La verdad sobre "La casa de la pradera", que no gustaría nada a Michael Landon
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SE PUBLICAN LAS MEMORIAS DE LAURA INGALLS

La verdad sobre "La casa de la pradera", que no gustaría nada a Michael Landon

La autobiografía de Laura Ingalls (1867-1957), autora y protagonista de La casa en la pradera ("Little House on the Prairie"), está arrasando en el mercado americano

placeholder Foto: La taza de Michael Landon quizá contenía whisky, y puede ser que las niñas estuviesen tramando destripar a algún animal.
La taza de Michael Landon quizá contenía whisky, y puede ser que las niñas estuviesen tramando destripar a algún animal.

¿American Sniper de Chris Kyle? ¿Una nueva novelita erótica? ¿Un best seller conspiranoico? Nada de eso. El libro que está arrasando en el mercado editorial americano es la autobiografía de Laura Ingalls (1867-1957), autora y protagonista de La casa en la pradera (Little House on the Prairie) y otra larga serie de libros que inspiraron la popular serie de televisión protagonizada y producida por Michael Landon, que daba una idílica visión de la vida de los pioneros que habitaban en el Medio Oeste americano durante el siglo XIX.

Si tanta expectación ha levantado el libro, llamado Pioneer Girl: the Annontated Autobiography, es porque responde a una fórmula mágica, en la que se dan la mano la nostalgia de aquellos que vieron en su día una serie ya de por sí basada en la añoranza de tiempos pasados con el morbo que han generado algunas de las revelaciones del libro, y que señalan que, como era de esperar, la vida en los Estados Unidos del siglo XIX no era tan de color de rosa como se pensaba.

“En esa época, la vida era dura”, ha declarado a AFP Nancy Tystad Koupal, directora de South Dakota State Historical, la pequeña editorial que ha publicado las memorias de Ingalls 84 años después de ser escritas. “La violencia era algo frecuente. Era parte de la vida de los pioneros”. Nada de una bonita cabaña en mitad del campo: la familia Ingalls nunca tuvo un hogar en su propiedad, y se veían obligados a mudarse continuamente de un apartamento a otro, a veces en mitad de la noche, cuando no podían pagar el alquiler. Eran unos okupas avant la lettre.

De la casa en la pradera al burdel en las montañas

Sólo las personas más candorosas podían pensar que la serie que se emitió entre 1974 y 1983 ofrecía una imagen absolutamente fiel de lo ocurrido en estados como Dakota o Wisconsin en la era de la colonización, pero pocos se esperaban que la pequeña Laura Ingalls viese tanto horror durante sus primeros años de vida. En un fragmento del libro, la autora explica cómo uno de sus vecinos de Burr Oak roció con keroseno su dormitorio, le prendió fuego y acto seguido procedió a arrastrar a su mujer por los pelos hasta la pira, hasta que fue detenido por Charles, el padre interpretado por Landon.

En otro capítulo, Laura cuenta cómo estuvo a punto de ser violada por el marido borracho de una mujer enferma a la que cuidaba. Tan sólo pudo librarse del hombre a golpes. Ingalls también desvela que su padre, el santurrón interpretado por Michael Landon, era en realidad un gruñón con un genio especial para escaquearse de pagar el alquiler. Todos estos capítulos fueron cercenados de las novelas originales, publicadas durante los años 30, y de la serie de televisión que ofrecía al público americano la versión más amable posible de esa sociedad de colonos. Lo más trágico que podía ocurrir en la serie de televisión es que la maligna Nellie Oleson chinchase un poco a las hermanas Ingalls. En la vida real, Laura y Mary descuartizaban a los cerdos que criaban antes de jugar al fútbol con su vejiga.

La polémica ha rodeado a la serie de novelas, destinadas a un público infantil, desde su publicación. Aunque raramente las memorias de Laura –que incluyen otros volúmenes como A orillas del río Plum o El largo invierno– se consideraron autobiográficas, sino más bien una ficción construida a partir de los recuerdos de la infancia, muchos se han preguntado por el decisivo papel ideológico que la hija de Laura, Rose Wilder Lane, pudo tener a la hora de dibujar este paisaje de la campiña americana. Fue ella la que animó a su madre a dejar por escrito sus 16 años viajando por estados como Minnesota, Kansas, Missouri o Iowa.

Por esa razón, se trata de una edición anotada por Pamela Smith Hill, biógrafa de Laura Ingalls y que a través de estos apuntes intenta distinguir entre la realidad y la ficción, sobre todo teniendo en cuenta que la pequeña de la familia había pasado ya los 60 años cuando escribió los once libros por los que pasaría a la historia. “Queríamos explorar la relación con su hija Rose, que era su editora y la que la convenció para escribir sus memorias”, ha señalado Koupal. “Además, queríamos señalar la diferencia entre ficción y realidad”.

Algunos de los cambios se introdujeron con el público infantil en mente: por ejemplo, la verdadera Mary también se quedó ciega, pero no por la fiebre escarlatina, como se explicaba en la serie, sino por un ataque que probablemente podía ser meningoencefalitis, causada por una complicación del sarampión; pero era más fácil para un niño de los años 30 entender lo primero que lo segundo. Además, la familia abandonó la pradera no por un malvado terrateniente, como en la serie original, sino por una plaga de langostas. Desde luego, una motivación bastante menos romántica.

Un éxito inesperado

Quizá inseguros acerca del público real que podía tener un libro así, los editores decidieron ser cautelosos a la hora de realizar la primera tirada. Se equivocaron: los 15.000 volúmenes impresos en primer lugar se agotaron rápidamente, y pronto se han visto obligados a tirar 45.000 más para hacer frente a la demanda de lectores ávidos de adulterios, espirituosos y folk primigenio.

El libro ha sido publicado por primera vez sin alterar, al contrario de lo que ocurrió con sus previas ediciones y el resto de volúmenes de la serie. No sólo no hay ni un ápice de censura, sino que se han respetado los frecuentes errores ortográficos y gramaticales de la pequeña Ingalls, en mor del rigor. Al final, la idílica casa de la pradera quizá se parecía más de lo que pensábamos al burdel de un western de Sam Peckimpah.

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