juan ramón rallo contra el estado

"¿La solución para España? Un único impuesto, el IRPF, con un tipo del 6%"

El economista Juan Ramón Rallo tiene como objetivo la radical transformación ideológica e intelectual de nuestro país. El Estado es el gran problema

Foto: Juan Ramón Rallo, director del Instituto Juan de Mariana. (OMMA)
Juan Ramón Rallo, director del Instituto Juan de Mariana. (OMMA)

El profesor de economía y director del Instituto Juan de Mariana, Juan Ramón Rallo,es una de las cabezas visibles de ese grupo de teóricos de la economía y de las finanzas (Daniel Lacalle, Carlos Rodríguez Braun o María Blanco) que están popularizando en nuestra sociedad tesis cercanas a la escuela austriaca. En su último libro, Una revolución liberal para España (Ed. Deusto) Rallo pretende impulsar una radical transformación “ideológica e intelectual” de nuestro país, objetivo para el cual ha puesto en marcha un texto de combate destinado a derribar “los prejuicios dominantes”.

El primero de ellos, y el punto central del pensamiento de Rallo, es el que busca eliminar la imagen de un poder central, el estatal, bueno para los ciudadanos. Más al contrario, afirma el economista, se trata de un instrumento intrínsecamente opresivo. “Hay gente que defiende que otro tipo de Estado es posible, pero no, no lo es. El Estado es nocivo de por sí, y una sociedad libre y empática puede resolver sus problemas mucho mejor que a través de la imposición estatal”. Según Rallo, nuestra arquitectura institucional se define por “la captura oligárquica, el caos a la hora de asignar recursos, el expolio de una parte de la ciudadanía para lucro de las minorías y el conflicto civil permanente a través de las instituciones democráticas”, algo que damos por bueno porque hemos cedido el monopolio de la violencia y de la coacción a los poderes estatales, y “hasta lo vivimos como legítimo. Pero no es así. No hay ninguna necesitad de aceptarlo. Nuestra vida sería mucho mejor con un Estado reducido a la mínima expresión posible”.

Cualquiera de nosotros, insiste Rallo, es capaz de ser mucho más feliz haciendo lo que desea para sí mismo “que siguiendo las directrices de Rajoy, Montoro o Rubalcaba. Sólo si asumiéramos que el ser humano es un inepto incapaz de manejarse tendría sentido esta continua interferencia estatal, pero en ese caso también tendrían que quitarle el derecho al voto, porque quien no es capaz de dirigir su propia vida tampoco podría gobernar la de los demás”. Para Rallo, en la esencia del ser humano, además del deseo de libertad, aparecen “la empatía y la filantropía”, por lo que cree que el mejor régimen político es aquel en el que “los ciudadanos libres pueden ayudarse unos a otros sin que el Estado venga a quitarles el dinero”.

El daño social y económico que produce el Estado

El autor de El liberalismo no es pecado teje en su nuevo libro las bases de una reorganización estructural en la que podremos prescindir de la intervención dirigida por los políticos. “El 95% del Estado es completamente prescindible. Sólo necesitamos una intervención ultramínima para garantizar el orden público y una cierta red de seguridad o asistencia social de última instancia, pero todo lo demás puede ser ejercido de forma más libre y más eficiente por la sociedad civil y el mercado”.

El Estado es nocivo de por sí, y una sociedad libre y empática puede resolver sus problemas mucho mejor que a través de la imposición estatalTambién nos equivocamos cuando pensamos que la recaudación a través de impuestos garantiza cierta estabilidad basada en la reducción de las desigualdades. “Hoy los ricos son saqueados tributariamente por el Estado, pero aun así les queda una cantidad muy apreciable que les permite mandar a sus hijos a buenos colegios o acudir a los hospitales que quieran. Eso no les ocurre a las clases medias, que están obligadas a ir a los servicios públicos o a los privados regulados, que no funcionan nada bien. Esto es calamitoso. Si cada uno de nosotros pudiera disponer de todo lo que pagamos al Estado, también podríamos escoger la atención sanitaria o la educación que quisiéramos”.

Una de las objeciones habituales a la teoría del Estado como ente puramente opresor es la que subraya que las situaciones de dominación pueden darse en cualquier contexto, y no sólo en aquellos en que están involucrados actores institucionales. En ausencia de Estado, un grupo oligárquico puede dominar el mercado, pueden surgir poderes territoriales mafiosos o un actor demasiado poderoso puede imponer sus normas al conjunto social. Para Rallo, estas situaciones son posibles, pero no son comparables al mal que el mismo Estado produce. “Como afirma Jefferson, el precio de la libertad es el de estar siempre vigilantes para que no haya un grupo que tome el poder y someta a la sociedad. Y ese grupo por excelencia es el Estado, que siempre está copado por grupos organizados que buscan explotar a los ciudadanos”.

La propuesta de combate

En un entorno de crisis, además, la omnipresencia del Estado contribuye a agravar la situación. “El intervencionismo es un gran problema. Las sociedades nunca han sido tan ricas como en esta década, y sin embargo la percepción de pobreza, de asfixia y de agobio también están en niveles máximos. Crearon un estado del bienestar para superar estos problemas y lo que han hecho es marginarlos: en lugar de combatir la pobreza terminan promoviéndola”. La dificultad añadida es que “el expolio que realizan a la gente” impide que podamos encontrar caminos de readaptación a través de los cuales sortear la crisis. Según Rallo, “las clases medias ya no tienen otro activo que no sea la vivienda, y en muchos casos ni siquiera eso. La posibilidad de reconvertirse y de reinventarse depende del ahorro, y ahora no lo tenemos porque se lo ha llevado el sistema público de pensiones…”.

Las clases medias están obligadas a ir a los servicios públicos o a los privados regulados, que no funcionan nada bien

La propuesta de Rallo, que describe detalladamente en Una revolución liberal para España, pasa por la reducción al mínimo de las instituciones comunes, con la consiguiente rebaja fiscal: “El ciudadano medio no es consciente de los impuestos que paga. En un salario de 15000 euros netos nos quitan 9000 de impuestos. Más de la mitad de nuestra vida está planificada por Montoro y Báñez en lugar de por nosotros mismos”. La propuesta de Rallo consiste en implantar un sólo impuesto, el IRPF, con el tipo del 6% (o, en su defecto, del 6% sobre el consumo) de manera que pudiéramos tener muchos más recursos disponibles.

Ya que este tipo de propuestas suelen ser desechadas por técnicamente inviables, Rallo ha dedicado gran parte de su libro a intentar demostrar que no es así, que la opción es real, y que “lo técnicamente desechable es el estatismo”. El problema de fondo, afirma el economista, "son nuestros sentimientos, ya que el miedo a que el cambio sea a peor y la esperanza en que las cosas mejoren siguiendo por este mismo camino, dificultan las transformaciones". Por eso quiere impulsar una revolución en las conciencias de los ciudadanos, de modo que se nos haga evidente que “nos venden una cosa pero nos dan un producto defectuoso. De esa manera hay quienes viven muy bien a nuestra costa”. 

Alma, Corazón, Vida
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