¿DONACIÓN O EVASIÓN DE IMPUESTOS?

Filantropía S.A.

La imagen pública es una cosa, y la realidad otra. Zuckerberg ha anunciado que dará casi toda su fortuna a causas benéficas, pero la finalidad que busca parece ser otra

Foto: Zuckerberg tiene motivos para sonreír. (Reuters)
Zuckerberg tiene motivos para sonreír. (Reuters)

El anuncio de Mark Zuckerberg de que iba a donar el 99% de sus acciones de Facebook a una fundación que promovería obras sociales, desde la lucha contra la desigualdad hasta la curación de enfermedades, ha supuesto el relanzamiento publicitario de la caridad billonaria: 'moguls' como Gates o Warren Buffett habían marcado el camino prescindiendo de parte de sus enormes fortunas para dedicarlas a la caridad o a las acciones sociales. El mundo de la filantropía, muy anclado en el ámbito anglosajón desde la época de los 'robber barons', cuenta con sucesores preocupados por el bienestar común, al que vendría a unirse Zuckerberg.

Sin embargo, los nuevos magnates, en especial los del mundo tecnológico, parecen estar más cerca del siglo XIX que del XXI. Como ha denunciado el periodista Jesse Eisinger en un demoledor artículo publicado al mismo tiempo en 'ProPublica' y 'The New York Times', Zuckerberg no ha donado su fortuna a la caridad, lo que ha hecho es crear un poderoso instrumento de inversión que le permitirá ahorrar un dineral en impuestos y utilizar la nueva empresa creada como instrumento de lobby.

Lo que ha hecho Zuckerberg, según Forbes, es librarse de pagar impuestos, quizás para siempre

La Iniciativa Chan Zuckerberg, la compañía que ha creado el fundador de Facebook para canalizar su “donación” no es una fundación caritativa –como sí lo es, por ejemplo, la Fundación Bill y Melinda Gates–, por lo que no tiene obligación legal de renunciar al “ánimo de lucro” y ser transparente en todas sus acciones. Lo que ha creado Zuckerberg es una Sociedad de Responsabilidad Limitada (SRL), un tipo de sociedad mercantil, sobre la que tiene absoluto control y que le servirá como instrumento para fines diversos.  

Como ha explicado Victor Fleischer, especialista fiscal de la University of San Diego School of Law, si su SRL decide vender las acciones que ha “donado” Zuckerberg, tendría que pagar un elevado impuesto sobre las ganancias de capital (la imposición de plusvalías), sobre todo si las acciones de la compañía siguen subiendo. Si la SRL dona dinero a una organización benéfica, obtendrá una deducción como cualquier otra compañía o persona. Pero el plan maestro, la razón más que probable por la que el fundador de Facebook ha hecho todo esto, es que la SRL done directamente las acciones a quien considere pertinente (ya sea Greenpeace o la campaña de un candidato a la presidencia), lo que generaría una deducción impositiva equivalente a su valor de mercado, sin ningún tipo de carga impositiva.

Lo que ha hecho Zuckerberg, la décimo sexta persona más rica del mundo según 'Forbes', no es otra cosa que encandilar a la gente por librarse de pagar impuestos, quizás para siempre. Y ni siquiera se ha ganado esto por montar una fundación, lo ha logrado creando una empresa con la que puede hacer lo que le venga en gana. Con los impuestos que generan sus 40.000 millones el Gobierno estadounidense podría haber creado escuelas, hospitales, residencias de ancianos… Ahora no tendrá ningún control sobre ello.

“El retorno en imagen pública de su inversión es mucho mayor que el beneficio que obtiene de sus acciones”, asegura Eisinger. “Zuckerberg ha sido dibujado en términos extremadamente elogiosos por haber movido su dinero de un bolsillo a otro”.  

