el cirujano que vio la otra vida

"Puedo asegurar que la mía fue la perfecta experiencia cercana a la muerte"

Eben Alexander, un prestigioso cirujano afirma que existe la otra vida y que tiene la prueba. Sufrió una ECm que transformó por completo sus creencias

Foto: El cirujano Eben Alexander, autor de La prueba del cielo.
El cirujano Eben Alexander, autor de La prueba del cielo.

Eben Alexander es un reputado cirujano estadounidense que en 2008, cuando ya contaba con más de 50 años de edad, tuvo una experiencia cercana a la muerte. Sufrió un derrame cerebral y estuvo siete días en coma, en el curso de los cuales vivió una serie de vivencias extracorporales que transformaron por completo su mentalidad. Contó la experiencia en La prueba del cielo, libro que fue nº 1 de ventas en la lista del New York Times y que generó notable polémica, también en El Confidencial, donde se convirtió en una de las noticas más leídas de ACyV. Zenith publicó la traducción española del libro, del cual reproducimos este pasaje:

“Usar las herramientas de la medicina moderna para ayudar y curar a la gente y aprender cada día más sobre el funcionamiento del cerebro y el cuerpo humano era el objetivo de mi vida, mi vocación. Y me sentía inconmensurablemente afortunado por haberla encontrado. Y por encima de todo esto, tenía una esposa preciosa y dos niños maravillosos y aunque en algunos momentos estaba casado con mi profesión, intentaba no descuidar a mi familia, a la que considera la otra gran bendición de mi existencia. Por multitud de razones, podía considerarme un hombre muy afortunado.

Sin embargo, el 10 de noviembre de 2008, a la edad de cuarenta y cuatro años, mi suerte pareció agotarse. Aquejado de manera fulminante por una enfermedad muy rara, caí en coma durante siete días. En este tiempo, la totalidad de mi neocórtex –la superficie exterior del cerebro, la parte del mismo nos convierte en humanos– estuvo desconectado. Inoperativo. En esencia, ausente.

El cerebro es la máquina que produce la conciencia. Cuando esta máquina se avería, la conciencia se para

Cuanto tu cerebro se ausenta, tú también lo haces. Como neurocirujano, durante años había oído numerosos relatos sobre gente que había vivido experiencias extrañas (por lo general, después de sufrir algún episodio de infarto cardiaco) en las que viajaba a lugares misteriosos y extraordinarios, hablaban con parientes muertos e incluso con el mismísimo Dios.

¿La mente es responsable de todo?

Cosas maravillosas, sin duda. Pero todas ellas, en mi opinión, producto de la fantasía. ¿Qué provocaba este tipo de experiencias ultraterrenas que la gente relataba con tanta frecuencia? No tenía la pretensión de saberlo, pero lo que sí sabía era que el responsable de crearlas era el cerebro. Como todo lo que tiene que ver con la conciencia. Si no tienes un cerebro funcional, no puedes tener conciencia.

Esto se debe a que, para empezar, el cerebro es la máquina que produce la conciencia. Cuando esta máquina se avería, la conciencia se para. A pesar de la inmensa complejidad y el misterio de los procesos cerebrales, en esencial la cuestión es tan sencilla como ésta. Si desenchufas la televisión, se apaga. El programa se termina, por mucho que lo estuviera disfrutando.

O, al menos es lo que yo creía antes de mi cerebro dejara de funcionar.

Entré en la realidad de un mundo de conciencia que era completamente ajeno a las limitaciones de mi cerebro físico

Durante el coma, no es que mi cerebro funcionase de manera incorrecta… es que directamente no funcionaba. Ahora creo que es posible que ésta fuera la causa de la profundidad y la intensidad de la experiencia cercana a la muerte (ECM) que viví durante aquel tiempo. La mayoría de las ECM registradas se producen cuando el corazón de una persona ha permanecido parado durante un rato. En tales casos, el neocórtex se desactiva temporalmente, pero no suele sufrir demasiados daños (siempre que se restaure el flujo de sangre oxigenada por medio de una resucitación cardiopulmonar o de una reactivación de la cardiaca en menos de cuatro minutos, aproximadamente). Pero en mi caso, el neocórtex se había desconectado del todo. Entré en la realidad de un mundo de conciencia que era completamente ajeno a las limitaciones de mi cerebro físico.

Una posición privilegiada

Podría decirse que la mía fue la experiencia cercana a la muerte perfecta. Como neurocirujano con varias décadas de experiencia tanto en investigación como en cirugía, estaba en una posición privilegiada para juzgar no sólo la veracidad de lo que me estaba sucediendo, sino también todas sus implicaciones.

La vida no carece de sentido. Pero este es un hecho que no podemos ver desde donde estamos

Eran unas implicaciones de una magnitud indescriptible. Lo que me reveló mi experiencia es que la muerte del cuerpo y del cerebro no supone el fin de la conciencia, que la experiencia humana continúa más allá de la muerte. Y lo que es más importante, lo hace bajo la mirada de un Dios que nos ama a todos y hacia el que acaban confluyendo el universo y todos los seres que lo pueblan.

El lugar al que fui era real. Real hasta tal punto que, a su lado, la vida que llevamos en este mundo y en este tiempo parece un simple sueño.

Pero esto no quiere decir que no valore la vida que llevo en la actualidad. De hecho, ahora la valoro más que antes, porque la veo en su auténtico contexto.

La vida no carece de sentido. Pero este es un hecho que no podemos ver desde donde estamos, al menos por lo general. Lo que me sucedió mientras estaba en coma es la historia más extraordinaria que jamás podré contar. Pero es una historia complicada de relatar, porque es completamente ajena al racionalismo convencional".

Alma, Corazón, Vida
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