De la última supertierra a la primera que encontramos

Si hay vida ahí fuera, estos son los lugares donde podremos encontrarla

El descubrimiento de exoplanetas potencialmente habitables ya se ha convertido en algo periódico, pero tras el entusiasmo inicial vienen más estudios y análisis

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El descubrimiento de exoplanetas similares en mayor o menor medida y con características compatibles con la presencia de vida es algo siempre emocionante y, aun así, estas noticias ya comienzan a causarnos cierta sensación de 'dejá vù': "Vaya, un nuevo exoplaneta que podría albergar vida, ¿dónde he oído yo esto antes?". Probablemente, en su sección de ciencia favorita.

Porque en los últimos años han sido varios los exoplanetas con posibilidades de ser habitables descubiertos. Algunos aparecieron antes de que tuviésemos claro qué estábamos buscando. Otros recibieron todo el bombo y platillo que una gran agencia gubernamental (sí, NASA, te estoy mirando a ti) es capaz de generar a su alrededor. Algunos han resultado ser más prometedores de lo que parecían cuando los encontramos. Otros nos han desinflado las expectativas con el tiempo. Estos son algunos de los principales candidatos a albergar vida más allá de la Tierra.

¿Qué es un planeta potencialmente habitable?

En astronomía y astrobiología se llama zona potencialmente habitable a la región alrededor de una estrella en la que la temperatura y presión atmosférica son suficientes para mantener agua líquida en su superficie. Para que un planeta se considere potencialmente habitable, por tanto, debe encontrarse en la zona de habitabilidad y tener una superficie rocosa, similar a la que tenemos en la Tierra.

La zona de habitabilidad del sistema solar y del sistema Kepler 22 (NASA)
La zona de habitabilidad del sistema solar y del sistema Kepler 22 (NASA)

Esta definición, que se limita a las posibilidades de que haya vida tal y como la conocemos en nuestro planeta, es sin embargo lo suficientemente amplia como para que unos 40.000 millones de planetas entren en ella: esa sería la cantidad de planetas de un tamaño similar a la Tierra que orbitan en las zonas de habitabilidad de estrellas similares a nuestro Sol o a enanas rojas, solo dentro de la Vía Láctea.

Claro que no todos ellos serán igual de fáciles de detectar y de estudiar. Algunos de ellos cruzan ante las estrellas que orbitan, lo que llamamos tránsito, lo que facilita medir y analizar su composición y atmósfera. Algunos, menos, están lo suficientemente cercanos a nosotros como para esperar que podamos visitarlos algún día, o al menos fotografiarlos de cerca.

El recién llegado a la lista: LHS 1140b

Su descubrimiento era anunciado esta semana por científicos del Harvard Smithsonian Center for Astrophysics, y ha sido denominado como el lugar más propicio para empezar a buscar señales de vida fuera de nuestro sistema solar. Se trata de una 'supertierra', 1,4 veces mayor que nuestro planeta y con una masa 6,6 veces superior, lo que indica que probablemente esté formado por roca y no por gas.

Con el extraño nombre que los científicos le han dado, LHS 1140b da vueltas rápidas y cercanas a su estrella, de la que se ha extraído su nombra (esta es LHS 1140): allí un año solo dura 25 días. Eso sí, su estrella, una enana roja, es más fría que la nuestra y a pesar de lo cerca que se encuentra, recibe de ella aproximadamente la misma cantidad de energía que la Tierra del Sol, y por tanto la temperatura es lo suficientemente fresca como para que haya agua líquida y no solo evaporada.

¿Podremos ir a echar un vistazo algún día? Quién sabe. LHS 1140b se encuentra a 40 años luz de la Tierra, lo que lo convierte en uno de los exoplanetas potencialmente habitables que quizá podamos explorar algún día. Gracias a eso, y a que su órbita lo hace transitar entre su estrella y nosotros, contamos con muchas oportunidades para intentar determinar si tiene una atmósfera, de qué está compuesta y si hay en ella alguna señal de vida que podamos reconocer como tal.

Trappist: queda mucho por averiguar

Hablando de anuncios a bombo y platillo: aunque la existencia del sistema Trappist1, un sistema compuesto por una estrella enana roja ultrafría y, al menos, tres planetas orbitando a su alrededor, ya se conocía desde el verano de 2016, cuando la NASA anunció que añadía cuatro planetas más al sistema, y que al menos tres se encontraban dentro de su zona de habitabilidad, enloquecimos de emoción, asombro y expectativas de colonización espacial.

Según lo anunciado por la NASA, de los siete planetas que conforman Trappist1, cinco de ellos (b, c, e, f y g) serían similares en tamaño a la Tierra, y los otros dos (d y h) estarían en un tamaño intermiedio entre Marte y la Tierra. Tres de ellos (b, c y d) se encontrarían demasiado cerca y otro (h) demasiado lejos, pero los tres centrales (e, f y g) se hallarían justo en la zona de habitabilidad de su estrella, donde la energía que reciben es suficiente para que el agua no esté congelada pero no tanta como que se halle en estado gaseoso. Unido a su carácter rocoso, cumplirían los primeros requisitos para ser considerados potencialmente habitables. A falta de posteriores investigaciones, este sistema solar plagado de tierras parecía un buen sitio para buscar vida.

