basta una antena para ver contenidos gratis

La piratería de la TV de pago aún existe (y por qué nadie puede con ella)

Sólo es necesario un 'firmware' para acceder a toda la televisión de pago ante la impotencia de las cadenas, que no pueden combatir esta práctica
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¿Por qué pagar mensualmente un abono a una televisión por satélite pudiendo disfrutarla de forma gratuita? Con esa filosofía oculta, dos sistemas para piratear la señal de las cadenas de pago se han colado en millones de hogares de todo el mundo en forma de decodificador. Son el 'cardsharing' y el IKS (Internet Key Sharing).

“A día de hoy, todo el mundo puede ver televisión por satélite gratis sin estar abonado”, confirma Andrés Tarasco, experto en seguridad informática y fundador de Tarlogic. Este español lleva tiempo investigando qué tecnologías y empresas hay involucradas en una práctica que, por ahora, las televisiones no pueden combatir.

El 'cardsharing' engaña a la señal que llega por satélite y le ofrece una clave válida para decodificar los contenidos aunque no seamos clientes de pago

Todo empieza con la señal que llega a la antena parabólica de una casa. En ese mensaje van, por una parte, los datos de vídeo y sonido que llegarán a la pantalla y que, en un principio, están cifrados. Además, la señal incluye la clave necesaria para traducir el contenido, información que también va cifrada. La clave del sistema está en la tarjeta de abonado que se introduce en el decodificador y es la encargada de desvelar el contenido.

Sin embargo, este sistema de doble llave no es perfecto. Con un aparato modificado, la clave cifrada no viaja hasta la tarjeta de abonado (que no está), sino que lo hace a través de internet hasta una máquina que contiene el lector de tarjetas y que se encargará de resolver el desafío. Así funciona al 'cardsharing'.

(Andrés Tarasco)
(Andrés Tarasco)

“Hay gente que comercializa estos servicios y, desde cinco hasta treinta euros al mes, tú pagas por acceder a un servidor que te va a responder con las claves de descifrado de todas las señales de satélite que quieras”, explica Tarasco.

Por otra parte, el “IKS directamente hace magia”, resume el fundador de Tarlogic. El usuario solo debe actualizar el 'firmware' del decodificador. Una vez hecho esto, y conectado al satélite y a la tele, el aparato empieza a mostrar todos los contenidos en abierto.

Mientras esto sucede, las televisiones de pago observan impotentes cómo los decodificadores se venden de forma legal en muchas tiendas físicas y en las plataformas 'online' más populares (la red está repleta de 'reviews' y pueden adquirirse en sitios tan poco oscuros como Amazon). “Esto no es un problema sólo de una plataforma de pago, es un problema a nivel mundial”, admite Ignacio Tapia, antiguo jefe de Seguridad de Emisiones Codificadas en Sogecable y hoy uno de los responsables de la misma área en Telefónica.

El problema es que los aparatos no son ilegales. “La función de esos decodificadores sería simplemente la de mostrar canales que fueran de acceso abierto”, explica el abogado Sergio Carrasco. Según el jurista, “lo que haga luego el usuario con modificaciones o con la introducción de código ya es responsabilidad suya”.

Mientras ese 'firmware' no sea facilitado directamente por el fabricante o los aparatos no se anuncien abiertamente como decodificadores piratas con los que disfrutar gratis de las televisiones de pago, no hay nada que llevar a juicio. Sin embargo, es asombrosamente fácil encontrar en multitud de foros ese 'software' modificado que convierte el artilugio en un arma para la piratería.

¿Quién es el responsable?

Todo parece obra de una comunidad espontánea, surgida en torno a unos aparatos que pueden manipularse para un uso ilícito. Sin embargo, las compañías se preguntan quién se lucra del pirateo de su señal. Si bien con el sistema del 'cardsharing' este enigma parece estar claro (las redes mafiosas venden el acceso a claves a cambio de un pago mensual), el caso del IKS es bien distinto, ya que los usuarios realizan sólo un desembolso: la compra del propio decodificador.

