SALIR A COMER CON UNA AMIGA, SITUACIÓN LÍMITE

¿Qué dispara nuestros celos?

“Compartir mesa con una persona del otro sexo dispara más los celos de tu pareja que tomar un café o realizar cualquier otra actividad que no

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¿Qué dispara nuestros celos?

“Compartir mesa con una persona del otro sexo dispara más los celos de tu pareja que tomar un café o realizar cualquier otra actividad que no implique consumir un alimento”. Es la conclusión a la que ha llegado un reciente estudio realizado en la Escuela Dyson de Economía Aplicada, perteneciente a la neoyorquina Universidad de Cornell. Los investigadores Kevin M. Kniffin y Brian Wansink se preguntaron cuál era la influencia que la comida tiene en nuestra vida emocional, y más concretamente, en los celos que sentimos. “Nuestro estudio se basa en investigaciones previas que han demostrado el papel que el consumo de comida en compañía desempeña en la socialización”, se asegura en el artículo. “Si comer juntos es visto de manera implícita como un mecanismo de unión, es normal que ir a almorzar con otra persona que no sea tu pareja provoque un mayor número de sentimientos de celo en tu compañero sentimental”.

Los datos del estudio indican que, como es de esperar, los encuentros en persona con una persona de otro sexo son mucho más conflictivos que las conversaciones por teléfono o por correo electrónico. Lo que resulta más sorprendente es la jerarquía que los investigadores establecen respecto a los encuentros en persona: aunque como ya se ha señalado, el almuerzo al mediodía es un mal momento para decir a nuestra pareja que salimos a comer con otra, mucho peor es salir a cenar, según manifestaron los analizados. Además, tomar un café a última hora de la tarde genera mucha más tensión que hacerlo a última hora de la mañana.

Los celos dependen de las consecuencias que cada persona considera que puede tener una infidelidad de su pareja“La gente considera que comer con alguien trasciende significativamente el mero consumo físico de calorías. Es más, nuestro estudio sugiere que la gente tiene presente el potencial peligro para la relación que puede suponer almorzar con otra persona”, señalan los investigadores en las conclusiones del estudio, que sugieren que su próximo proyecto debería ir destinado a averiguar de qué manera comer en un restaurante donde la comida es apetitosa puede mejorar nuestra percepción de la persona con la que compartimos mesa, puesto que estiman que hay evidencia suficiente para defender tal afirmación.

Los resultados del estudio igual a las personas de ambos sexos, según manifiesta en el artículo el grupo de investigadores, que hacen un especial hincapié en este punto ya que “la mayor parte de investigaciones sobre los celos afirman que los hombres y las mujeres se comportan de manera muy diferente”. Una concepción popularmente compartida y que sin embargo, cada vez está menos justificada.

¿Celos diferentes o prejuicio evolucionista?

Los investigadores ponen especial énfasis en la poca diferencia que encontraron entre las respuestas de los hombres y de las mujeres porque la mayor parte de estudios existentes hasta el momento han puesto el acento en dichas diferencias, aunque cada vez sea una idea menos compartida. Muestra de ello es el estudio realizado por diversos investigadores de la Northeastern University de Boston, y llamado Diferencias de sexo en los celos: ¿Mecanismo evolucionario o instrumento de medida?, que embargo contradice la idea de que hombres y mujeres se comporten de manera tan diferente respecto a los celos.

En el texto, los investigadores argumentan en contra de la visión evolucionista que durante décadas fue la preponderante respecto a este tema. Según esta teoría, las mujeres habrían desarrollado un mecanismo para responder a los celos emocionales, dado que necesitan que el hombre les sea fiel para que les ayude a criar a los hijos que han engendrado. En caso contrario, se verían abocadas a cuidar sin apoyo masculino a sus retoños. Por otra parte, la motivación existente detrás de los celos masculinos estaría más relacionada con lo físico y la necesidad de garantizar que la semilla del macho tiene la máxima difusión posible y no se ve obligado a criar hijos que no sean suyos. Tanto en uno como en otro caso, los celos serían una alarma que saltaría cuando empezase a percibirse el peligro de la aparición de una tercera persona en la relación de pareja, sólo que en el caso de los hombres el encuentro sexual sería más dañino que un hipotético enamoramiento indeseado.

Para los hombres, encontrarse a su pareja con otro resulta sexualmente estimulanteSin embargo, el estudio encabezado por Peter Salovey y David DeSteno aseguraba que hombres y mujeres reaccionan de manera muy semejante cuando se les pregunta qué preferirían, una infidelidad emocional o una física. La investigación encontró que las diferencias individuales eran mucho más significativas que las propiamente sexuales y que en realidad los celos obedecen a la lógica mental propia de cada persona: es lo que llamaron el modelo “si..., luego…”. Segun este, los celos nacen como resultado de las consecuencias que cada cual cree que se pueden derivar de los actos de su pareja, por lo que se encontrarían unidos a sentimientos más culturales y psicológicos de miedo, inseguridad e imagen social. Además, indicaron que la separación entre lo físico y lo emocional es mucho más artificial de lo que parece, por lo que es absurdo considerar que pertenecen a esferas separadas.

Consecuencias físicas

Otras investigaciones, como la realizada por Christine R. Harris de la Universidad de San Diego en California, han analizado desde un punto de vista fisiológico cómo responde el cuerpo del ser humano a una infidelidad de la pareja. En dicho estudio, Harris consiguió refrendar las ideas descubiertas por los investigadores de la Universidad de Boston, ya que después de analizar el pulso, la presión sanguínea y la actividad electrodermal de cien personas de ambos sexos llegó a la conclusión de que no se diferenciaban significativamente en sus respuestas respecto a los celos.

El proceso de la investigación realizada por Christine R. Harris resultó especialmente divertido. En el primer estudio realizado en el laboratorio de la Universidad californiana, los resultados parecieron confirmar las teorías evolucionistas a las que tan poco aprecio tenía la investigadora. Se dio cuenta de que evocar la posibilidad de una infidelidad física ponía mucho más nerviosos a los hombres que a las mujeres, lo que serviría para justificar la idea de que al sexo masculino le afecta mucho más la posibilidad de que su pareja se haya metido en la cama con otro.

Sin embargo, el siguiente experimento cambió sustancialmente el enfoque del estudio. Harris descubrió que no es que los hombres se sentían más afectados cuando se hablaba de la posibilidad de que su mujer les haya sido infiel, sino que su pulso se aceleraba cuando se imaginaba a su pareja con otro hombre en una actitud explícitamente sexual. Así que intentando descubrir una cosa, se encontraron con otra muy diferente: que para los hombres, imaginarse a su pareja con otro resultaba muy estimulante sexualmente, algo que no ocurría en el caso de las mujeres.

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