Esta es la foto que ha acompañado al anuncio. Puro 'marketing'. (Reuters)
Esta es la foto que ha acompañado al anuncio. Puro 'marketing'. (Reuters)

Esto no es una ONG

Parece una contradicción que el multimillonario más joven del mundo haga movimientos más propios de la burguesía de hace dos siglos, pero en realidad es algo habitual entre las nuevas empresas de corte tecnológico, las que conducen una compañía de la nada al cielo empresarial gracias al poder de la innovación disruptiva. Como ya señalamos en El Confidencial, quizá exista demasiada disrupción, porque muchas de estas compañías han logrado establecer excepciones que las hacen funcionar con las mismas “ventajas” que gozaban las grandes firmas del siglo XIX.

Así, la excusa de desenvolverse en un contexto novedoso en el que las amenazas son múltiples (“cualquier chico puede inventar algo que acabará con nuestra empresa”), ha terminado por justificar la enorme concentración del sector y los regímenes de monopolio, o de oligopolio en el mejor de los casos, son habituales en el mundo de las nuevas empresas. La normativa sobre competencia, que se ha aplicado con rigidez en ocasiones recientes, por ejemplo a la hora de abrir los mercados en el caso de empresas estatales que iban a dejar de serlo, se ha infrautilizado en estos casos.

Es también habitual encontrar a las empresas tecnológicas entre las que deciden no pagar impuestos en los lugares en los que operan. Así, Google, una firma cuyo volumen de negocio es de los más importantes dentro del sector, apenas pagaba en España gracias a un agujero legal que le permitía trasladar sus beneficios a Irlanda, donde el tipo efectivo del impuesto de sociedades es mucho más reducido, y transferirlo de nuevo hacia el paraíso fiscal de Bermudas. Y lo mismo ha ocurrido en otros países europeos, como el Reino Unido, donde se han puesto en marcha campañas para que firmas como Amazon o Google paguen las cantidades que les corresponden. Facebook también ha empleado esta clase de técnicas a lo largo de su andadura.

Aplaudo el deseo de Zuckerberg de promover la igualdad, pero debería empezar por pagar impuestos

En definitiva, que muchas de estas grandes compañías dicen ser la nueva expresión de los negocios en el siglo XXI, utilizan la globalización para saltarse los controles legales que se habían puesto en marcha a lo largo del siglo XX. En un artículo publicado en 'Forbes', y titulado 'Google, el robber baron del siglo XXI', se listaban las numerosas infracciones que la empresa había cometido. Uber, una empresa con problemas legales en España, está logrando hacerse un lugar en el mercado gracias a un modelo de negocio que sólo es factible si se desmantela toda la regulación que los países habían establecido respecto a la prestación de servicios de transporte. Uber gana dinero porque sus empleados no son legalmente sus empleados, sino asociados: deben poner el automóvil, la gasolina, pagar sus impuestos y sus cuotas de seguridad social, y además prestar el servicio. Lo peculiar es que este modelo no hubiera sido aceptado desde mediados del siglo XX por ninguna nación occidental. Facebook, por su parte, pagó 5.838 euros de impuestos en Gran Bretaña en el año 2014, mientras que un empleado medio debe cotizar 7.277 euros.

Por eso, Gabriel Zucman, un profesor de economía de la Universidad de California Berkeley, aseguraba a Bloomberg “aplaudir el énfasis de Zuckerberg en promover la igualdad, pero debería empezar por pagar impuestos. Una sociedad donde los ricos son los que deciden cuántos impuestos pagan no es una sociedad civilizada”. La iniciativa de Zuckerberg ha sido calificada de hipócrita, en la medida en que no puede asegurar que va a promover el bien social cuando su primera obligación para con los demás queda a su arbitrio, y además construye un instrumento para seguir evitándola, y lo llama caridad.

“En lugar de cubrir con elogios a Zuckerberg por haber emitido un comunicado de prensa con una promesa, esto debería ser una ocasión para reflexionar sobre el tipo de sociedad en la que queremos vivir”, asegura Jesse Eisinger. “¿Quién debe financiar las necesidades de la sociedad y cómo? Las organizaciones benéficas raramente financian necesidades cotidianas vitales. ¿Qué implicarían 40.000 millones de dólares en la creación de empleo o infraestructuras?”

 

 

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