TINDER TAMBIÉN PUEDE SER ROMÁNTICO

La historia de amor más bonita que sólo puede ocurrir en el siglo XXI

Poco podía imaginar Thomas cuando, en mitad de un viaje relámpago a Chicago por traajo, agarró el móvil para mirar Tinder, que de esa manera conocería a la mujer de sus sueños

Foto: Grace, a punto de emprender el viaje de sus sueños. (Vimeo/Thomas Gallagher)
Grace, a punto de emprender el viaje de sus sueños. (Vimeo/Thomas Gallagher)

La historia es siempre la misma. Un chico y una chica se conocen de casualidad, se enamoran, comparten maravillosos momentos de complicidad, surgen las dificultades, las superan y son felices para siempre. O, al menos, eso nos han enseñado los cánones del cine romántico. Hoy en día, sin embargo, quizá nos veamos obligados a introducir algún cambio. Por ejemplo, un chico y una chica se conocen de casualidad en Tinder, o comparten maravillosos momentos de complicidad mientras viven a miles de kilómetros de distancia, o son felices por un rato (pero se lo pasan bien).

Es lo que ha ocurrido con una pareja cuya historia ha contado el miembro masculino de la misma en el foro de Reddit, donde escribe bajo el nombre de Iagger, y que han recogido otros medios de comunicación como The Daily Mail. Se trata de una de esas historias que nos recuerdan que el amor a distancia puede funcionar, pero también que las nuevas aplicaciones como Tinder no son sólo una puerta abierta al sexo fácil y a las relaciones de mala calidad, como denuncian tantos luditas.

El amor en la era del móvil

Thomas se encontraba de viaje de trabajo en Chicago, a más de 1.000 kilómetros de su hogar, cuando decidió meterse en Tinder, la aplicación para conocer gente por antonomasia. Aunque no ha explicado exactamente qué buscaba, entre aburrido y curioso empezó a intercambiar mensajes con una chica que, en su perfil, había puesto varias fotografías de sus viajes. En la conversación que mantuvieron, y que él mismo ha publicado en internet, se define como “desafortunado” por estar tan lejos de casa. “No es divertido estar solo”, le explica a su conquista. “No se trata más que de un viaje de 28 horas para trabajar y esfumarme”.

Aunque ambos dieron el 'ok' en sus perfiles de Tinder, Thomas sólo pasaría unas horas en Chicago

El viajero explicaba a la chica llamada Grace que próximamente tenía planeado viajar a Islandia y, más tarde, a Nueva Zelanda. Ante la pregunta de esta de “espera, ¿estás ahí y simplemente te das la vuelta?”, Thomas la propone el trato que puso en marcha su relación: si ella le lleva a Nueva Zelanda, él le acompañaría a China.

El gran problema es que, aunque en ese momento ambos se encontraban en Chicago, Thomas apenas pasaría unas horas más en la Ciudad del Viento, como le había explicado a Grace. Ni siquiera tenía ninguna pretensión. Como explicó Thomas, “en realidad Tinder era más una cosa en plan '¿estoy bueno o no?' para darme confianza, pero no esperaba ni quería conocer a nadie. Pero estoy feliz de haberlo hecho”.

Durante el siguiente mes, Grace y Thomas siguieron comunicándose a través de mensajes, a través de llamadas telefónicas, pero la relación marchó tan bien que terminarían decidiendo encontrarse en persona. No sólo una vez para comprobar si aquello que habían sentido a través del teléfono tenía su correspondencia en la vida real, sino en sucesivas ocasiones en las que llegaron a conocerse en profundidad. Al final, terminarían viajando por todo el país para verse casi todos los fines de semana.

La historia no termina ahí. ¿Recuerdan que, en el mes de marzo, cuando dos absolutos desconocidos comenzaron a entablar conversación en dos rincones de Chicago, Thomas le prometió a aquella chica que acababa de conocer que la llevaría a China? Pues bien, el pasado martes, ambos se embarcaron en un viaje hacia el país oriental, tal y como han mostrado en un vídeo y diversas fotografías que han publicado en las redes sociales. ¿El próximo destino de la feliz pareja? Como no podía ser de otra manera, Nueva Zelanda. Thomas, al menos, ha superado todos sus miedos a conocer a alguien por internet: “Aún no me ha intentado asesinar y todavía no ha mostrado ningún signo de que pueda ser un robot. Sinceramente, no puedo ser más feliz”. Qué monos, ¿no?

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