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La patología del último minuto o por qué hoy en día somos tan maleducados
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¿QUÉ HACER CUANDO PASAMOS EL DÍA ESPERANDO?

La patología del último minuto o por qué hoy en día somos tan maleducados

Los móviles han favorecido la aparición de comportamientos que en otros tiempos habrían parecido producto de la mala educación

Foto: Desde que tenemos teléfonos móviles a nuestro alcance, hemos dejado de ser puntuales. (Corbis)
Desde que tenemos teléfonos móviles a nuestro alcance, hemos dejado de ser puntuales. (Corbis)

Mucho se habla de todos los cambios que han introducido las nuevas tecnologías a la hora de comunicarnos y, sin embargo, solemos olvidar un factor que sin duda viene de la mano de todos los cacharritos móviles, con internet e inalámbricos que poseemos. Se trata de la patología del último minuto: si no la padeces tú, seguro que alguno de tus amigos lo hace. ¿Cuáles son los principales síntomas?:

–Enviar a menudo mensajes de texto en el último minuto para cancelar los planes, normalmente cuando la otra persona ya se encuentra en el lugar acordado.

Anular con frecuencia planes con amigos simplemente porque no te apetece ir o porque ha surgido alguna otra cosa que te apetece más.

–Enviar mensajes con demasiada frecuencia diciendo que llegas tarde.

Olvidarse de las reuniones o las citas porque no lo habías guardado en el móvil.

–Dejar constantemente los planes en el aire para confirmarlos en el últimominuto, y siempre a través de un mensaje de texto.

Efectivamente, parece que es muy difícil hoy en día estar esperando a que llegue la persona citada y no estar pendiente del móvil: si no es una cancelación, lo más probable será recibir un "llego en diez minutos" o un "mejor quedamos en no sé dónde", pero es raro que la gente se atenga a lo previamente acordado.

La mala educación

La posibilidad de avisar con poco tiempo a través del teléfono móvil es, sin duda, positiva si es usa bien. Evidentemente, puede ocurrirnos algo que haga totalmente imposible que lleguemos a la cita y, en tal caso, tener la posibilidad de avisar al otro siempre es tranquilizador para ambas partes. Sin embargo, el constante abuso del móvil nos está convirtiendo en unos maleducados: parece que, si avisamos, nuestra corrección no se pone en entredicho. Sin embargo, cuando uno queda con alguien, fijando un lugar y una hora, lo pertinente es aparecer: aunque en el momento de la cita no apetezca, o haya surgido un plan mejor, o haga frío, o se tenga sueño. Es el mínimo de modales requerido para las relaciones sociales: aparecer.

No obstante, parece que los modales se han perdido y que cancelar cinco minutos antes de la hora acordada porque no nos apetece ir es perfectamente legítimo siempre que se avise. Y, claro, normalmente avisamos mediante un mensaje de texto, que no permite la réplica directa del interlocutor y nos ahorra numerosas explicaciones.

La falta de respeto

Este fenómeno resulta curioso porque, si bien es cierto que el móvil permite avisar al otro y nos deja con la conciencia tranquila, también es verdad que no es más difícil que antes llegar a los sitios. De hecho, probablemente sea más fácil y nos cueste menos, y nadie nos impide quedar en un sitio que nos venga bien.

Parece que simplemente nos mueve una absoluta falta de respeto por el tiempo de los demás, que consideramos menos valioso que el nuestro. Esto siempre ha sido así, la diferencia es que ahora podemos avisar a la gente de que están perdiendo su tiempo y, en consecuencia, la actitud se ha vuelto más o menos aceptada.

La tecnología, que prefiere lo fácil a lo correcto, nos está incitando a hacer lo propio, y nos comportamos a menudo de la manera que no es más cómoda sin tener en cuenta las necesidades de los demás. La posibilidad de avisar, cancelar o modificar los planes con apenas diez minutos de antelación ha hecho que nos parezca que cancelarlos o modificarlos es correcto, pero sigue siendo una falta de respeto para la persona que ha dejado lo que estaba haciendo y se ha preparado para estar a la hora fijada en el sitio convenido.

La superficialidad

Pero no todos son malos modales. Por si fuera poco, la tecnología está haciendo que nuestras relaciones sociales sean cada vez más superficiales. Así, no sólo nos contentamos con no aparecer a las citas, sino que avisamos con un mensaje de texto que no espera respuesta, plagado de caritas sonrientes, de emoticonos simpáticos que apuntan a una próxima quedada o de caritas tristes que buscan la empatía del amigo. Pero cuando uno ha organizado su día para quedar a una hora y en un lugar, una carita sonriente no parece arreglar demasiado. Da la sensación de que nuestro tiempo no es válido y nuestra compañía tampoco. Y, además, parecemos adolescentes que se mandan notitas en mitad de clase.

Vivimos en un constante "ya veremos" que creemos que nos beneficia y que nos impide salir de nuestra zona de confort. No obstante, hay cosas que deben planearse. Al fin y al cabo, los horarios no son sino la manera mundial de ponerse de acuerdo, y no respetarlos es signo de una profunda carencia social y de un gran egoísmo.

Si algo bueno tiene todo esto es que nos hemos acostumbrado a ir con un libro en el bolso por si toca esperar al amigo de turno más de lo previsto. Ah, bueno, no. Claro. Que ahora nosotros tenemos Facebook en el móvil: hacemos una foto de nuestras nuevas botas sobre el pavimento, le ponemos un filtro, la subimos a una red social y escribimos "Aquí, esperando a Cris XD". Y así matamos –aniquilamos– el tiempo.

Mucho se habla de todos los cambios que han introducido las nuevas tecnologías a la hora de comunicarnos y, sin embargo, solemos olvidar un factor que sin duda viene de la mano de todos los cacharritos móviles, con internet e inalámbricos que poseemos. Se trata de la patología del último minuto: si no la padeces tú, seguro que alguno de tus amigos lo hace. ¿Cuáles son los principales síntomas?:

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