La demostrada superioridad del cine francés

No parece que sea casualidad que De óxido y hueso se estrene el día después de la lectura de los nominados a los Globos de Oro.
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    No parece que sea casualidad que De óxido y hueso se estrene el día después de la lectura de los nominados a los Globos de Oro. En la distribuidora del filme confiaban en sus aspiraciones, sabían que no se irían de vacío como así ha sido: mejor película de habla no inglesa y mejor actriz de drama para Marion Cotillard.

    Unas nominaciones más que merecidas. Y es que, la nueva cinta del director de Un profeta, Jacques Audiard, es de lo mejor que hemos visto en lo que llevamos de año. Un conmovedor e impecable melodrama en el que al igual que ocurría en Intocable -aunque aquí no hay pie a la comedia- se abre los ojos al espectador demostrando que tratando a un enfermo sin compasión o lástima se le puede devolver la vida.

    Aquí, como en la cinta de Nakache y Toledano, también nominada al Globo de Oro, no se lleva el dramatismo al extremo. Es algo secundario. No es el objetivo de la cinta. El morbo sólo está reservado para demostrar que, a pesar de haber perdido sus piernas, Steph sigue viva sexualmente, que su sexo sigue vivo. Y es que esa es la idea. Seguir vivo. 

    De óxido y huevo es además una reflexión sobre las relaciones actuales, sobre las millones de acepciones que puede aceptar la palabra pareja o la expresión relación sentimental. Una relación, la de Ali (Matthias Schoenaerts) y Steph (Marion Cotillard), absorbente, llamativa, tierna, provocativa y morbosa con la que se conecta desde el principio.

    Algo imposible de concebir sin Cotillard y Schoenaerts, quienes están sublimes, impecables. Ahora sólo falta por ver si la francesa será finalmente nominada al Oscar. Sobran los motivos.