ENTREVISTA CON ALAN WEISMAN

"Si queremos salvar el mundo, no podemos tener más de un hijo (o dos) por pareja"

Alan Weisman ha visitado los lugares clave del planeta y hablado con expertos de todo tipo para contestar a esta fascinante pregunta

Foto: Alan Weisman. (Ronn Spencer)
Alan Weisman. (Ronn Spencer)

Obras recientes que van desde la alarmista 10.000 millones (Ed. Anagrama), de Stephen Emmott, hasta la aún más tremendista (aunque en novela) Inferno (Ed. Planeta) de Dan Brown, han contribuido a poner de actualidad las viejas tesis maltusianas que alertan de los efectos que la superpoblación va a generar en nuestro planeta. Los escenarios de escasez y devastación derivados del cambio climático, son sustituidos, en la mente de los seguidores de científicos como Paul Ehrlich (autor de The Population Bomb), por masas hambrientas, enfrentamientos callejeros continuos y violencia geopolítica en un mundo postapocalíptico derivado de la escasez de alimentos.

El periodista Alan Weisman (Harper’s, New York Times o Atlantic Monthly) ha visitado los lugares clave del planeta y ha estado presente en 21 países para saber de primera mano aquello que los expertos nos cuentan sobre el futuro de un mundo superpoblado. El resultado, que aparece en La cuenta atrás (Debate) es muy negro, como ha contado a El Confidencial.

PREGUNTA. Muchos economistas insisten en que los recursos no son un juego de suma cero. Tanto en la economía como en los bienes que provienen de la naturaleza, afirman que si unos tienen no es porque se lo quiten a otros, ya que el crecimiento es ilimitado gracias a la inventiva humana.

RESPUESTA. Pero la mayoría de los científicos no dicen eso. Hay algunos economistas que piensan que la creatividad humana y la inteligencia conseguirán que podamos seguir creando todos los recursos que necesitamos, pero el hecho es que sólo hay un mundo. No sé de dónde vamos a sacarlos si seguimos creciendo más allá de los límites de la naturaleza.

Ya no podemos seguir evitando la cuestión de la superpoblación, porque vamos hacia el desastreEstamos viviendo en una época insólita, única en nuestra historia. La población de seres humanos ha sido más o menos estable durante el 99% de nuestra historia. Hasta hace 200 años la mayor parte de los niños no lograba llegar a los cinco años, por lo que si una mujer tenía siete hijos sobrevivía un promedio de dos, con lo que la población permanecía estable. Pero en el siglo XIX, cuando se descubrió la vacuna contra la viruela, comenzó a pasteurizarse la leche y mejoró la medicina, la población comenzó a crecer. El gran salto lo dimos cuando descubrimos el fertilizante artificial de nitrógeno, y más aún con la revolución verde de los años sesenta, que creó plantas genéticamente modificadas para producir más granos de maíz, arroz y trigo. Como señaló el biólogo Norman Borlaug, padre de la revolución verde, al que concedieron el premio Nobel de la paz por haber salvado más vidas que cualquier otra persona en la historia, gracias a este cambio países que estaban destinados a la hambruna lograron evitarla, pero al precio de posponer la crisis durante una generación. Ahora ya no podemos seguir evitando la cuestión de la superpoblación, porque vamos hacia el desastre.

Alan Weisman. (Ronn Spencer)
Alan Weisman. (Ronn Spencer)
P. Ha estado en Pakistán, estado al que señala como ejemplo más evidente de los males que puede crear la superpoblación.

R. Pakistán es un país que tiene el mismo tamaño que Texas, y una población casi diez veces mayor, por lo que no puede dar empleo a todos sus ciudadanos. Eso llena las calles de jóvenes frustrados y parados que desestabilizan enormemente la sociedad. En las calles de Karachi hay una guerra continua, vas a los hospitales y hay policías armados en todos los pisos. Quedé para entrevistarme con dos personas que estaban intentando conservar los manglares de las lagunas de Karachi, pero el día antes fueron encontrados flotando en la laguna, después de haber sido torturados, algo que allí resulta normal. Y eso ocurre ahora, pero para mediados de siglo habrá 400 millones de pakistaníes y su territorio seguirá siendo el mismo.

Pero es cierto que esta clase de problemas sólo acontecen en determinados países. Occidente, por ejemplo, tiene unas tasas de natalidad bajas, en gran medida porque el nivel de vida es elevado. Cuando se aumentan los recursos, la gente suele tener menos hijos. ¿Es ese uno de los remedios para prevenir la superpoblación? ¿Combatir la desigualdad?

