el enigma DE UN SEGUNDÓN CON SUERTE

La poco honorable historia del fundador de Guernica (y un asesinato sin resolver)

Don Tello, señor de Vizcaya, un mequetrefe, corto de estatura y de ego desproporcionado no pasó a la historia por sus por sus valerosas actuaciones

Foto: Estatua de Don Tello en la plaza de los fueros de Guernica.
Estatua de Don Tello en la plaza de los fueros de Guernica.

“El hombre es un lobo para el hombre”.

Thomas Hobbes (1588 - 1679)

Según los cronistas de la época, doña Leonor de Guzmán (1310-1351), era una mujer bellísima a la que Alfonso XI, aunque casado con Blanca de Portugal, algo menos agraciada que la esbelta castellana y a la que repudiaba de facto, no tuvo reparo en hacerla diez hijos, uno detrás de otro, así como quien no quiere la cosa.

Pero como en las mejores sagas, la compañera lusa del rey, mujer de armas tomar, albergaba una inquina sobrealimentada contra su prolífica rival y amante sobrada de recursos. Pedro I el Cruel, a la sazón hijo único de este matrimonio formal pero mal avenido, y por lo tanto legítimo heredero del trono, fue sometido a una intensa manipulación por parte de su agraviada madre.

El tal Don Tello, tras una serie de andanzas de poca monta, acabaría como señor de Vizcaya –consorte por otra parte–, ya que se casaría con la legítima heredera

El caso, es que a la muerte del rey, la primera acción del sanguíneo y vehemente retoño, no fue otra que la de rebanar cuellos a diestro y siniestro. Cuando le llegó el turno a la autora de la innumerable cohorte de hermanastros, producto del furor adeneico del rey fenecido, el nuevo monarca tuvo un acceso de compasión inusual y perdonó la vida del tibio y espigado chaval –el llamado más tarde Don Tello–, que no hizo nada por evitar la muerte de su progenitora, algo quizás comprensible por su temprana edad y por la afamada crueldad del colérico nuevo rey.

El tal Don Tello, tras una serie de andanzas de poca monta, acabaría como señor de Vizcaya –consorte por otra parte–, ya que se casaría con la legítima heredera, doña Juana de Lara. A la luz de sus cuestionadas futuras acciones, desprestigiaría y mucho con su proverbial y acusada vasoconstricción cerebral a tan digno señorío, pues el insensato era un poco ligero de cascos y con serios recortes en las entendederas. Nunca antes el Señorío de Vizcaya había tenido un representante tan poco cualificado.

Pero el largo brazo de Pedro I el Cruel, no cesaba en su ardua labor ejecutora. Allá por el año 1359, este despiadado rey, acabaría –por delegación–, con la vida de aquella integra y honesta mujer, con perfil de consenso en el entero y vasto Señorío de Vizcaya.

Los reyes castellanos antes de ser proclamados Señores de Vizcaya, acudían solemnemente a Guernica a prestar el juramento de respeto

El mequetrefe, corto de estatura y de ego desproporcionado, ya apuntaba maneras. Quiso mantener el Señorío de Vizcaya a la muerte de su mujer, haciendo trampas, pero de las chuscas. Contrató a una convicta para que se hiciera pasar por su otrora parienta, hasta que se descubrió la añagaza. Más tarde, durante la batalla de Nájera –otra agarrada más entre los hermanastros por la rancia inquina que se profesaban–, se dio a la fuga dejando a su hermano Enrique expuesto a su suerte, argumentando más o menos que se había dejado unas lentejas en el fuego. Hay que destacar que la distancia entre Nájera y Bilbao era por entonces de unos 160 Kilómetros, si no han cambiado de sitio claro está. Pero sin embargo, cuando su hermano Enrique II, repuesto de aquel desastre, le da el finiquito al contumaz Pedro I el Cruel con sus propias manos en el asalto al Castillo de Montiel, a este alfeñique metido a mayores se le antoja que puede sacar tajada y se acerca a su victorioso hermanito sin rubor alguno. Una pieza la criatura.

