EL EXTRAÑO CASO DE LAS MADRES VÍRGENES

Una de cada 200 americanas afirma estar embarazada sin haber hecho el amor

Una divertida investigación publicada en el 'British Medical Journal' ha identificado a 34 madres vírgenes, y ha sido capaz de explicar qué les ha ocurrido

Foto: ¿Es posible tener hijos sin haber hecho el amor o haber sido fecundada? Un 0,8% afirma que sí. (Corbis)
¿Es posible tener hijos sin haber hecho el amor o haber sido fecundada? Un 0,8% afirma que sí. (Corbis)

La Navidad se acerca y, con ella, el recuerdo de algunas de las peculiaridades de la cosmogonía cristina. Una de ellas es el misterio de la Inmaculada Concepción, es decir, el embarazo de la Virgen María sin haber conocido hombre. Quizá sea la cercanía de estas fechas lo que haya provocado que esta semana se haya publicado un nuevo estudio en el British Medical Journal en el cual el 0,8% de sus participantes aseguró ser virgen a pesar de haber tenido descendencia.

Es decir, una de cada dos millones de las estadounidenses que aparecieron en un estudio sobre salud reproductiva manifestó no haber mantenido relaciones sexuales (o haberlas tenido por primera vez después de quedarse embarazadas), a pesar de que su información personal indicaba que eran madres. No hay que mirar a los cielos ni gritar “¡aleluya!” para explicar dicha circunstancia. Se trata, más bien, de uno de los problemas a los que se enfrentan todos los científicos cada vez que solicitan a los participantes en sus estudios que proporcionen ellos mismos su información personal.

Cuando las creencias impiden hacer ciencia

Las 45 mujeres –de entre 5.430 embarazadas de las 7.870 participantes en total– que han sido consideradas “madres vírgenes” afirmaron no haber hecho nunca el amor ni haber sido fecundadas in vitro, la otra opción que podría haber dado lugar a dicha confusión. “Nuestro primer pensamiento fue que habíamos cometido un error de programación”, confesó Amy Herring, profesora de bioestadística en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

Las vírgenes modernas aseguraron haber tenido una mala comunicación con sus padres sobre temas sexualesPronto se dieron cuenta de que no era así, cuando repararon en que todos aquellos casos que catalogaron como “nacimientos vírgenes” compartían unas características semejantes. Simplemente, la información que habían dado intentaba ocultar la verdad sobre su propia sexualidad, o las participantes mantenían ideas equivocadas sobre la definición de “virginidad” o “coito”.

Un amplio porcentaje de ellas habían hecho promesa de castidad hasta el matrimonio, por lo que habían ocultado la fecha de su primer coito ya que podía poner en duda dicho compromiso. Además, los investigadores identificaron que estas vírgenes modernas afirmaban haber tenido una peor comunicación con sus padres en lo referentes a la salud sexual y los métodos profilácticos, lo que sugiere que el sexo es para ellas un importante tabú.

Por el contrario, dichas mujeres no manifestaron un nivel de religiosidad mayor a la media. Recordemos que en Estados Unidos el voto de castidad no va necesariamente ligado a la práctica religiosa, sino que se identifica con “un apoyo de la moralidad, la virtud y la vida familiar”.

Cuando confiesas a una máquina

Este desfase entre lo que se dice y lo que se hace ocurría también cuando las encuestadas comunicaban su información a un programa informático que les aseguraba el máximo anonimato. “Incluso en ese caso, es posible que las mujeres se hayan reservado ciertas experiencias o hayan elegido darles una menor importancia”, explica Herring.

La investigación también identificó algún que otro padre virgenNo se puede negar el sentido del humor de los responsables del estudio, llamado Like a Virgin (Mother), que recuerdan con media sonrisa que la partenogénesis, es decir, la reproducción basada en el desarrollo de células sexuales femeninas no fecundadas, aparece con regularidad en la cultura popular. Los investigadores utilizan los ejemplos de Parque Jurásico III (Jurassic Park III, Joe Johnston, 2001) o Doctor Who, la serie creada por Sydney Newman en 1963, para ilustrarlo.

Esta investigación es una buena muestra de los problemas a los que han de enfrentarse los investigadores cuando han de confiar en la sinceridad de sus encuestados a la hora de realizar un estudio. Sobre todo si tenemos en cuenta que también aparecieron unos cuantos “padres vírgenes” en la cuesta, cuyas motivaciones, señalan los investigadores, son aún más complejas que las de las mujeres que parecieron quedar embarazadas por obra del Espíritu Santo.

Alma, Corazón, Vida
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