Los errores que llevas dentro
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Los errores que llevas dentro

Empiezo a ver cada vez más señales a mi alrededor que hablan de un nuevo futuro para nuestra economía. Un futuro hecho de emprendedores con buena

Empiezo a ver cada vez más señales a mi alrededor que hablan de un nuevo futuro para nuestra economía. Un futuro hecho de emprendedores con buena educación, fuerte experiencia empresarial, y gran desarrollo intelectual. ¡Esto es una buenísima noticia!

Me recuerda a cuando me lancé yo a mis aventuras emprendedoras hace ya seis años. Estaba tan preparada como se podía estar: había trabajado en grandes empresas durante diez años con un enfoque muy generalista y muy internacional. Tenía una carrera universitaria y acababa de hacer un MBA.

Lo más importante: había prestado mucha atención a los errores que cometían los demás a mi alrededor. Escuchaba atentamente todas las historias de fracasos empresariales, analizando si esto podría ocurrirme a mí y por qué. Pero nada ni nadie pudieron prepararme para los errores que llevaba dentro de mí.

Esta es la primera provocación que puedo ofrecer a los nuevos emprendedores. Si fueses a romper por algún lado, ¿por donde sería?

Mientras que uno va cometiendo errores en los puestos directivos que ocupa a lo largo de su carrera, el coste de dichos errores se diluye mucho en grandes organizaciones, y en todo caso es absorbido por los dueños que financian el negocio. Cuando emprendes tu propio negocio, el coste te lo comes todo tú.

Los errores que cometerás como empresario serán a menudo versiones más graves de errores pasados que ya has repetido más de una vez. Como no te dolieron en su momento, no aprendiste la lección.

Y es que los errores que llevamos dentro son el origen de nuestras cegueras inconscientes. No sabemos que no vemos lo que no queremos ver, y así nos metemos de lleno en el problema antes de poder reaccionar. Por mucho que intenten prevenirnos los demás.

Si estás pensando que esto no va contigo, entonces estás más ciego que ninguno. Nuestros errores son las pautas del itinerario de aprendizaje vital que nos toca recorrer a cada uno. Cuando el coste del error, o el frío de la crisis económica, te queman directamente la piel, es cuando tu cerebro absorbe a toda velocidad todos esos principios de marketing o de finanzas que nunca conseguiste retener hasta ahora.

El papel del sistema límbico en la retención de información, su memorización y aprendizaje, es la clave. Al cerebro humano no le interesa retener conocimientos que no se asocian a emociones fuertes. Si el dato que entra no es imprescindible para resolver las amenazas inmediatas a tu supervivencia, puede guardarse en cualquier cajón desastre difícil de encontrar. O se tira directamente.

Pero cuando lo que está en juego es tu supervivencia y tu patrimonio personal, te aseguro que las emociones son tan intensas que tu cerebro retiene lo esencial de todo el surtido de especialidades que requieres para sacar adelante tu proyecto. Te vuelves astuto sí o sí.

Emprender un negocio es como aprender a esquiar por primera vez de adulto. Vas a lidiar todos los días con el temor a caerte. Pero comprobarás que si no te tiras por la cuesta no esquías, y por tanto, sigues parado en el frío mientras los demás te pasan a mil por hora. Puedes caerte todas las veces que quieras mientras no te rompas una pierna, porque ahí se acaba el esquí, y vuelves a casa en escayola.

¿Qué puedes hacer para caerte menos veces, hacerte menos daño, y aprender más de cada caída?

Lo primero, reconocer que te vas a pegar unas cuantas bofetadas de novato. La diferencia entre los adultos y los niños cuando esquían es que nosotros sí sabemos que somos vulnerables y que los huesos hacen daño cuando se rompen. No digamos los ahorros que se esfuman.

Lo segundo, márcate un espacio mensual en la agenda para reflexionar sobre tus errores  y tus dudas con total seriedad. Para dar un paso atrás respecto de tu propia vida y reflexionar sobre por qué estás haciendo lo que haces.

Lo tercero, búscate dos o tres mentores de tu confianza. No pueden ser tus amigos inmediatos ni socios muy implicados en tu negocio, porque entonces su perspectiva estará coartada por sus intereses y los tuyos. Elige a personas cuyos conocimientos y experiencia sean mejores que los tuyos, y tómate un café con ellos cada dos o tres meses.

Y si después de hacer todo esto te sigues sintiendo atascado o perdido, contrata a un asesor que controle la dimensión emocional o psicológica. Tiene que ser alguien especializado en ayudarte a aprender de ti mismo, que sepa convencerte con los argumentos adecuados, y con quien te sientas cómodo.

Resérvate una parte de tu presupuesto para esto último. Es tu inversión más estratégica. Si te ayuda a encontrar esos errores que llevas dentro antes de que te arruines y tengas que volver a casa en escayola, será el dinero mejor invertido de toda tu vida.

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