ACOSO SEXUAL EN WALLAPOP, BLABLACAR, UBER, CABIFY...

Los acosadores de la economía colaborativa: "¿Llevarás puesto el sujetador?"

En ocasiones, las plataformas de economía colaborativa acaban siendo el redil perfecto de los acosadores sexuales. Te traemos varios casos de acoso sucedidos en España

Foto: (Montaje: Enrique Villarino)
(Montaje: Enrique Villarino)

El auge de la economía colaborativa tiene una gran ventaja más allá del evidente ahorro económico: la conexión directa entre usuarios, que prescinden de este modo de los habituales intermediarios recurriendo a uno solo: la plataforma en cuestión. Sin embargo, esta ventaja también trae consigo varios peligros.

El más frecuente es el de la existencia de prácticas de acoso sexual entre usuarios, una tendencia al alza y que en la inmensa mayoría de ocasiones afecta a las mujeres. Da igual el tipo de plataforma: tanto las de economía colaborativa pura y dura, como Blablacar o Amovens, como las de acceso bajo demanda o conexión entre usuarios, como Uber, Airbnb o Wallapop, lidian a diario con situaciones de acoso sexual que nada tienen que ver con la finalidad última de cada una de estas aplicaciones.

En este periódico hemos hablado con usuarias que han sufrido este tipo de acoso sexual y quieren darlo a conocer. Todas estas historias nos traen una conclusión más que evidente: las plataformas de conexión entre usuarios tienen un grave problema de acoso que, en última instancia, acaba mermando la confianza de su comunidad.

Blablacar: meses de acoso tras un viaje

Sofía es una estudiante que hace tiempo se trasladó a Madrid. En septiembre de 2015 tuvo una experiencia muy desagradable con un conductor de Blablacar, la plataforma de coche compartido para viajes de largo trayecto: "La conductora era una chica, pero poco antes de llegar recibí un mensaje de ella diciéndome que el conductor sería su novio", nos cuenta.

Durante todo el trayecto "la cosa fue normal: hablamos un poco de su novia, de a qué nos dedicábamos los otros tres pasajeros, de dónde veníamos, etc. Durante el viaje fue educado y correcto, simplemente una vez me preguntó si tenía novio", nos cuenta.

Insistía escribiéndome e invitándome a comer, así que lo tuve que bloquear

La sorpresa llegó esa misma noche, una vez en el destino: "Me escribió por Whatsapp [Blablacar no facilita teléfonos personales, pero los usuarios suelen intercambiárselos por si surge algún imprevisto] para invitarme a comer en su casa. Como fue amable, le respondí educadamente, pero me insistió y ahí fui más cortante. No esperaba que la cosa fuera a más: como había hablado de su novia y no había dado muestras de intentar tontear conmigo durante el viaje, no imaginaba que tuviera intención de ligar y creí que simplemente era un pesado".

Pero "lo peor vino después. Cada mañana me despertaba con un 'Buenos días, preciosa/amor' y cada noche me mandaba fotos de bebés con corazones, atardeceres con poemas... Yo nunca respondía, excepto una vez que le dije que no me interesaba y que a ver qué opinaba su novia, pero él insistía enviándome eso e invitándome a comer. Fue tan surrealista que al final lo tuve que bloquear".

Tener a alguien cada mañana, tarde y noche escribiéndote, invitándote y ofreciéndose a recogerte me parece acoso

Hasta entonces, Sofía nunca había sido desconfiada: "Nunca me había preocupado de 'A ver si viajo con un tío y a él le da por ligar conmigo'", pero "desde entonces sí que evito dar mi teléfono. También me fijo más en si viaja alguna chica, ya que me da más seguridad, cuando antes eso me daba igual".

Para ella, esta situación tiene un nombre claro: "Tener a alguien cada mañana, tarde y noche, literalmente, enviándome poemas, postales e invitaciones a cenar e incluso ofreciéndose a llevarme y recogerme del aeropuerto, hasta el punto de tener que bloquearle, me parece acoso. Tanto por la insistencia como por la prolongación en el tiempo: una semana hasta que lo bloqueé", nos asegura.

(Imagen: Blablacar)
(Imagen: Blablacar)

"Aunque me bloquees, eres una guarri"

Su caso no es el único. A Helena le ha pasado lo mismo hasta en dos ocasiones: "Antes ya me había pasado lo mismo con otro conductor de Blablacar, que le dije varias veces que no y dejó de insistir". Pero con Antonio [el conductor de este suceso] no fue así.

Todo empezó tras un viaje compartido el pasado 21 de octubre: "Ese mismo día empezó a decirme que quería quedar conmigo. Al principio no me molestó mucho y le respondí para ver si paraba, pero seguía, así que ya me incomodó y opté por no responderle. Yo solo quería que me dejara en paz", cuenta a este periódico.

Los mensajes de acoso recibidos por Helena Cáceres tras un viaje en Blablacar.
Los mensajes de acoso recibidos por Helena Cáceres tras un viaje en Blablacar.

Ella también lo tiene claro: "Lo veo como acoso, es como realmente lo he sentido. Después de bloquearle en Whatsapp el 5 de enero, me escribió ese mismo día un SMS que decía: 'Aunque bloquees... seguirás siendo una cría... una guarri'. Un mes después, volvió a escribirme otro SMS: 'Desgraciá'. En ese momento me prometí que, si volvía a escribirme, se lo contaría a mis padres (cosa que por el momento no he hecho)".

"Avisé a Blablacar siguiendo todas las indicaciones, pero ni me contestaron ni Antonio se ha ido de la aplicación. Yo soy una persona muy segura de mí misma, pero este tipo de cosas me quitan parte de esa seguridad", reconoce.