“Tiene que haber alguien muy potente detrás”, indica Tapia. “Para mantener un servidor con todas las plataformas de pago y todos los canales, la inversión para mantener la infraestructura es enorme”.

Algunos decodificadores juegan la baza de la obsolescencia programada: dejan de funcionar pasados dos años desde su puesta en marcha

Así, los primeros que parecen beneficiarse del sistema son los que intervienen en la venta de los aparatos. Si bien el margen de beneficio parece pequeño (cada decodificador se vende por algo más de cien euros), Tarasco y su equipo han comprobado que llegan al mercado como un claro ejemplo de obsolescencia programada. “El 'firmware' tiene controles para que un dispositivo con un número de serie concreto se pueda conectar durante dos años. Pasado ese tiempo, tienes que tirar el sistema y comprar otro nuevo”, explica el investigador.

Sin embargo, para que las compañías de televisión puedan hacer algo al respecto, primero habría que demostrar quién hay detrás de la trama. Varias operaciones policiales están en marcha en distintos puntos del mundo contra los servidores que distribuyen la señal de las tarjetas de abonado y contra aquellos que venden los decodificadores ya modificados. Pero aún quedaría lo más complicado: “Tendrías que demostrar que el diseño se ha hecho específicamente para esa funcionalidad, para saltarse una medida de seguridad y, en realidad, va a ser una prueba diabólica, va a ser casi imposible demostrarlo”, asegura Carrasco.

Eso es precisamente lo que intenta hacer Tarasco. A través de técnicas de 'hardware hacking', desmontando los aparatos y soldando chips, analizando el 'firmware' y empleando ingeniería inversa para analizar el tráfico que se produce a través de los decodificadores, el investigador asegura que “al final, lo que se descubre es que el propio fabricante chino es el que está detrás de gran parte de las infraestructuras IKS”.

De hecho, en su investigación, Tarasco encontró pruebas tan obvias como las diferencias entre el 'firmware' original y el modificado. En varias ocasiones, el cambio era simplemente de un 1 por un 0, algo que parece previsto en el diseño original del aparato. Además, la creación de ese 'firmware' modificado entraña toda una paradoja: no existe documentación alguna sobre el 'software' original, por lo que o bien el programa pirata está hecho completamente a ciegas (con éxito) o sus creadores están vinculados de una u otra manera al fabricante, que sí conoce las especificaciones.

“Se ve que los fabricantes están en el ajo, pero es muy difícil probarlo y es muy difícil denunciar a una empresa china que desarrolla esta tecnología”, concluye el investigador.

Una dificultad añadida se encuentra en la ubicación de los servidores, casi siempre en lugares recónditos de países en los que la legislación tiene poco que ver con la española. En la investigación de Tarasco hay de todo: muchos de los nodos de las redes de pirateo se localizan en ciudades chinas, pero también los hay en sitios como Rusia o Ucrania.

“Al final son redes 'peer to peer', descentralizadas, en las que nunca tienes localizado quién es el sistema que está descifrando la señal. Puede estar conectada a una máquina, esa a su vez a otra, hasta que finalmente se acaba conectando con la máquina que tiene la tarjeta conectada y que te va a descifrar la señal”, explica el investigador.

Muchos de los nodos de las redes de pirateo están localizados en China, aunque también se han encontrado en Rusia o en Ucrania

La forma más efectiva, pero también larga, de que las televisiones de pago puedan luchar contra estos aparatos es conseguir un cambio en la regulación para evitar que los decodificadores puedan ser modificados. “Se está haciendo en Brasil: exigirles una certificación para que [el aparato] pueda entrar en el país, pero entra con unas condiciones técnicas que no posibilitan la manipulación”, afirma Tapia. “Si se demuestra que el aparato sí puede ser manipulado, se retira en la misma aduana”.

Mientras tanto, las compañías seguirán buscando el Santo Grial: esa prueba que demuestre que los aparatos han sido concebidos para ser modificados y ofrecer multitud de canales de pago por muy poco dinero.

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