TOM Burns marañón explica la 'HISPANOMANÍA'

Así nos ven los extranjeros: del 'gente que sabe vivir bien' a 'vagos y corruptos'

La 'Hispanomía' es descrita por el periodista Tom Burns Marañón, nieto de Gregorio Marañón, comparando las visiones del pasado y las de hoy

Foto: El escritor y ensayista hispano-británico Tom Burns Marañón. (EFE/Archivo)
El escritor y ensayista hispano-británico Tom Burns Marañón. (EFE/Archivo)

La reedición de Hispanomanía (Ed. Galaxia-Gutenberg), el texto en el que el periodista y ensayista Tom Burns Marañón recogía la visión de los extranjeros (la "mirada del otro") sobre nuestro país, parece especialmente oportuna. Y no sólo porque vivamos un momento de peculiar deterioro de nuestra imagen, habiéndose instalado en la mentalidad internacional una serie de lugares comunes sobre los españoles en la que a menudo aparecen palabras como corrupción, vaguería y picaresca, sino porque esa imagen determina nuestro futuro, convirtiéndose en la justificación que se aduce para que los niveles de confianza financiera en nuestro país sean muy bajos, con las consecuencias tan negativas para la vida cotidiana. que lleva aparejadas.

Burns Marañón recoge en su libro las visiones que viajeros anglosajones como Richard Ford, George Borrow o Ernest Hemingway tenían de nuestro país, y lo complementa con lo que ha dado en llamar Prólogo francés, donde añade la lectura que viajeros galos como Théophile Gautier, George Sand o Maurice Legendre realizaron de nuestra personalidad. Estas descripciones no han cambiado mucho tras siglo y medio, pero hoy son mucho más influyentes.

Pregunta.- La mirada del otro ya no es anecdótica porque el poder de los demás a la hora de describirnos es notable y posee consecuencias muy evidentes. Cómo nos vean los analistas, las agencias de calificación y los expertos internacionales determina en gran parte nuestro futuro. Es la mirada de alguien que observa desde arriba.

Respuesta.- Ten en cuenta que a los políticos les influyen mucho la opinión pública y los medios. Y si la mirada del elector alemán y de los medios alemanes percibe que los griegos se jubilan a los cincuenta años y trabajan sólo treinta horas a la semana, o que hacen trampas con la seguridad social y que todos son corruptos, eso cala en las instituciones. Esa es la mirada del norte hacia el sur, un sur al que ven disfuncional porque no se acopla a las virtudes cívicas creadas en el norte de Europa.

P. Algunos de los viajeros a los que cita Hispanomanía habían idealizado España desde el exotismo. No es ese el caso hoy, cuando nos han demonizado; en su mirada, compartimos los defectos de griegos e italianos, en lugar de las virtudes de alemanes o suecos.

R.- En el siglo XIX vienen a España una serie de viajeros románticos, que escriben libros como el de Gautier o el de Ford, que tienen gran éxito en sus países de origen y que son traducidos a varias lenguas. Lo que ven en España es un país ancestral, mal gobernado, con gente muy divertida y muy simpática pero que no da un palo al agua, y además les parece muy bien.

Lo que ven en España es un país ancestral, mal gobernado, con gente muy divertida y muy simpática pero que no da un palo al aguaGautier decía que mientras en París y Londres perdían el tiempo estresándose siempre pendientes de sus agendas, aquí, con la siesta y el cante, sabíamos cómo vivir bien. Eran, si se quiere, hippies avant la lettre. Ese era un estereotipo del español, pero también lo era de todo el sur de Europa, del Mediterráneo, que consideraban que era más África que Europa, algo que estos viajeros celebraban. Hay que tener en cuenta que cuando los ingleses llegan a España, sus países están llenos de ferrocarriles y ellos huyen de la industrialización. Richard Ford, un aristócrata inglés genial que escribió un libro que es la piedra angular de los que se escribieron sobre España, era un tipo que se paseaba en su jaca cordobesa, disfrazado de bandolero y que se juntaba con los arrieros, de quienes decía que jamás consentirían que la locomotora luterana les quitase el pan de las manos, por lo que sin duda se levantarían contra el ferrocarril.

Esta gente viene a España porque está buscando aventura y grandes contrastes, les atrae el blanco o negro, el todo o nada, no esa transacción disfrazada de hipocresía que se vive en la civilización. Les gusta el choque, la nostalgia de una sociedad no mecanizada, rural y primitiva, y eso les atrae muchísimo. Gerald Brennan, ya en el siglo XX, es un ejemplo típico de esto.

P. También perdura algo de ese choque contra lo luterano que esos viajeros percibieron como positivo, pero lo consideran negativamente. La mirada persiste, nos ven como gente que prefiere la siesta al trabajo, pero ahora no es algo exótico, sino un serio problema que debe ser eliminado.