Concepto del artista de la NASA-JPL/Caltech de lo que puede ser el sistema planetario TRAPPIST-1
Concepto del artista de la NASA-JPL/Caltech de lo que puede ser el sistema planetario TRAPPIST-1

Pero investigaciones posteriores han hecho contener el entusiasmo. Un modelado tridimensional de las condiciones climáticas de estos planetas, llevado a cabo por astrofísicos de la Universidad de Colorado sugerían que como mucho uno de sus planetas sería habitable, pero no más. Para llevar a cabo sus cálculos, los científicos asumieron que los siete planetas están, o habrían estado alguna vez, cubiertos parcialmente por océanos de agua líquida y que sus atmósferas contienen nitrógeno, dióxido de carbono y vapor de agua, como ocurre en la Tierra.

"Los resultados indican que, en el presente, los tres planetas interiores habrían sufrido un intenso efecto invernadero y su agua líquida se habrá evaporado hacia el espacio, dejándolos secos a día de hoy; los tres planetas exteriores, en cambio habrían sobrepasado el límite de CO2", y por ello serían a día de hoy enormes bolas de nieve sin vida.

Solo el planeta intermedio seguría siendo un candidato viable para acoger agua. Podría mantener, según estos resultados, "al menos una parte de superficie habitable", dependiendo de los niveles de nitrógeno atmosférico.

Las expectativas se enfrían con Próxima b

Próxima Centauri es la estrella enana roja más cercana a nuestro Sol, a unos 4,2 años luz de la Tierra. Orbitando a su alrededor, la NASA nos presentaba en el verano de 2016 a Próxima b, el exoplaneta potencialmente habitable más cercano a nosotros. Invisible directamente, su presencia se detectó observando a su estrella: la influencia gravitatoria del planeta alteraba ligeramente su órbita, y eso permitió determinar que ahí estaba, aunque no se viese.

También que completaba una vuelta en torno a ella cada 11 días, que su tamaño era algo superior al de la Tierra y que su superficie era rocosa. A pesar de lo cerca que se encuentra de Próxima Centauri, lo tenue de su emisión energética evita que Próxima b se achicharre, y la presencia de agua líquida es posible en su superficie. Todo pintaba bien para buscar vida allí.

Meses después, en febrero de 2017, nuevos datos nos hacían calmar las expectativas. Un estudio publicado en The Astrophysical Journal Letters apuntaba a que, a causa de las emisiones de luz ultravioleta y rayos X de la estrella los planetas orbitando en esa zona pierden demasiado oxígeno de su atmósfera como para permitir la formación de agua líquida y, con ello, la presencia de vida.

Gliese 667Cc: más calor de lo que creíamos

Gliese 667Cc es otra supertierra situada alrededor de una estrella enana roja, dentro de su zona de habitabilidad, pero con algunas características llamativas. Para empezar, forma parte de un sistema estelar triple, situado a unos 23 años luz del Sistema Solar, en la constelación de Escorpio. Según los datos recogidos entonces, el planeta tardaba 28 días en dar una vuelta en torno a su estrella, pero de nuevo, la tenue actividad de la enana roja hacía que la cercanía no fuese un problema para la presencia de agua líquida: Gliese 667Cc se encontraba dentro de su zona de habitabilidad.

Gliese 667Cc, con una masa equivalente a seis veces la de la Tierra, orbita en torno a su estrella a una distancia que supone la veinteava parte de la que separa la Tierra del Sol (Foto: ESO)
Gliese 667Cc, con una masa equivalente a seis veces la de la Tierra, orbita en torno a su estrella a una distancia que supone la veinteava parte de la que separa la Tierra del Sol (Foto: ESO)

Los datos indicaban que se trata de un planeta rocoso que, por su forma de rotar, siempre tiene el mismo hemisferio orientado hacia su sol. Quizá, por tanto, solo una parte del planeta fuese habitable finalmente, aquella que hacía de frontera entre la zona donde siempre es de día (demasiado cálida) y la zonda donde siempre es de noche (demasiado fría). En ella, una temperatura aproximada de 30 grados y la presencia de agua líquida favorecerían la habitabilidad.

Sin embargo, descubrimientos posteriores hacían replantearse esa posibilidad: si la atmósfera estaba formada por moléculas más masivas que las que forman la de la Tierra, la temperatura de la superficie sería más alta. Además, ese bloqueo hemisférico y la constante diferencia de temperatura entre ambas zonas del planeta tendrían un impacto determinante sobre el clima global y sobre el comportamiento del agua líquida y sus mareas.

Kepler 186f: demasiado lejos, pero muy parecido

Fue un pionero: el 17 de abril de 2014 se anunciaba el descubrimiento del primer planeta de tamaño similar a la Tierra en la zona habitable de su estrella. El problema es la distancia: unos 500 años luz. Incluso con la próxima generación de supertelescopios, Kepler 186f está demasiado lejos de nosotros como para detectar con facilidad señales que indiquen la presencia de una atmósfera, y no digamos ya de vida.

Y sin embargo, este exoplaneta es hasta la fecha uno de los más parecidos al nuestro: su diámetro es solo un 11% más grande que el de la Tierra y se cree que es rocoso y con océanos de agua líquida. Se cree, además, que la gravedad en su superficie es similar a la que tenemos aquí.

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