Sanidad: ¿Eres pobre? Tu médico te atenderá peor
DESIGUALDAD EN LA CONSULTA

¿Eres pobre? Tu médico te atenderá peor

La disponibilidad de atención sanitaria suele ser inversamente proporcional a la necesidad de la población atendida

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 “La desigualdad en salud es la peor de las desigualdades. No hay peor desigualdad que saber que morirás más pronto por ser pobre”.

Frank Dobson, exsecretario de Estado de Salud británico

Imagine que aquellas personas que tienen peor estado de salud y que más acuden al sistema sanitario reciben peor atención que los pacientes más sanos. Imagine que la asistencia sanitaria se concentra en los grupos de población donde existe menor necesidad que, no por casualidad, son los más ricos.

No imagine más. Esta es la realidad. Conocida como la 'ley de cuidados inversos', fue enunciada en 1971 por Julian Tudor Hart en un artículo publicado en la prestigiosa revista médica 'The Lancet'. Y ha sido contrastada en numerosas ocasiones, desde entonces, en Inglaterra, Australia, Italia, Francia, Grecia y otros países europeos como Dinamarca, Países Bajos y Suecia. España no es diferente y diversos estudios muestran que el tiempo de espera para ser atendido por un médico especialista se incrementa para las personas con menor nivel educativo y de ingresos.

“Los profesionales sanitarios tratamos mejor a aquellas personas que más se parecen a nosotros. Dado que no existe ningún mecanismo para favorecer que en las facultades de medicina entren personas de diferentes características sociales nos encontramos con un colectivo profesional de titulados universitarios que se enfrentan a pacientes que en muchas ocasiones poco o nada tienen que ver con ellos”, explica el médico de familia y experto en salud pública Javier Padilla. “Es ahí donde las diferencias de atención se producen a no ser que los profesionales estén muy concienciados para revertir la tendencia natural a la generación de estas desigualdades”.

Los estereotipos y prejuicios sociales o culturales “pueden influir sutilmente en los médicos”, según la Asociación Estadounidense de Médicos

Los estereotipos y prejuicios “pueden influir sutilmente en los médicos”, según la Asociación Estadounidense de Médicos (AMA, por sus siglas en inglés), que recomienda a los médicos examinar sus propias prácticas y actitudes en busca de “sesgos sociales o culturales que podrían estar afectando inadvertidamente al tratamiento médico”.

Pero la 'ley de cuidados inversos' no se limita al sistema sanitario. En España, el 20% de los ciudadanos con más renta recibe el 40% de las transferencias sociales, mientras que el 20% con menos renta recibe solo el 10%, según un informe de la OCDE. Los más ricos reciben cuatro veces más gasto social que los más pobres. Un dinero que sirve, en teoría, para redistribuir la riqueza, en realidad, apuntala la desigualdad y el trasvase de riqueza desde las clases bajas a las clases altas.

La situación en España

Una investigación de las sociólogas de la Universidad del País Vasco Yolanda González-Rábago, Izaskun Cuartango y Amaia Bacigalupe muestra el desigual trato que, en España, otorgan los servicios sanitarios a los pacientes según su clase social, nivel educativo y situación laboral.

La proporción de mala salud percibida entre las mujeres de clase social más baja con respecto a las de clase social más alta es el doble

A menor clase social, peor salud. La percepción de mala salud por parte de las "mujeres de clase social más baja" llega incluso a duplicarse con respecto a las de clase social más alta, según el estudio. La diferencia entre tener trabajo también marca una diferencia: el 22,6% de los hombres en paro tienen mala salud frente a un 15,9% de los empleados.

En cuanto a la salud mental, el nivel de estudios es un gran condicionante, concluyen las investigadoras, pues las personas con estudios primarios  "tienen el doble de probabilidades de padecer algún trastorno mental. La crisis económica no ha hecho sino empeorar la situación. Los datos muestran un “aumento de las desigualdades por clase social” en cuanto a salud mental, y un incremento de la disparidad de la mortalidad general entre los hombres según el nivel de estudios.

La crisis económica ha causado un “aumento de las desigualdades por clase social” en la salud mental y en la “mortalidad general entre los hombres”

La clase social también marca diferencias en el uso de las consultas de atención primaria, que es más frecuente entre las personas de clase social "más desfavorecida”, cuya probabilidad de acudir a atención primaria “se multiplica por más de tres”.

En cambio, se invierte el patrón cuando hablamos de las consultas con el médico especialista. En este caso, son las personas con mejor situación socioeconómica las que acceden con mayor frecuencia. Es un 46% menos probable que las personas “en el extremo más desfavorecido de la jerarquía social” accedan al especialista por comparación con las de clase más elevada. El estudio pone de relieve que “los grupos poblacionales más privilegiados tienen un mayor acceso a la atención médica pese a tener de media mejor salud que los más desfavorecidos”.

Los más privilegiados tienen un mayor acceso a la atención médica pese a tener mejor salud que los más desfavorecidos

Las autoras atribuyen las diferencias de salud a “la ausencia de ingresos procedentes del trabajo” y a “la pérdida de otros beneficios asociados como el estatus social, la autoestima y la actividad física y mental”.

