El Plan de Apoyo, clave para el éxito escolar
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ESPAÑA TIENE EL PORCENTAJE DE REPETIDORES MÁS ELEVADO DE LA OCDE

El Plan de Apoyo, clave para el éxito escolar

El mejor camino para lograr buenos resultados escolares pasa por elevar las expectativas positivas de los padres sobre el futuro de sus hijos y por fomentar

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El Plan de Apoyo, clave para el éxito escolar

El mejor camino para lograr buenos resultados escolares pasa por elevar las expectativas positivas de los padres sobre el futuro de sus hijos y por fomentar el apoyo educativo dentro de la familia (educando su curiosidad, su voluntad de aprendizaje y su responsabilidad). Igualmente, han de generarse mejores expectativas entre un profesorado que debería creer en sus alumnos, trabajar en equipo y contar con los mejores medios didácticos y personales.  La autonomía de los centros y la cooperación con la familia y el entorno son también claves para aumentar la calidad de la enseñanza, así  como una sociedad cultural y educativamente responsable que colabore con inteligencia compartida a la hora de elevar los niveles de instrucción y la formación en valores.

Pero no es ese el contexto en que nos desenvolvemos. El ejemplo que mejor demuestra nuestros problemas es la forma en que abordamos el fracaso, especialmente patente en el problema de la repetición de curso, algo que solemos observar desde la resignación. Es algo que ninguno de los implicados (alumnos, padres, profesores) quiere,  pero que se asume cómo una especie de mal menor sin valorar otras alternativas.

Y deberíamos hacerlo, porque la solución que estamos dando no es buena. Como señala el último estudio sobre educación publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), repetir curso es contraproducente y muy caro. Analizando los datos que aparecen el informe PISA 2009 aparece que cuando existe un alto porcentaje de alumnos repetidores en Primaria aumentan los malos resultados académicos posteriores. Además, el gasto en el sistema educativo aumenta en esos casos. Según sus datos, el porcentaje más elevado de repetidores corresponde a Bélgica (34 %), Portugal o España (35%) y Luxemburgo o Francia (36%). Superando el 30% aparecen países como Panamá, Argentina, Colombia, Uruguay, Brasil, Túnez y Macao. En el extremo opuesto, no existe repetición en Japón, Corea del Sur o Noruega, países claramente desarrollados. Y es menor del 3% en países como Islandia, Eslovenia, Taiwán, Montenegro, Reino Unido o Finlandia. En este último, el primer país en calidad educativa según el Informe PISA.

En España,  la Ley Orgánica de Educación (LOE), marca las condiciones mínimas que deben cumplir  los alumnos para promocionar curso o para repetirlo. En Educación Primaria, sólo se podrá repetir a final de ciclo en 2º, 4º o 6º, y sólo un año, por decisión del equipo docente teniendo en cuenta el informe  del tutor, quien –además– debe acompañarlo de un plan específico de refuerzo o recuperación. En la ESO se puede repetir dos veces dentro de esa etapa, pero una sola vez por curso, excepto en 4º, que se puede cursar por tercera vez si no se ha repetido nunca.

340.000 repetidores al año

No estamos ante un problema banal: en 2007-2008, unos 340.000 alumnos estaban repitiendo curso, con una mayor incidencia en el género masculino y en los colegios públicos. Ante unas cifras tan negativas, hemos de ser conscientes de que, como señala el informe de la OCDE, repetir es fruto de la ineficacia académica para abordar los problemas de alumnos con dificultades de aprendizaje, que suelen coincidir –en términos generales– con chicos pertenecientes a grupos social y económicamente desfavorecidos. La repetición o la segregación (trasladando a los alumnos con dificultades de disciplina o de aprendizaje a centros educativos especiales)  no es más que un desplazamiento del problema.  E incluso se agrava, porque educativamente los profesores tienen menos motivación para ayudar a estos alumnos con dificultades. Por eso debemos preguntarnos si esta concepción educativa no procede de un modelo rígido, con una didáctica pasiva, transmisiva y segregadora y si es posible concebir un sistema educativo más flexible y centrado en las necesidades, capacidades y potencialidades de cada alumno para ayudarle a progresar desde el nivel en que se encuentre.

Para conseguir ese objetivo, deberíamos dejar de pensar que el problema es sólo del estudiante, quien es visto como único responsable y al que se le achacan, según un informe del Instituto Vasco de Evaluación e Investigación Educativa (IVEIE), falta de esfuerzo, de motivación y de interés y, en menor grado, carencia de conocimientos de cursos anteriores. Hay más causas, como la falta de apoyo familiar o la incapacidad de muchos profesores de adaptar las enseñanzas al nivel del estudiante, manteniendo una manera de enseñar pasiva, grupal y poco personalizada.

Pero el punto clave para abordar el problema del fracaso escolar reside en ser conscientes de que la repetición, sin otras medidas complementarias, sitúa al repetidor en un escenario académico parecido al que vivió en el curso en el que fracasó, agravado por los problemas emocionales de adaptación al nuevo grupo. Por tanto, para que la repetición tenga un efecto positivo es necesario que el estudiante reciba medidas adicionales que le ayuden a superar las dificultades concretas de aprendizaje a través de un Plan de Apoyo Individualizado. Si, por el contrario, el alumno con un bajo rendimiento promociona automáticamente, sería preciso también un Plan de Medidas Complementarias, un tiempo especial con un profesorado de apoyo que le dé refuerzo en las materias no superadas, o la creación de grupos flexibles con programas adaptados y planes de seguimiento personalizado. Lo que implica que el centro educativo adopte innovaciones en organización y en metodologías más activas, con una evaluación continuada.

En suma, si es mucho más costoso y perjudicial repetir que no repetir un curso, y si en ambos casos –para poder ayudar a los alumnos con dificultades de aprendizaje– va a ser necesario un Plan de Apoyo, es mucho mejor llevarlo a cabo en el curso correspondiente a la edad del alumno, sin necesidad de que repita. Esta es, precisamente, la gran diferencia y el valor añadido que aportan los sistemas educativos centrados en el alumno, como el de Finlandia. Porque desde los primeros cursos previenen las dificultades y actúan reforzando la acción didáctica del profesorado con medios y medidas para evitar -en todo lo posible- que el alumno fracase y repita curso. Y esto debe ocurrir en mayor medida en la Educación Primaria, pues cuanto antes actuemos mejores serán los resultados posteriores.

Para ello debemos ayudar a los alumnos en el momento en que lo necesitan y no desplazar el problema esperando que se solucione por sí mismo. Debemos, pues, contar con una visión estratégica e integradora de la Educación, que recoja para todos los mejores beneficios del conocimiento y de la ética.

*Pedro Molino es maestro, creativo y editor.