LA OBSESIÓN CON LA HIGIENE

La obsesión más pesada para los demás: los tres perfiles de un “friki de la limpieza”

Estar demasiado pendiente de la limpieza y el orden puede ser un síntoma de un problema de mayor gravedad: el trastorno obsesivo compulsivo.

Foto: El TOC es un trastorno que afecta al 2% de la población. (iStock)
El TOC es un trastorno que afecta al 2% de la población. (iStock)
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    ¿Eres la típica persona que jamás compartiría tu comida en un restaurante con su acompañante?, ¿Tu pareja quiere echarte de casa cada vez que se te olvida dejar el bote de café en su sitio correspondiente?, ¿Tu compañero de trabajo necesita lavarse las manos cada vez que coge un billete usadonbsp;Si tu respuesta es sí a alguna de estas preguntas, probablemente seas o conozcas a alguna persona que pueda considerarse un "friki de la limpieza".

    Más allá de las bromas y comentarios jocosos que se hagan a estas manías, este puede ser un problema de relativa gravedad, puesto que no es lo mismo ser una persona ordenada y pulcra que una obsesionada con todo lo relacionado con este ámbito. Para John Ratey, profesor de psiquiatría en Harvard, la obsesión con la limpieza puede ser un síntoma de un problema de mayor gravedad.

    El Trastorno Obsesivo Compulsivo es más habitual en países desarrollados

    El Trastorno Obsesivo Compulsivo, también conocido como TOC, es un problema de lo más común, especialmente en los países desarrollados, y se caracteriza por una obsesión ante un determinado aspecto. En la actualidad, cerca de un 2% de la población sufre este conflicto, aunque en muchos casos no ha sido detectado por servicios médicos.

    Los tres tipos de TOC en limpieza

    El TOC se caracteriza, como su nombre indica, por la existencia de una obsesión que está relacionada con una respuesta que se da a ella: la compulsión. Según Psychology Today, en el caso de la limpieza se pueden distinguir de forma clara tres tipos:

    1. El “quisquilloso del aspecto”

    Su obsesión reside en la incapacidad de llevar una prenda que no esté absolutamente impoluta. Cualquier mancha de la salsa de la comida, por pequeña que sea, es un auténtico disgusto. Toda la vestimenta no solo debe estar de forma correcta, sino  inmaculada, tanto en su colocación como en el nivel de limpieza. La compulsión en estos casos es la necesidad de cambiarse de forma inmediata o tener siempre la ropa colocada al máximo detalle.

    2. El misófobo 

    Su principal preocupación son los gérmenes (es también conocido como germófobo). Este nerviosismo no solo se ciñe a aquellas tareas que puedan requerir un esfuerzo físico o un contacto directo con alguna sustancia que pueda ensuciar al ser manipulada, sino que en muchas ocasiones el trastorno puede influir en casos tan habituales como escribir con el teclado del ordenador o abrir un grifo. La respuesta que se da ante esta obsesión es la de lavarse continuamente, especialmente las manos.

    3. El maniático del orden y limpieza

    Su casa parece un museo y no precisamente por las obras de arte. La seguridad es máxima y todo tiene su orden y ubicación. Cualquier alteración puede conllevar un serio conflicto. Desde mover un frasco de la cocina o comer chocolate en el cuarto de estar. En estos casos, la compulsión más típica es ordenar cada vez que algo se cambia de lugar o limpiar cuando se ensucia, por muy leve que sea.

    Solucionar el trastorno

    Sin embargo, ¿un friki de la limpieza nace o se hace? La respuesta, para Ellen McGrath psicóloga clínica y presidenta del Bridge Coaching Institute de Nueva York, es que de forma habitual los síntomas son respecto a matices muy particulares y se desarrollan durante la infancia. Pero, en muchas ocasiones, pasada la adolescencia suele desaparecer.

    Los casos más preocupantes son aquellos que no finalizan durante la pubertad, sino que siguen existiendo durante la edad adulta. Cuando la situación no es demasiado molesta o radical lo más sencillo, según Ratey, puede ser normalizarlo y convivir con ello. Pero, en las situaciones más complejas, el propio afectado debe darse cuenta de que este conflicto le está causando molestias y ha de intentar subsanarlo. Y para poder acceder a una solución, todas las partes involucradas en el conflicto han de estar dispuestas a negociar y mostrarse involucradas en la solución, desde el damnificado hasta sus familiares.

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