el fin de los prejuicios al mercado de segunda mano

Enganchado a Wallapop

¿Compras, vendes? Cuando una aplicación comienza a ser una primera opción de compra
Foto: Wallapop.
Wallapop.

"Esto para mí ha sido como un ascenso en el trabajo: tenía un iPhone 4 en buen estado y unos ahorros. Encontré un vendedor de un iPhone 5S a buen precio, lo compré y vendí el mío solo dos días después de subirlo a Wallapop. Ya voy por el iPhone 6 Plus y no me he gastado ni la tercera parte que hubiera pagado en tienda, ¿cómo no voy a estar un poquito colgado?". David confiesa que ha sacrificado el placer de retirar un precinto pero su carrera tecnológica le ha merecido la pena, tanto en el bolsillo como en la conciencia. 

Animado, ha puesto en venta "decenas de cosas más", de todo tipo. Tiene buenas valoraciones y los demás usuarios le califican como "un tío serio". "Ya llevo un tiempo mirando casi todos los días cómo van mis ventas, es como una rutina, pero tengo cuidado de no encapricharme a lo tonto", comenta con juicio porque, dice, lo importante es distinguir "las necesidades de los impulsos".  

Con esa filosofía, y llevados por la larga lista de cosas que necesitarán cuando nazca su bebé, María y Aymeric han acudido al 'mobile freemarket'. Están en la treintena y tienen trabajo pero no están dispuestos a hacer gastos que puedan evitar. "Por 160 euros hemos comprado el carrito con silla, cuco y Maxi-Cosi, los forros de polar para invierno, la sombrilla, el patinete para el hermano mayor... y calculo que todo eso al anterior propietario, que además era un vecino, pudo costarle fácilmente 1.000 euros hace cinco años", comenta María orgullosa.

Para algunos usuarios, la experiencia es redonda si encima sienten que sus hábitos de consumo se ajustan a la filosofía del reciclaje y lo sostenible

Y es que, reconoce, conseguir algo que necesitas a bajo precio genera mucha satisfacción, y más cuando el vendedor corresponde a ese perfil de "gente que ha comprado algo caro, se siente mal por venderlo pero quiere sacarlo del trastero y te lo deja a un precio que te viene Dios a ver". Para usuarios como esta pareja, la experiencia es redonda si encima sienten que sus hábitos de compra se ajustan a su forma de pensar. "Es consumo responsable", dice. 

Pero no son unos recién llegados. María cuenta a El Confidencial sus gestas en Wallapop al otro lado de un teléfono comprado precisamente a través de esta 'app', con la tableta promocional que le vendió el empleado de una empresa en la mesa y -su joya de la corona- el iMac de 2009, que le costó 400 euros y es su principal herramienta de trabajo, encendido. A unos metros está el cajón lleno de videojuegos atesorados durante años que estas navidades ha hecho felices a varios miembros de alguna que otra familia. En una ocasión, llegó a su poder como caída del cielo una butaca de cuero que logró vender en solo unas horas; con los 130 euros que consiguieron, se fueron de cena.

Una mujer habla por teléfono en el Rastro, el mercado de segunda mano en el centro de Madrid.
Una mujer habla por teléfono en el Rastro, el mercado de segunda mano en el centro de Madrid.

La OCU ha tratado de conocer la satisfacción de los usuarios en consumo colaborativo en una encuesta que verá la luz en febrero próximo pero que ya ha arrojado las primeras conclusiones: el 74% de los 2.000 preguntados ha participado de una de estas formas de consumo, incluida la compraventa de bienes de segunda mano. En el Observatorio de Consumo de Cetelem 2015, mientras tanto, se especifica que el 37% de la población compró un objeto usado durante ese año; sobre todo libros, discos, videojuegos y otros artículos tecnológicos. 

Se acabaron los prejuicios 

Con estas cifras en la mano, las empresas líderes en compraventa de productos de segundo uso, Wallapop y Vibbo, coinciden en detectar un momento dorado en España que va más allá de la crisis, de un volumen menor que en Francia y los países nórdicos pero con un gran futuro por delante. "Era un mercado que en España durante muchísimo tiempo no se acababa de ver porque tenía una serie de connotaciones negativas por tratarse de objetos usados y creemos que ha habido un cambio en la forma de consumo", comenta María Toribio, portavoz de Vibbo. 

Captura de pantalla de la interfaz de Vibbo.
Captura de pantalla de la interfaz de Vibbo.

El mercado de segunda mano no es ninguna novedad. La existencia de los 'ropavejeros' está documentada desde finales del siglo XV en mercadillos, tiendas y posteriormente a través de publicaciones de anuncios de compraventa. Es el caso de 'Segundamano' -del grupo noruego Schibsted-, que tras 37 años de vida decidió refrescar su marca y mutar en Vibbo, que a diferencia de la 'app' Wallapop es multiplataforma. "No nos queríamos quedar atrás, este cambio ha venido de mano de las nuevas generaciones, que han impuesto un cambio de valores, porque ya no es importante tener cosas sino sentir y experimentar con esos objetos", explica Toribio. 

Relojes lunares de Patek Philippe. (EFE)
Relojes lunares de Patek Philippe. (EFE)

Triana es una de esos escépticos que acabaron cayendo presos del mundo de lo usado. Su afición a la moda había metido en su armario varios artículos de mercadillos y tiendas 'vintage', pero había cosas que no encontraba. "Al principio no me fiaba mucho y me metí para mirar. Tuve un intento de venta fallido pero remonté, vendí varios productos seguidos y me lancé a la compra", cuenta.  

"Encuentras cosas antiguas, artículos de otras temporadas que no hay en el mercado de primera mano y de los que te quedaste con ganas", dice Triana. Ahora, por ejemplo, busca en sus ratos libres la mejor oferta de mochilas Wayúu, los cotizados bolsos tejidos por las indígenas de La Guajira, en la frontera colombo-venezolana. "Si estoy muy interesada, lo miro todos los días, pero cuando lo consigo me olvido", añade. 

Un perfil de usuario muy variado 

Wallapop -que desde su nacimiento en 2013 ya cuenta con 10 millones de descargas y tiene un catálogo de 48 millones de productos- tiene identificada una gran variedad de perfiles de usuario. "Hay gente que solo vende y tiene 200 transacciones, otros son solo compradores y muchos hacen ambas cosas, van equilibrando ingresos y gastos", explica Jessica Amador, del departamento de Relaciones Públicas. "Nos han contado que también hay gente que vive de Wallapop, buscando gangas que pueda revender, y también conocemos la historia de una señora que en plena crisis recogió cosas que sus vecinos ya no querían y pudo tapar algunos huecos", agrega Amador.

En Vibbo son conscientes de "que ver todo el potencial que tiene este mercado, puede enganchar". Pero tranquilos. El psicólogo José Antonio Molina, doctor en Psicología y autor del libro 'SOS... tengo una adicción' (Pirámide), aclara un matiz importante: "Una conducta impulsiva no tiene por qué ser adictiva, solo hay adicción cuando hay consecuencias negativas, como perder el control, gastar más de lo presupuestado, robar o mentir a la familia". Y ante este punto de inflexión en los hábitos de consumo, añade: "No podemos demonizar las cosas que nos facilitan la vida".

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