6 MOTIVOS DE DEBATE

Los problemas más comunes que aparecen en la pareja (por el dinero)

La crisis económica no parece tener intención de desaparecer de un día para otro y los problemas monetarios, se hacen todavía más graves

Foto: No se puede vivir del amor, y también hay que pagar las facturas. (Corbis)
No se puede vivir del amor, y también hay que pagar las facturas. (Corbis)

La crisis económica no parece tener intención de desaparecer de un día para otro y los problemas monetarios, ya de por sí farragosos, se hacen más graves. Todos ellos son complejos, pero la vida en pareja genera una serie de situaciones en las que hay que ponerse de acuerdo a nivel económico. Ni siquiera, de hecho, tiene por qué haber problemas de dinero de base: siempre que dos han de ponerse de acuerdo la cosa se complica, y la economía suscita desacuerdos de lo más complicados.

En relación con esta faceta de la vida en pareja y los problemas que acarrea, la periodista Kerri Anne Renzulli ha analizado en un artículo de la revista Money seis problemas económicos de seis parejas distintas, contando cómo cada una de ellas ha lidiado con el conflicto y dando algunas claves para gestionar la economía durante el matrimonio. Estos son algunos de los principales problemas.

  1. Quién debe hacerse cargo de la economía familiar

Jehan y Seth Chase son un matrimonio que ronda la cuarentena, ambos son abogados. Desde que se casaron, es ella la que ha tomado las riendas de la economía familiar, en parte porque Seth debe ayudar a gestionar el dinero de su madre discapacitada y de su hermana. Esta repartición de tareas les ha funcionado siempre bien. “Me di cuenta de que estaba haciendo todas las cosas bien, y de que me hubiera costado delegar”, comenta Jehan, a la que le gusta “saber lo que sucede”. “Me siento más segura manejando yo la economía familiar”, concluye. Su marido reconoce que a ella se le da mucho mejor que a él manejar las finanzas.

Esta repartición de tareas puede ser muy saludable: siempre hay un miembro de la pareja más predispuesto a ocuparse de los asuntos económicos. Lo único importante es que ambos estén de acuerdo en que así funcione la gestión, y que la comunicación y la información sea fluida entre los dos, ya que las grandes decisiones deben tomarse siempre al alimón.

  1. No sentirse un equipo

Astrid y Fred Walker tienen 31 y 35 años, respectivamente. Ella es analista de negocios y él oficial de policía. Tienen salarios similares y dividen entre dos todos los gastos. Cada uno paga su mitad correspondiente de su cuenta bancaria independiente. También tienen ahorros por separado y cuentas de inversión diferenciadas. “Cuando vivíamos juntos antes de casarnos todo estaba separado y era aceptable, pero ahora necesitamos revisar el asunto”, opina Astrid, que está intentando convencer a su marido para tener algunas de las cuentas en común.

Efectivamente, tener al menos una cuenta común cuando se está casado parece una buena solución, y no implica que las cuentas independientes deban eliminarse. Pero es importante sentirse parte de un equipo y saber que el dinero, como todo lo demás, también se comparte.

  1. Desacuerdos en la actitud ante el dinero

Lucinda y Karl Harms tienen ambos 54 años y son farmacéutica y dibujante, respectivamente. Su problema reside en que han debido pelearse siempre contra las facturas que llegaban a final de mes, y su actitud ante el dinero es radicalmente distinta. “Mi mujer es una persona de presupuestos. Yo no”, afirma Karl. Por eso ambos tomaron un curso sobre economía que les ha ayudado a aproximar sus puntos de vista. “Ya no hay tantos desacuerdos a la hora de decidir en qué gastamos el dinero”, dice Lucinda. Como se ve, buscar ayuda en los expertos puede ser una buena solución.

  1. No comportarse como iguales

Roopal y John Carbo rondan los cuarenta. Ella es farmacéutica y él, amo de casa. En esa desigualdad de ocupaciones radica su conflicto económico. Cuando John se convirtió en amo de casa sintió que no debía opinar sobre las cuestiones monetarias porque no estaba generando ningún ingreso. Roopal no estaba de acuerdo: “Que yo sea la que sale y gana dinero no significa que el no juegue un papel fundamental en la familia o que no tenga tanto derecho como yo a opinar acerca de nuestros gastos”. Tras muchos años debatiendo, hoy en día tratan estas cuestiones en común. Es fundamental a este respecto saber que ambas opiniones valen lo mismo, y tener en cuenta a ambos miembros de la pareja por igual.

  1. Tener que dar cuentas al otro: qué es frívolo y qué no

Melissa y Shaun VanDoren tienen 30 y 35 años. Él gana más que ella y ha dirigido las finanzas matrimoniales durante los primeros ocho años. No obstante, considera que Melissa gasta demasiado en frivolidades, y le pide que reflexiona sobre la necesidad real del objeto que va a adquirir. Para evitar las discusiones al respecto, Melissa se ha establecido un máximo de 200 dólares por cada artículo que se compra. Si excede el límite, utiliza dinero de su cuenta personal. Es sano hallar el modo de no tener que justificar todas y cada una de nuestras compras.

  1. Incomunicación al respecto de las metas financieras

Claudia y Rich Klein tienen 38 y 40 años respectivamente. Él trabaja para una agencia de seguros y hace un año le redujeron el trabajo a media jornada y, con ello, el sueldo. Tienen dos hijas, una de 3 años y otra de 4 meses, y se las han arreglado para que ellas no noten la diferencia, pero a él le preocupaba que Claudia fuera infeliz al bajar el nivel de vida. “No necesito muchos extras, pero me preocupaba que reducir las salidas a cenar o las clases de música fueran un problema para ella”, dice Rich. No obstante, cuando pusieron las cosas en común se dieron cuenta de que el problema no era tal, y Claudia jamás ha presionado a Rich para que gane más dinero. A veces basta con hablar las cosas. 

Alma, Corazón, Vida
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