Un tradicional 'rendez vous' 

Pero por lo que ha pasado a la historia el mendaz Don Tello, no ha sido precisamente por sus valerosas actuaciones, de las que era un abonado al escaqueo; si no por su fiebre constructora. Marquina, Elorrio, Gernika y otras tantas villas próximas a la encrucijada formada entre los caminos de Bermeo a Durango y de Bilbao a Elantxobe y Lekeitio, fueron un eje mercantil de singular efervescencia. Esta idea del apocado Señor de Vizcaya le redimió de los desatinos con los que coronaria su irregular mandato plagado de desatino.

Teniendo como vía natural la ría, a donde los barcos podían acceder hasta la llamada casa del Puerto de Suso, y potenciando los embarcaderos de Mundaka, potenció el emergente y fluido comercio con Flandes e Inglaterra en el que las mercaderías naturales de Castilla transitaban por los diferentes puertos de la costa vizcaína, sin cortapisas ni limitaciones fiscales.

Besamanos a Fernando el Católico por vizcaínos en 1476, es una pintura de Francisco de Mendieta realizada en 1609.
Besamanos a Fernando el Católico por vizcaínos en 1476, es una pintura de Francisco de Mendieta realizada en 1609.

Bien es cierto que los reyes castellanos antes de ser proclamados Señores de Vizcaya, acudían solemnemente a Guernica a prestar el juramento de respeto a los fueros vizcaínos. Este añejo y tradicional 'rendez vous' practicado ante el árbol de Gernika, roble que simboliza las libertades tradicionales de Vizcaya y los vizcaínos, y por extensión, las de los vascos, sellaba un acuerdo de amistad secular entre los castellanos y los naturales del pais. El propio rey Fernando el Católico en su pleitesía a los ancestrales valores democráticos y costumbres locales, así como con el ojo puesto en las necesarias salidas de Castilla y sus mercaderías, estamparía su firma de renovación e intenciones tras un bien surtido banquete, un día tal como el del 30 de julio de 1476. Francisco de Mendieta, pintor alavés del XVII, recogería en un cuadro denominado popularmente “El besamanos” este añejo y simbólico acto.

Razones para eliminar al conde había bastantes en la época; no hay que olvidar que pertenecía a una familia con un largo historial de homicidios

No se le puede añadir demasiada biografía destacable a quien no tuvo mucho guion existencial, dadas sus evidentes carencias como gobernante, por mucho que su asociación con la famosa villa mártir le diera pábulo ante la historia.

Pero más allá del vínculo de este personaje con esta villa sagrada para los vascos, el enigma surge al descubrirse su mortaja. El investigador palentino Marcial Castro, apunta tras más de seis siglos de ocurrida su muerte, a la más que posible muerte violenta de este desnortado elemento. Aunque las conclusiones no son definitivas pues quedan pendientes pruebas genéticas, antropológicas y radiológicas, muchos indicios apuntan a un posible asesinato. Signos claros de violencia en la parte del occipital, y con un recorrido claro hasta la parte coronal del cráneo, donde hay marcas más que evidentes de golpes, permiten concluir que el conde pudo ser asesinado de varios golpes en el cráneo. Esta posible certidumbre se agranda cuando se constata que el hueso estaba todavía húmedo, es decir fresco, a juicio del historiador.

Esta teoría contrasta con las crónicas históricas y con el testamento de Don Tello, en el que se habla de una muerte natural. Razones para eliminar al conde había bastantes en la época; no hay que olvidar que pertenecía a una familia con un largo historial de homicidios, en el que se exterminaban a destajo.Todo ello nos llevaría a preguntarnos sobre la validez del testamento de Don Tello. En un bello sarcófago de esmerada factura policromada en un convento de Palencia, yace la respuesta muda.

¿Quién fue el verdadero beneficiario? El manto de la historia tiene a veces aspecto de hermética alfombra, con un subsuelo más que inquietante.

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