R. Ahí tenemos todo el tiempo que se dedica a la Marca España y al Consejo de la Competitividad, y todas estas iniciativas que se toman, porque eso sí va calando. Los gobiernos europeos, los analistas y demás son perfectamente conscientes de que España es líder en una serie de áreas muy competitivas como la telefonía o las energías renovables, que hay banca española poderosísima, que se ha puesto muy en valor el idioma español, y que eso funciona muy bien. El ferrocarril es buen ejemplo, porque hemos pasado a ser el país con más kilómetros de alta velocidad de Europa, aunque la línea París-Lyon tenga más viajeros en un año que todos los AVE españoles juntos. Eso también influye en la idea de España que se difunde: la narrativa de los años de bonanza, de cómo España ha vivido por encima de sus posibilidades y estaba gastando lo que no ingresaba, encaja bastante bien en el viejo estereotipo del español derrochador, que cuando hace una fiesta tira la casa por la ventana, que también veían aquellos viajeros.

P. Sí, es un reproche que se formula típicamente a las clases menos pudientes, a quienes se achaca que se gastan en la comunión de sus hijos lo que no tienen, o que se hipotecan para comprarse un coche y una tele de plasma. Ahora se está aplicando a los españoles genéricamente considerados. En la política exterior estadounidense en los años de Kissinger y Nixon no estaba mal visto que los europeos del sur sufriésemos dictaduras porque éramos poco dados a obedecer, por lo que si contábamos con un régimen que atemperase nuestro individualismo a la fuerza, mejor. Hoy la visión es la misma, sólo que aplicada al campo económico. Ahora lo que hay que disciplinar, dicen, es nuestra tendencia a vivir por encima de nuestras posibilidades y a adquirir más deuda de la que podemos pagar.

Si España se convirtió en la joya del Imperio Romano fue porque se supo amoldar. Y eso puede hacernos salir muy bien de este mundo globalizadoR. Richard Ford decía que le interesaba mucho el individualismo de la vida española, un colectivo de individuos, cada uno de ellos con el ‘viva yo’, “atado por una soga de avena”. Brennan incide también mucho en la patria chica, y sale de nuevo a relucir la ‘soga de avena’. Eso lo perciben muy bien los extranjeros, y es sin duda un tema de nuestro tiempo, el debate sobre la descentralización, el estado de las autonomías, el derecho a decidir…

P. ¿El individualismo español favorece este tipo de divisiones secesionistas, según la visión de los extranjeros?

R. Hay que tener en cuenta que los extranjeros que cito en Hispanomía no son tontos, son gente culta y documentada, a veces extraordinariamente culta y documentada, y lo que dicen no es muy distinto de lo que cuentan los españoles cultos, que perciben claramente esos defectos que conocen muy bien…

P. ¿Somos como nos ven?

R. Hay bastante base para creer mucho de lo que dicen, e incluso cuando no hay tanta base sino que aparecen la exageración, los tópicos y los estereotipos, si nos ven así, el hecho de quela realidad no corresponda con su visión no importa mucho… De ti depende de que te vean de otra manera: no vale darte golpes en el pecho, sino que hay que demostrar que no eres así. Si tienen esa imagen de ti, aunque no sea cierta, más vale que intentes cambiarla.

P. ¿Sirven, en este sentido, las iniciativas como Marca España?

Gautier decía que mientras en París y Londres perdían el tiempo estresándose siempre pendientes de sus agendas, aquí, con la siesta y el cante, sabíamos cómo vivir bienR. A mí, honestamente, no me da mucha seguridad el desempeño de una iniciativa gubernamental dirigida por un alto comisario… La verdad es que es un trabajo imposible porque la gente no se lo cree. Basta con que venga un gobierno a intentar convencerte de algo para que el analista, el periodista o el interlocutor de turno tomen distancia y se pregunten si no les estamos vendiendo algo. Crear una asociación de grandes empresarios tampoco me gusta mucho, porque los prefiero cuando compiten entre sí. Tener una mejor imagen vendrá por las exportaciones españoles, por lo que la tarea del gobierno debe ser incentivar, quitar reglamentación, dejar que el emprendedor español respire. En España se hacen cosas muy bien y hay gente muy preparada.

P. ¿El retrato del carácter español típico conserva los rasgos que nos atribuían o ha cambiado por completo?

R. Hay un cambio tremendo en toda la sociedad occidental entre la gente de 30 años para abajo y la que está por encima de esa edad. Esto es porque ellos han nacido con la transformación de la sociedad de la información, con las redes… Se ha roto el canon: yo estaba dentro del canon de mi padre, y mi padre de mi abuelo: leíamos las mismas cosas, sentíamos las mismas cosas y reaccionábamos de una manera similar, pero veo que con mis hijos se abre una brecha enorme, porque responden a otras cosas. Esa gente de 35 para abajo en España no se distingue nada de sus pares en el Reino Unido, en Francia, en Alemania, en EEUU;  se visten igual, escuchan la misma música, sienten las mismas aspiraciones, se informan de la misma manera.

P. ¿Pero están las estructuras a la par de ese nuevo escenario? Venimos de un mundo local y este entorno es el opuesto. ¿Qué cree que debería cambiar?

R. La reglamentación, las instituciones, todo ese ensamblaje tremendo del BOE siempre va con muchísimo retraso respecto de lo que es la sociedad real y de las aspiraciones de la gente y sus maneras y conductas. Pero España tiene una gran capacidad para adaptarse. Si España se convirtió en la joya del Imperio Romano fue porque se supo amoldar. Y eso puede hacernos salir muy bien de este mundo globalizado. 

Alma, Corazón, Vida
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