraith, y de esa red de poder analizada por Wright Mills. Sin embargo, nuestro contexto es diferente. ¿Cuándo comenzó a producirse el cambio? En España, ¿la democracia supuso un reparto de posiciones nuevo? ¿Se incorporaron nuevos grupos a las élites o las mismas élites adoptaron otras perspectivas políticas pero siguieron allí?

RESPUESTA. Hay un trabajo que analiza España desde 1939 hasta 1993 y que demuestra empíricamente que la Transición es un proceso que lideraron los altos funcionarios, los abogados del Estado, los Técnicos Economistas del Estado y los diplomáticos, además de algunos financieros. Las élites preconstitucionales pasan al posfranquismo con facilidad, y la principal vía es el alto funcionariado. Hay un instante en que el PSOE hace mucha oposición a la UCD hablando de los funcionarios de élite, pero cuando llega al poder los hereda, con una salvedad, los abogados del Estado, a los que no da mucho juego.

En todo caso, el alto funcionariado era la manera de entrar en política y en los negocios. Eras hijo de diplomático, te hacías diplomático, o eras hijo de un abogado del Estado, seguías a tu padre y después podías acabar de director general en una gran empresa, estatal o privada. Además, en estos cuerpos había un espíritu, como afirmaba Bourdieu, que se concretaba en redes de ayuda, que podían impulsar tu trayectoria profesional. Hoy todavía tienen un espíritu corporativo, personas que se conocen hace mucho tiempo y siguen quedando a comer todas las semanas; y son gente que lleva en puestos dirigentes toda la vida.

En esas élites confluyen las visiones de la empresa privada y la administración. Son las ejecutoras porque toman decisiones que nos afectan a todos

Hoy, sin embargo, hay una diferencia, y es que se trata de cuerpos que alcanzan el nivel salarial máximo muy pronto. A lo mejor a los 35 años, ya estás ganando todo lo que puedes ganar y, en consecuencia, el incentivo de salida hacia el sector privado es muy elevado. El otro aspecto novedoso es que algunos de estos funcionarios han perdido peso, como los letrados de Cortes, y sobre todo, que con la llegada de los partidos aparecen personas con poder que no han necesitado aprobar una gran oposición.

Sin embargo, todos ellos siguen encajando en la descripción de la tecnoestructura de Galbraith. Aquí no hay separación entre Estado y mercado, sino que se produce un solapamiento de redes públicas y privadas. Son gente que está en un lado y en otro, dependiendo del momento, y que por su posición mixta conforman redes de decisores, porque en ellos confluyen las visiones de la administración y de la empresa privada. Son los grandes ejecutores porque toman decisiones que nos afectan a todos.

P. Cada vez es más frecuente el paso inverso, sobre todo en países anglosajones o en la estructura administrativa de la UE, y profesionales del ámbito privado dan el salto al público. Goldman Sachs es especialista en esto.

R. Sí, aquí también ocurre. Luis de Guindos es representativo de ese perfil. Es un economista del Estado, compañero de promoción de Soria, y a los tres años se fue a la empresa privada y después regresó. También les ocurrió a otros como Fernández de Mesa y Óscar Fanjul.

P. Pero hablamos del funcionariado en tiempos en que los Estados suelen estar subordinados a las instituciones internacionales y a la influencia de los mercados. Puede que sean la élite, pero serían una élite ejecutora, que gestionaría las directrices que reciben.

R. En cierta medida sí son una élite subordinada. Hay autores que los definen como los empleados de calidad de la clase dominante. Pero este es un momento mixto, y también personas provenientes de estas élites pueden integrar la clase dominante. Luis de Guindos puede ser uno de ellos, si se miden su influencia, su patrimonio, sus conexiones, etc. O Guillermo de la Dehesa, que fue un importante decisor en los 80.

Hoy pocas empresas deciden la inversión y la desinversión en los países. Frente a esta súper élite, los ricos locales tienen que adaptarse

En todo caso, estos son los actores que conectan al PP y al PSOE como decisores y los que unifican las decisiones. Existe una clase dominante, y esa tesis conservadora de que las élites están rotas porque el poder ha desaparecido, lo de 'El fin del poder' de Moisés Naim, es parte de la música que quieren que absorbamos: es una sociología que quiere suavizar el impacto de lo que está pasando.

P. Las élites del funcionariado eran fundamentalmente nacionales, mientras que las dominantes hoy son globales. ¿En qué está afectando este cambio? ¿Parte de las élites nacionales podrían desaparecer?

R. Hay una tesis general que dice que las élites nacionales se están fragmentando como consecuencia del proceso globalizador. Unos investigadores de una escuela suiza estudiaron la propiedad de 43.000 empresas transnacionales, y descubrieron que 147 de ellas controlaban el 40%, y 737 el 80% de las firmas. Son empresas de banca privada y de inversión y del sector seguros que se encuentran en el centro sistémico. Son ellas las que deciden la inversión y la desinversión de los países, el inicio y el fin de las crisis, y que remiten a una especie de comunismo al que ni siquiera se llegó en la URSS. Frente a esta súper élite, las élites locales tienen que adaptarse y actualizarse. Además, los elementos nacionales son cada vez más débiles. Mizruchi señalaba que a partir del reaganismo, cuando el poder de los sindicatos fue destruido, la patronal empezó a fragmentarse porque era una fuerza construida para enfrentarse a los sindicatos y para negociar con ellos. Pero una vez que estos quedaron fuera de juego, se rompieron los consensos y cada empresa comenzó a razonar por su cuenta. Se produjo así una gran dispersión y una locura especulativa en la que se perdió la identificación con la patria. Además, también se produjo una expansión que llevaba a muchas de estas empresas a tomar el control de los consejos de administración de otras firmas o a influir en muchas de ellas de forma decisiva, lo cual les ha otorgado un poder enorme.

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