A Helena le ha pasado más veces: "Me prometí que, si volvía a escribirme, se lo diría a mis padres"

Según asegura, Blablacar no ha sido especialmente diligente con su denuncia incluso habiéndola hecho pública, aunque algo ha puesto de su parte: desde hace un tiempo, la plataforma permite que las mujeres habiliten la opción de viajar solo con otras mujeres para evitar casos así.

En cualquier caso, este tipo de situaciones no son ni mucho menos excepcionales. Basta con darse una vuelta por Twitter para encontrar casos muy similares: un acoso directo, otro más 'disimulado', el hombre que solo coge a mujeres como pasajeras...

Airbnb: a la cárcel por violar a dos turistas

La mayor plataforma de alquiler vacacional del mundo, Airbnb, también se ha visto envuelta en situaciones similares incluso peores. No en la modalidad de alquileres realizados por profesionales, pero sí en los que tienen lugar entre particulares.

En octubre de 2011, Bebe Rene Crawford y Rachel Marie Park, dos turistas estadounidenses, viajaron a Barcelona y se hospedaron en un piso encontrado a través de la plataforma. Su anfitrión, César, les alquiló una habitación de su vivienda en El Raval. Tras una salida nocturna, el anfitrión violó a las dos mujeres aprovechando su estado de embriaguez.

César aprovechó la embriaguez de Bebe Rene y Rachel Marie para violarlas en su casa

Finalmente, el acusado fue juzgado por presuntos abusos sexuales y condenado a doce años de prisión por los hechos. También se le juzgó por una supuesta tercera violación, pero fue absuelto tras no haberse localizado a la víctima.

Tampoco es el único caso. El 4 de julio de 2015, el estadounidense Jacob López fue víctima de un presunto ataque sexual por parte de su anfitriona transexual en Madrid.

Uber: acoso constante en apenas 15 minutos

Saliendo de la economía colaborativa pura y dura también hay más casos. Sofía, la mujer que al principio de este reportaje nos contaba el acoso sufrido en Blablacar, también cuenta con una experiencia similar a través de Uber. Le ocurrió en un viaje desde el aeropuerto de Barajas hasta la estación de autobús de Méndez Álvaro. Un trayecto de apenas 15-20 minutos en el que, por desgracia, su conductor no perdió el tiempo.

"Tendría unos 45-50 años y no paraba de presumir de tener clientes muy ricos y altos ejecutivos", relata a este periódico. "Empezó a decirme que era muy guapa, que cómo me dejaban salir sola con lo guapa que soy, que si tengo novio, que, vaya, si él tuviera unos años menos, que estaría enamoradísimo de mí, que qué gusto tener clientas tan guapas y elegantes, que si trabajo de modelo ya que por físico podría perfectamente, que seguro que tenía a todos los chicos locos... Yo cada vez era más cortante y seca, pero eso no lo desmotivaba".

Me dijo que era muy guapa, que cómo salía sola, que si tengo novio, que si él tuviera unos años menos estaría enamoradísimo de mí...

Ya en la estación, "se ofreció a hacerme compañía hasta que saliera mi autobús. Le dije que no y él insistió, sin exagerar, unas cinco o seis veces: 'Venga, mujer, que no te dé vergüenza pedírmelo. Aparco el coche y me quedo contigo hasta que salga tu autobús. No me quedo tranquilo dejando a una chica tan guapa sola'. Hasta que ya me puse desagradable y se marchó".

Desde Uber, preguntados por este asunto, condenan el suceso: "Aplicamos una política de tolerancia cero con el acoso de cualquier tipo. Tenemos una política muy estricta para tomar medidas inmediatas cuando un pasajero contacta con atención al cliente para denunciar acciones así". De hecho, la compañía, que ha conocido el suceso por este reportaje, ha ofrecido a Sofía su ayuda para abrir una investigación cuanto antes.

Cabify: El conductor se quedó con su número

A la cantante Electric Nana le pasó algo parecido, en este caso con Cabify. Lo cuenta ella misma en un largo hilo en Twitter: tras un viaje a través de la aplicación, el conductor en cuestión se guardó su número y, un día después, contactó con ella para invitarla a salir.

"Me cabreo", asegura, "porque si empezamos a pensar que la amabilidad o la simpatía es una invitación al abuso, el mundo se va a la mierda. Y ahora, pase lo que pase, un desconocido tiene mi número. Y este en concreto solo me llevó a un bar, pero ¿y si me hubiese llevado a casa?", se pregunta.

Desde Cabify aseguran haber tomado medidas: en palabras de la propia compañía, la plataforma ha prescindido de dicho conductor.

Wallapop: "A mí me respetas, zorra"

Si hay una aplicación en la que los acosadores se sienten más a gusto, esa es Wallapop, en cuyo chat privado se puede encontrar situaciones de acoso de lo más evidentes.

La galería de los horrores es interminable: un usuario que acosa de manera directa a una mujer, uno y otro que piden comprar ropa interior usada, otro que quiere comprar un sujetador y le pregunta a la vendedora si lo llevará puesto cuando se lo entregue, otro que ofrece 50 euros por un desnudo, otro 100 euros por una masturbación... La lista es tan extensa como evidente.

Siguen sin ser los únicos casos: en otra plataforma de 'car sharing', Amovens, un conductor acosó a una usuaria tras un mal comentario sobre su viaje. Cuando ella lo bloqueó, él llegó incluso a enviarle un vídeo con alto contenido sexual.

Un problema, en definitiva, que deja dos conclusiones evidentes: en primer lugar, el acoso sexual en este tipo de plataformas no es masivo, pero sí altamente significativo; en segundo, que incluso las plataformas que no dan el móvil personal de sus usuarios se enfrentan a un grave problema de seguridad y confianza si no son capaces de resolver rápidamente los problemas generados dentro de su propia comunidad.

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