IAN CALDWELL PUBLICA ‘EL QUINTO EVANGELIO’

Lo que descubrí después de pasar 11 años investigando al Vaticano

Para su último libro, Ian Caldwell ha pasado más de una década husmeando en los entresijos del Vaticano. Y ha descubierto unas cuantas cosas que nos hacen replantearnos lo que sabemos sobre él

Foto: El papa Francisco celebra su primera Misa del Gallo en la Nochebuena de 2013. (Efe/Ettore Ferrari)
El papa Francisco celebra su primera Misa del Gallo en la Nochebuena de 2013. (Efe/Ettore Ferrari)

En 2004, el estadounidense Ian Caldwell podía considerarse uno de los escritores más afortunados del panorama internacional. Acababa de publicar junto a su amigo de la infancia Dustin Thomason El enigma del cuatro (Puzzle Editorial de Libros), un best seller policiaco que se encontraba en algún punto intermedio entre Umberto Eco y Dan Brown (que cada cual decida exactamente dónde). El libro pasó 49 semanas en la lista de los superventas del New York Times y fue traducido a 35 lenguas. No sólo eso, sino que entre invasión e invasión, se podía ver al presidente George Bush con el libro entre la manos.

Gracias a las grandes cantidades de dinero que ingresó en su cuenta corriente, Caldwell se planteó un objetivo aún mayor: investigar en profundidad el Vaticano para contar la historia de un sacerdote durante los últimos días del papado de Juan Pablo II en la que se desvelasen algunos de los misterios de la Iglesia Católica. 11 años ha tardado el autor en recopilar toda la información y terminar el manuscrito del libro, que se acaba de editar en Estados Unidos. Como explica en un artículo publicado en Salon, ello le ha permitido descubrir unas cuantas cosas sobre el funcionamiento del Vaticano, la Iglesia católica y la fe cristiana.

Los sacerdotes están siendo entrenados para permitir, e incluso insistir, en que hay partes de los evangelios que no deben ser interpretadas como Historia

El Vaticano no es tan misterioso como parece…

…Simplemente, hay tal cantidad de información que resulta prácticamente imposible hacerse una idea clara sobre lo que ocurre. De igual forma que sucede con las instituciones que publican sus cifras pero complican el acceso, Caldwell reconoce que hay cientos de investigaciones sobre lo que ocurre en las 44 hectáreas que abarca el Estado –él mismo compró 600 libros sobre el tema–, pero lo difícil es sumergirse en toda la información existente. “La búsqueda de información sobre el Vaticano es enloquecedora no porque la información sea escasa, sino porque es oceánica, no tiene fin, y abarca siglos. A causa de ello, cuando piensas que estás a punto de descubrir algo, simplemente te vuelves a hundir en el abismo”.

El mayor misterio: la habitación del Papa

Caldwell sabía que el clímax de la narración debía transcurrir en la habitación del Papa, y también que debía estar descrita con detalle. Fue entonces cuando se topó con una de las grandes dificultades que le planteó la redacción de su libro: en ninguno de los volúmenes de fotografías que había consultado o adquirido aparecía una instantánea de la estancia donde dormía el Papa. Ni siquiera sus biógrafos ofrecían descripciones demasiado minuciosas de la habitación, más allá de que tenía una gran cama (vaya, qué sorpresa).

Audiencia del papa Francisco con obispos de Ucrania. (Efe)
Audiencia del papa Francisco con obispos de Ucrania. (Efe)

El autor consiguió lo que buscaba cuando localizó a un antiguo fotógrafo papal que estaba comercializando sus fotografías de forma digital, entre las que figuraba una del Papa posando en una estancia. Esta encajaba con la descripción que había realizado un secretario de Juan XXIII de la habitación. Parece ser, explica Caldwell, que se decora a gusto de su inquilino: se trata de un dormitorio austero, con paredes planas, sin frescos ni ningún cuadro en ellas, más allá de las fotografías que el Papa de turno haya añadido. El suelo es ajedrezado y hay una puerta de madera que da al cuarto de baño. Una descripción no tan lejana a la que habían presentado películas como El padrino III de Francis Ford Coppola.

La Biblia ya no es un texto literal

El escritor se topó con uno de los hallazgos que considera más sorprendentes después de entrevistar al primer sacerdote con el que contó para el libro. Este le explicó el proceso de estudio de la Biblia que seguían los seminaristas; en concreto, lo que se conoce como los evangelios sinópticos, es decir, tres de los cuatro evangelios canónicos (los de Mateo, Marcos y Lucas), que coinciden en la mayor parte de sus descripciones sobre la vida de Jesús. Sin embargo, hay un episodio en el que varían en multitud de detalles: la resurrección de Jesucristo. Para Mateo, se produjo un gran temblor de tierra y un ángel bajó de los cielos; Marcos señala que cuando las mujeres llegaron, el ángel había retirado ya la roca. Según Juan, fue sólo María Magdalena quien encontró el hueco vacío, pero según los evangelios sinópticos, se trataba de un número indeterminado de mujeres.

No, no hay presunción de inocencia en el Derecho Canónico

Para sorpresa de Caldwell, la formación no sólo no pasaba de puntillas ante estas divergencias que los críticos han utilizado para desacreditar la Biblia, sino que hacían hincapié en ellas como una forma de olvidarse de lo accesorio y centrarse en lo esencial: “Los sacerdotes están siendo entrenados para poner las escrituras bajo el microscopio. Para permitir, e incluso insistir, en que hay partes de los evangelios que no deben ser interpretadas como Historia”.

El Derecho canónico es inescrutable

El Vaticano se rige por dos códigos legales. Uno se asemeja a la legislación italiana y se basa en las garantías que comparten mucho países como el derecho a un juicio justo o la presunción de inocencia. Por otra parte, se encuentra el Derecho canónico, basado en su finalidad, su carácter jurídico y su autonomía científica. Aunque no puede condenar a un hombre a prisión, sí puede excomulgarlo. Sin embargo, es muy difícil averiguar cómo funciona exactamente, puesto que los tribunales trabajan de forma secreta, y tan sólo han gozado de cierta publicidad en tiempos recientes durante los juicios por abusos sexuales de sacerdotes.

Caldwell consiguió entrevistar a un experto en Derecho canónico, que nunca se identificó con su propio nombre, y que le ayudó a resolver algunas dudas sobre el código. No, no hay presunción de inocencia. El acusado no puede enfrentarse al que le acusa. A diferencia de lo que ocurre con nuestro sistema legal, las pruebas son válidas independientemente de cómo hayan sido obtenidas, mientras el juez entienda que son importantes. La defensa y la acusación no compiten, sino que son los jueces los que realizan todas las preguntas. Y hay una categoría más allá de la de culpables e inocentes: la de las “acusaciones no probadas”, que reconoce que hay algunas verdades que no pueden conocerse. Un signo de que los tiempos para la Iglesia también están cambiando. 

Alma, Corazón, Vida

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