“Hay que favorecer a quienes más lo necesitan”

“La ley de atención inversa se da, fundamentalmente, por cuestiones derivadas de la gestión de los servicios, por el comportamiento de los profesionales sanitarios y por el comportamiento de los pacientes”, explica la socióloga Amaia Bacigalupe, una de las autoras del estudio. En su opinión, los pacientes más favorecidos perciben una “asimetría de poder respecto al profesional sanitario”, que existe realmente y que tiene consecuencias en la forma de relacionarse con su médico y en la capacidad de exponer su problema de salud y de exigir una derivación al especialista o reclamar por una atención no adecuada cuando es necesario.

¿Y qué le pasa al médiconbsp;"Hay estudios que muestran cómo los médicos generan mayor empatía con pacientes provenientes de estratos sociales similares a los suyos, ya que comparten códigos de expresión que facilitan su interacción”, señala Bacigalupe. “Se ha comprobado en algunos países cómo el tiempo de la consulta es mayor con pacientes de niveles socioeconómicos más elevados", a pesar de que en general son los más humildes quienes acuden a la consulta con "mayor número de problemas de salud y más complicados”, añade.

Los médicos generan mayor empatía con pacientes provenientes de estratos sociales similares a los suyos, que suele ser clase media-alta

“Una política que reparte por igual los recursos sanitarios” no generará mayor igualdad, a diferencia de lo que a menudo se piensa. “Se ha demostrado que es importante reforzar la inversión y la asignación de recursos y la implementación de políticas en las zonas más desfavorecidas, ya que las personas que viven allí son habitualmente las que más necesidades tienen y los profesionales tienen mayor dificultad de desarrollar su trabajo en consulta”, explica la socióloga Bacigalupe.

Javier Padilla apunta que “el sistema está hecho para que la 'ley de cuidados inversos' se reproduzca, dado que no establece mecanismos específicos encaminados a revertirla. Las diferencias de información, de control del funcionamiento de las instituciones y los servicios de salud... favorece que la ley de cuidados inversos se amplifique”. Los recortes, “aplicados de manera no selectiva”, han agravado este problema, explica. “Acabar con la cobertura sanitaria universal o los recortes en atención primaria supone una manera de recortar tremendamente dañina para la población más vulnerable”.

Para Amaia Bacigalupe, los sistemas de salud públicos universales, gratuitos y de calidad son esenciales para mitigar las consecuencias de la 'ley de cuidados inversos'. “Cuando los servicios de salud se privatizan y dañan su calidad, los pacientes que primero lo sufren son los más desfavorecidos, lo cual aumenta el impacto que tiene esta ley“, añade. Padilla cree que “hay que redireccionar los sistemas de salud para que empiecen a ponérselo más fácil a quien más lo necesita”.

Los sistemas de salud públicos universales, gratuitos y de buena calidad son esenciales para mitigar las consecuencias de la 'ley de cuidados inversos'

Pone como ejemplo de actuación las vacunas: “No basta con ofertar a toda la población los programas de vacunación, sino que además habrá que ir hacia la población con problemas de acceso al sistema sanitario sin esperar a que sean ellos los que vayan al sistema sanitario”. También apuesta por “actuar sobre los determinantes sociales de la falta de acceso o de la mala asistencia” como los niveles económico y de instrucción, entre otros.

Javier Segura del Pozo, médico salubrista y subdirector general de Prevención y Promoción de la Salud del Ayuntamiento de Madrid, aboga por “hacer un estudio de las barreras existentes y un plan para afrontarlas; formar al personal de recepción para dar un servicio acogedor, revisar la accesibilidad para personas con diversidad funcional; tener mediadores socioculturales que faciliten el acceso a minorías étnicas e inmigrantes”. Pero la principal medida, sostiene, es “salir a la comunidad al encuentro de la población en su vida cotidiana, pasar de las batas a las botas. Hay que integrar el trabajo comunitario al personal sanitario”.

Peor salud y peor atención para las mujeres

Además de la clase social, el género es otro determinante de la salud de las personas, según las sociólogas. Entre la población desempleada, el 32,3% de las mujeres dice tener mala salud frente al 22,6% de los hombres desempleados.

"Las mujeres no reciben una adecuada atención sanitaria en relación con la causa de sus síntomas. La enfermedad puede seguir causando dolor y malestar"

Las autoras concluyen que estos datos “muestran la existencia de importantes desigualdades de género” aunque “se reducen considerablemente entre los grupos sociales más aventajados”.

“Las mujeres no reciben una adecuada atención sanitaria en relación con la causa subyacente de sus síntomas. Las consecuencias son que la posible enfermedad puede seguir causando dolor y malestar, reduciendo la posibilidad de beneficiarse de la prescripción de un tratamiento adecuado al demorar el diagnóstico, así como los efectos secundarios del uso de medicamentos”, explica Elisa Chilet Rosell, doctora en Salud Pública e investigadora del Grupo de Investigación de Salud Pública de la Universidad de Alicante.

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