Se ha acostado con más 10.000 hombres y busca marido: estas son las respuestas
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ACTITUDES ANTE LA PROMISCUIDAD FEMENINA

Se ha acostado con más 10.000 hombres y busca marido: estas son las respuestas

Gwyneth Montenegro explicaba en su libro de memorias que se había acostado con más de 10.000 hombre, pero ahora está lista para el siguiente paso: el matrimonio

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Se ha acostado con más 10.000 hombres y busca marido: estas son las respuestas

Ya hemos hablado en anteriores ocasiones de Gwyneth Montenegro, antigua escort de lujo y autora de 10.000 Men and Counting (Xlibris), en el que cuenta sus vivencias junto a los 10.091 hombres con los que, en el momento en que escribió el libro, se había acostado. En dicho libro explicaba cómo el trabajo en la industria del sexo acabó con su autoestima y también con la posibilidad de tener una vida personal convencional, pero eso parece haber tocado a su fin. Gracias a un artículo publicado en Daily Mail Australia, la mujer ha recibido unas 1.000 proposiciones de matrimonio. O al menos eso asegura.

Con un inequívoco sentido del humor, Montenegro (un seudónimo que oculta su apellido real) ha publicado un vídeo con algunas de las proposiciones que, en teoría, ha recibido. Y si bien es poco probable que el número y las cartas sean completamente reales, sí resulta un buen compendio de las actitudes que los hombres mantienen ante la promiscuidad femenina. Esta se divide en dos polos extremos y opuestos: aquellos que, enamorados de la belleza de la mujer de 36 años, se prestan a hacer la vista gorda ante su agitada vida sexual, y aquellos que poco menos que la llaman “puta” a la cara.

Lo que nos enseñan las escorts

Aunque el breve vídeo esté rodado e interpretado de forma relajada y divertida, Montenegro no lo ha tenido nada fácil a lo largo de su vida. Fue violada en grupo durante la adolescencia, lo que la llevó a convertirse en stripper y a dedicarse a la prostitución de lujo, que le permitió ganar, en sus mejores días, entre 500 y 1.000 dólares a la hora. Una vida aderezada por grandes cantidades de speed, cocaína y champán de la mejor calidad que casi termina hace doce añoscuando un accidente de tráfico estuvo a punto de acabar con su vida. El libro de Montenegro es, como ella misma ha advertido, una historia con moraleja que tiene como objetivo disuadir a todas aquellas que se estén planteando dedicar su vida a ser acompañantes.

La mayor parte de pretendientes aseguran no darle demasiada importancia a la vida anterior de Montenegro. “Me gustas y no me importa con cuántos hombres te hayas acostado”, señala el primero de todos. Otros hacen hincapié en su capacidad de supervivencia en los peores momentos y en lo duro que ha trabajado a lo largo de su juventud: “Me casaría contigo porque eres una mujer trabajadora y no importa lo que hicieses, porque eso no te define”, le pide otro. “Tu pasado es tu pasado, deberías estar orgullosa de lo que has conseguido después de abandonar la industria”. Y, como ella misma ha contado, eso es bastante.

Montenegro consiguió cumplir su sueño a los 29 años al convertirse en piloto de vuelos comerciales. Sus problemas de riñón le impidieron renovar su licencia, pero le ha ido bien en el campo de la programación neurolingüística, donde conoció a su socio Roger con quien ha fundado Fearless Female. Este último año, parece haberse convertido con éxitoen una controvertida personalidad pública. Uno de los últimos participantes, un portugués, señala que ella es “la mujer que todo hombre quiere, guapa, inteligente y fuerte, que hizo lo que tenía que hacer para sobrevivir”.

El lado oscuro de la fama

Por supuesto, no todos los comentarios son halagadores, y la reformada escort elige una nutrida representación de las misivas más denigrantes, que terminan previsiblemente en el cajón de los “chicos malos”. El más salvaje de todos ellos es aquel que dice a Montenegro que “en vista de que la cavidad de tu vagina debe ser del tamaño de, al menos, una cabeza humana, tendrás que ser tú esta vez la que pague por amor verdadero”, y que recibe un sonoro –aunque censurado– “¡que te jodan!” como respuesta.

Otros la escriben reclamando una buena porción de esos miles de dólares que podía llegar a ganar cada noche, y hay uno que asegura no tener ningún problema, siempre y cuando la mujercambiase su apellidopara que nadie supiese con quién está casado. “Lo siento si es injusto, pero la vida lo es”. Montenegro, consciente de que la vida ya ha sido lo suficientemente injusta con ella, decide poner a este en el montón de los descartes.

¿Son habituales estas reacciones masculinas, sean reales o no? Algunos experimentos sociales han intentado abordar el tema de la asimétrica consideración que recibe la promiscuidad si esta la practican hombres o mujeres. Es el caso del libro Paying for the Party: How Colleges Maintain Inequality (Harvard University Press), realizado por la socióloga de la Universidad de Michigan Elizabeth Armstrong y su colaboradora Laura Hamilton. Gracias a sus entrevistas con 53 mujeres diferentes en un período de cinco años, las investigadoras se dieron cuenta cómo había ciertos prejuicios sobre el comportamiento femenino que se repetían sin parar, incluso en las conversaciones entre mujeres.

Una de ellas era el conocido como slut-shaming, es decir, culpabilizar a las mujeres con una vida sexual más activa de no comportarse como deberían. La consideración sobre las compañeras variaba de forma muy sensible dependiendo de la clase social a la que pertenecían. Mientras que aquellas más pudientes pensaban que sólo por liarse con otros chicos sus amigas eran unas “guarras”, o simplemente por vestir de forma más ordinaria o provocativa, las de clases sociales más bajas manifestaban una tolerancia mayor hacia el comportamiento de los demás, pero al mismo tiempo eran las más estigmatizadas. En definitiva, todavía no hemos conseguido sacudirnos la vieja concepción que iguala a los hombres promiscuos con triunfadores y a las mujeres con “guarras” (según la terminología utilizada por las autoras).

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