Esa es una posibilidad, pero también se puede hacer al revés, como ha hecho Tailandia, que ha llevado a cabo programas inteligentes de planificación familiar y de reducción de la natalidad que fueron propuestos sobre todo por los economistas. También porque era la época del sida, y argumentaron que si los clientes pensaban que el negocio podía enfermarles, las cosas no iban a ir bien. Fueron a los templos budistas y los monjes bendijeron los preservativos con agua sagrada. Como resultado de toda esta clase de políticas, Tailandia está en los tasas de reemplazo (dos personas reproducen a dos niños) y tiene la mejor economía del sur de Asia.

P. Los escollos más evidentes para llevar a cabo las políticas que propone  los plantean las religiones. Y hay poca diferencia entre el judaísmo, el cristianismo y el islamismo en ese sentido.

R. Es complicado cambiar lo que pensamos, y más aún si proviene de la religión, algo con lo que crecemos. Por eso es importante encontrar algo en ellas en lo que poder apoyar el cambio. Por ejemplo, en el Génesis, los patriarcas Abraham e Isaac obedecen al mandamiento divino de "creced y multiplicaos". Todas las religiones querían crecer rápidamente para tener muchos hijos y ser más poderosos que sus enemigos. Pero en la cuarta generación, el hijo de Jacob, José, tal vez el primer ecólogo de la historia, le dijo al faraón y a los mismos israelitas que el ciclo estaba cambiando y que no era una época para expandirse sino para salvarse. Estamos otra vez en uno de esos ciclos.

La Iglesia católica no puede cambiar pero los católicos sí. No hay más que ver que España e Italia tienen la natalidad más baja, porque cuentan mujeres muy educadasLa Iglesia católica es excepcional porque no tiene tierras. Y para poder conservar un poder sin tierra, inventó la infalibilidad del Papa. Cuando en los años 60 Juan XXIII se dio cuenta de que los protestantes les estaban robando feligreses porque ellos no estaban en contra de la píldora, puso en marcha una comisión, que sometió el asunto a debate. En la votación, 69 personas se pronunciaron a favor de los preservativos y diez en contra. Pero esos diez emitieron un informe, basado en la opinión de un obispo polaco que luego se convertiría en Juan Pablo II, que decía que no se podían permitir los anticonceptivos porque supondría admitir que se habían equivocado y que el Papa no era infalible, con lo que el edificio se vendría abajo. La Iglesia católica no puede cambiar pero los católicos sí. No hay más que ver que España e Italia tienen la natalidad más baja, porque cuentan mujeres muy educadas. Italia es el país que más mujeres con doctorado per cápita tiene en el mundo.

P. ¿Sólo teniendo un hijo por familia podemos salvarnos? ¿O es posible tener dos por pareja?

R. Durante las próximas dos o tres generaciones necesitamos bajar la población y no sólo mantenerla, porque hemos crecido mucho más allá de lo que la naturaleza quiere. Estamos viviendo gracias a la alimentación artificial y a que estamos forzando químicamente los suelos, pero eso se está volviendo contra nosotros y causándonos muchas enfermedades. Las plantas de la revolución verde se desarrollaron en laboratorios, y por eso las tenemos que proteger con plaguicidas e herbicidas que no son selectivos, sino que también nos envenenan a nosotros. Los fertilizantes cambian la química del suelo, los residuos van a parar a ríos y mares, y las emisiones de dióxido de carbono están en niveles muy preocupantes.

P. ¿Cree que los líderes políticos y económicos ven la superpoblación como un problema? ¿Van a promover acciones en este sentido?

R. La mayor parte de los líderes mundiales no son conscientes de este problema, porque todos nacimos dentro de un crecimiento anormal y no nos damos cuenta de que esto es lo extraño. Quien dirige un parque natural tiene claro que debe haber un balance, si se quiere preservar la vida silvestre, entre el depredador y la especie que se caza. Pero no lo vemos en nuestro caso. La esperanza proviene del hecho de que no hace falta que los líderes impongan programas desde arriba. Basta con que aumentemos el acceso a los anticonceptivos, tanto en los países desarrollados como en los poco desarrollados, para que la gente decida si quiere usarlos o no. Eso tendría un costo de sólo 8,1 millones de dólares cada año, lo que es baratísimo. Y, por otra parte, hay que insistir en la educación femenina, que es el mejor anticonceptivo que existe. 

Alma, Corazón, Vida
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
24 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios