Eres vago, glotón y, por supuesto, sucio: eres gordo
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LA DEMONIZACIÓN DE LA OBESIDAD

Eres vago, glotón y, por supuesto, sucio: eres gordo

“Falete recibió clases de canto porque de frente no cabía”, reza un chiste en Twitter. Otro dice que “Telepizza pone sus pizzas a un euro hasta

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Eres vago, glotón y, por supuesto, sucio: eres gordo

Falete recibió clases de canto porque de frente no cabía”, reza un chiste en Twitter. Otro dice que “Telepizza pone sus pizzas a un euro hasta agotar existencias o hasta que llegue Falete”. Un tercero se pregunta “¿Si lo que no mata engorda, es Falete inmortal?” y otro asegura que “El infierno debe ser algo así como quedarse atrapado en una isla desierta con Falete”. Basta el sencillo ejercicio de escribir el nombre del cantante en el buscador de la red social Twitter para comprobar cómo una sucesión de inocentes chistes de gordos se convierte, por su condición de aluvión, en un verdadero ejemplo de escarnio público.

No es el único caso. Hace unos meses, el diseñador alemán y capitán de la casa Chanel Karl Lagerfeld reprochaba a la cantante Adele sus kilos de más. “Está un poco gorda”, afirmaba en un periódico francés, “pero tiene una cara bonita y una voz divina”.

En 2009, cuando arreciaba una de las muchas polémicas por la extrema delgadez de algunas modelos, Lagerfeld aseguró que a la talla cero sólo se oponen “las madres gordas que se sientan frente a la televisión a comer patatas fritas”, a las que también acusó de orquestar algo así como un complot internacional en su contra. Y unos años antes, con ocasión de otra polémica similar, afirmó que no eran las delirantes exigencias del canon de pasarela lo que contribuía a la anorexia de muchas modelos, sino “sus traumas y problemas psicológicos”. Por lo visto, todas a su alrededor le parecen a Lagerfeld gordas y desequilibradas, aunque fuera él quien perdiera un buen día 36 kilos de una sentada e impusiese en Chanel el cuello Lagerfeld, un invento que en realidad sirve al alemán para sujetar su propia papada.

El gordo como chiste

Aunque parezca contradictoria, la relación que el modisto mantiene con la obesidad –acomplejado hacia la propia, agresivo con la ajena– bien puede considerarse metafórica del trato al que nuestra sociedad somete a sus gordos. El sobrepeso es fuente de sufrimiento para quien lo tiene y de miedo para quien no, pero a la vez todos estamos dispuestos a ridiculizar al gordo, aunque no tanto a admitirlo.

Creemos erróneamente que la felicidad es no tener ningún problema

“La burla es sólo una parte de la actitud”, explica a El Confidencial la doctora María Isabel Casado, psicóloga clínica y profesora de la Universidad Complutense. “El problema integral es la estigmatización de la obesidad. A los gordos se les culpabiliza de su propia gordura y se les trasladan mensajes críticos constantemente: si eres gordo es porque no tienes control sobre ti mismo, si eres gordo es porque eres glotón, si eres gordo es por culpa de tus hábitos…”. Y por descontado, también el silogismo que reza que el gordo no conseguirá pareja, y la pareja es la felicidad, por lo que el gordo no será feliz. Todo eso acaba por “erosionar la confianza en sí mismas de muchas personas”, cuando no en provocar en ellas problemas de adaptación o la merma de sus habilidades sociales.

Parece claro que, en muchos casos, el cambio de rutinas puede contribuir a perder peso, pero la cuestión de fondo es si individuos sanos, con hábitos ortodoxos, una vida normal y un sobrepeso llevadero deben cambiar imperiosamente de aspecto físico para poder disfrutar de la tolerancia de los demás. “Vivimos en la sociedad de la búsqueda de la felicidad, y creemos erróneamente que esa felicidad es no tener ningún problema”, explica Casado. Según la doctora, “para nosotros, no tener ningún problema consiste en ser joven, guapo, sano y exitoso y percibimos que el paso de los años o el cambio de tu estado físico son algo a lo que tenemos que poner remedio”.

El gordo sindicado

Muchos gordos, no obstante, no se resignan al trato diferenciado sin plantar batalla. El fat acceptance movementmovimiento de aceptación de la gordura–, también llamado fat activism es una sensibilidad nacida en Estados Unidos que trabaja por cambiar la actitud que muchos mantienen hacia los gordos.

Existen muchas asociaciones para la aceptación de la obesidad

Algunos de los grupos que lo integran son la ISAA –International Size Acceptance Association–, la NAAFA –National Association to Advance Fat Acceptance– o el CSWD –Council of Size and Weight Discrimination–. “El prejuicio basado en el peso no es diferente ni mejor que el basado en el color de la piel, el género, la religión, la discapacidad o la orientación sexual”, rezan los principios de esta última. También que “el retrato que hacen los medios de la gente gorda es con frecuencia inapropiado y negativo y que los medios de comunicación promueven el miedo a la gordura y la obsesión con la delgadez”. La piedra angular de todas estas asociaciones es la misma: la asociación de gordos no es un grupo de autoayuda, sino una colectividad de personas a las que se trata de forma distinta sin motivo justificado. “Las personas felices, atractivas y capaces lo son en todo tipo de formas y tamaños”, sintetizan.

La sensibilidad hacia el mismo tema es considerablemente menor en España, pero aun así empiezan a ganar visibilidad en nuestro país grupos y asociaciones que parten del mismo punto de vista para reivindicar la necesidad de que medios y particulares reserven para los gordos un espacio distinto del reproche, la discriminación y la burla.

El gordo enfermo

“No hay nadie con más sambenitos que un gordo”, explica a El Confidencial Héctor López, portavoz de ASOCEAO –Asociación Española para la Aceptación de la Obesidad–, uno de los pocos grupos que existen en España para promover la tolerancia y el respeto hacia las personas con sobrepeso. “Todos los chistes de gordos van de lo mismo: los gordos son vagos, los gordos están obsesionados con la comida, los gordos son sucios. También se da por sentado que alguien gordo es feo y se asume que, por descontado, el gordo es infeliz y vive su obesidad con frustración”.

El gordo es el único 'enfermo' al que se culpa de su enfermedad

Algo que, según López, parte de la “patologización de la obesidad”. “Es evidente –nos explica– que una persona con sobrepeso está más sometida a factores de riesgo, y también lo es que un severo problema de sobrepeso representa un riesgo igual de severo para la salud”. Sin embargo, la hipersensibilización social hacia la obesidad “lleva a considerar patológico el hecho de que te sobren tres o cinco kilos” y a tratar a personas a las que les sobran diez o quince “como enfermos graves”.