el 'efecto streisand', de nuevo

Pablo Iglesias o de cómo la derecha (y sus tertulias) sigue construyendo un héroe

Friki, aliado de Ahmadineyad, estalinista, filoetarra líder de un partido financiado por Venezuela y, lo que es peor, comprador de ropa en Alcampo

Foto: Las tertulias han catapultado a Pablo Iglesias a convertirse en un líder de opinión.
Las tertulias han catapultado a Pablo Iglesias a convertirse en un líder de opinión.

Friki, aliado de Ahmadineyad, estalinista, filoetarra, líder de un partido financiado por Venezuela que te quitará un piso si tienes dos y, lo que es peor, comprador habitual de ropa en Alcampo. Ese es el Pablo Iglesias que muchos medios conservadores han descubierto tras constatar que la opción residual que habían infravalorado puede tener recorrido electoral. Tras los comicios, la pregunta inicial acerca de las causas del éxito, ha sido reemplazada por insistentes advertencias acerca del mundo peligroso en que nos sumergeríamos si gobernasen. 

Incluso hay quienes recurren a conspiraciones para señalar cómo un medio televisivo ha logrado situar a Pablo Iglesias en el centro de la fama, como si fuera un nuevo Chiquilicuatre. La paradoja es que los medios de derecha son quienes más han hecho por impulsar a la fama a Iglesias. Primero desde Intereconomía, donde no sólo le facilitó una plataforma para hacerse popular, sino que hicieron que fuera visualizado como la única voz crítica de verdad en el panorama tertualiano; ahora impulsan de nuevo su figura con una campaña de desprestigio que está generando efectos peculiares.

Esta campaña, no obstante, parece interesar a todos por igual. A partidos institucionalizados, como el PP, porque permite pasar por alto su fracaso en las elecciones, mediante el señalamiento de un nuevo enemigo, ; al PSOE, porque puede desplazar el foco fuera de sus peleas internas y porque le puede ser útil al dañar a una formación que quizá le reste votos; a IU, porque Podemos amenaza con fagocitar su espacio electoral; a UPyD, porque son competidores directos en lo que se refiere a votantes desencantados de la política tradicional. Pero los resultados a menudo difieren de las intenciones, y este parece un caso bastante evidente. Tanta insistencia sobre las maldades de Podemos acaban beneficiando a Pablo Iglesias. ¿Efecto Streisand, de nuevo? Probablemente.

Cuando un 20 o 25% de la población está bajo la línea de pobreza, eres joven, no tienes futuro y te llega un tío y que dice que te va a dar trabajo, le das un abrazo

Así lo cree el sociólogo Juan Carlos Jiménez, del CEU: “Se ha convertido en una pieza angular de la televisión y de las tertulias, que le han señalado como el nuevo malo malísimo. Están fabricando un nuevo héroe. Si yo le hubiera votado no cabría en mí de gozo”. Parara Jiménez, esta sacralización de la figura de Iglesias ha arraigado en un factor puramente cultural, que tiene que ver con nuestra estructura social. “En el norte de Europa han surgido no tanto partidos de extrema derecha, que hay algunos, cuanto partidos xenófobos, que atacan a los extranjeros que vienen a quitarles su bienestar. En el sur es distinto, hay una estructura de clases, hay pobres y ricos. Debemos entender lo de Podemos desde otra perspectiva, ya que un 20 o 25% de la población está bajo la línea de pobreza. Si eres joven, no tienes futuro y te llega un tío y que dice que te va a dar trabajo y o si eres una persona de 45 años y estás en paro, y probablemente no vuelvas a estar empleado nunca, y alguien te dice que los ricos son malos y que si le llevas al poder te da trabajo, le das un beso y un abrazo”. En ese contexto, críticas tan repetidas y ácidas no funcionan si el objetivo es desprestigiar a alguien: más al contrario, “dicen al votante que alguien como él, que no tiene un euro, ha acertado en su elección”.

De seguir por este camino, “se le convertirá en el héroe de los antisistema, y cuando tenga tres o cuatro millones de votos alguien dirá que se pasaron hablado de él. Si se sigue personalizando, se hace lo que Pablo Iglesias pretende”.

Aniceto Chupacabras y la vieja izquierda

Para Jiménez, Podemos es un partido con un peligroso elemento ideológico, y su millón doscientos mil votos deben ser una señal de alarma, pero dentro de un orden. “Sus propuestas no son tan distintas de las de IU, y esas no asustaban tanto. Es verdad que oyes hablar a Pablo Iglesias y es mucho más convincente que Cayo Lara, que cuando habla parece Aniceto Chupacabras, pero sus programas no son muy diferentes”.

Cuanto más se demoniza a Pablo Iglesias, más alineamientos entre los suyos provoca

El consultor de comunicación Luis Arroyo entiende que este componente ideológico, habitualmente subrayado en las críticas, y que es necesario que se ponga sobre el tapete, sí puede deteriorar a Podemos. “Esos reportajes burdos en los que se superponen imágenes de Chávez y de Pablo Iglesias tienen cierta efectividad. Y en parte porque quienes están con Iglesias son muy de izquierdas. Ahí está Monedero, que es filo Chávez, no sé si filo Maduro, y no tiene complejo en mostrarlo”. Ese frente abre, según Arroyo, dudas sobre el futuro de la formación, ya que el granero político del que extraen los votos no es suficiente para que Podemos crezca, algo que sólo conseguirían desde la moderación, hacia la cual “parece poco probable que se dirijan”.

Más allá de ese extremo, es claro para Arroyo que “cuanto más se demoniza a Pablo Iglesias, más alineamientos entre los suyos provoca y más filiaciones de gente moderada recoge. Incluso Buenafuente hace bromas acerca de este asunto”.

La naturaleza televisiva del liderazgo de Pablo Iglesias, (“un chaval que se ha merendado a todos esos tertulianos que se creen tan listos”, apunta Jiménez) es para ambos un elemento que ayuda a que el efecto bumerán se produzca (“Iglesias es un producto de Intereconomía y de La Sexta. No sería nadie sin La Sexta” sentencia Arroyo), y a que su imagen salta reforzada de este contraataque de los partidos institucionales. 

No nos perjudica que nos ataque la casta. Son viejos y están desprestigiados

Íñigo Errejón, jefe de campaña de Podemos, y parte, junto con Ariel Jerez y Juan Carlos Monedero, del equipo que ha tejido su exitosa campaña de comunicación, no tiene duda: “Esta clase de ataques no nos perjudican. En otro momento político, una campaña masiva de la casta habría tenido capacidad de estigmatizarnos, pero quienes dirigen los ataques son gente que está imputada por corrupción, o visitan los juzgados asiduamente o, al menos, han sido señalados por los ciudadanos como segundo o tercer problema del país. Son un colectivo viejo y muy desprestigiado, que teme la irrupción de una nueva fuerza política ciudadana y que inventa nuevos fantasmas para exportar el miedo. No, no nos perjudica que la casta nos ataque. Es síntoma de su nerviosismo”.

Tampoco tiene duda el asesor de comunicación y consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí, para quien esta campaña de descrédito “beneficia a Podemos porque sus electores, sean de aluvión, de agregación o muy comprometidos, ven en estos ataques una prueba de que Podemos es auténtico y puede hacer daño, que es en buena parte lo que se persigue con este voto: dar una lección”.  Para Gutiérrez-Rubí, existe efecto Streisand, “que endurecerá su núcleo más politizado. Si no pierden la calma, les beneficiará, pero expondrá más a Pablo Iglesias y a su pasado, que se va a examinar con lupa”.

Alma, Corazón, Vida
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