el párroco se ha disculpado en varias ocasiones

El cura que se disfrazaba de 'Playboy' y llenaba las iglesias

Los vecinos de Cuntis, en la provincia de Pontevedra, defienden a su "párroco verbenero", llamado al orden por el Arzobispado de Santiago tras un polémico desfile en carnaval

Foto: El párroco de Cuntis, disfrazado. (Diario de Pontevedra)
El párroco de Cuntis, disfrazado. (Diario de Pontevedra)

El escándalo llegó a oídos del arzobispo de Santiago, que ha llamado a capítulo a Juan Carlos Martínez para expresarle su disgusto. Lo de los carnavales no agrada demasiado a la curia, pero ya que el párroco de Cuntis se vistiera del dueño de 'Playboy' le pareció excesivo. Y que circularan fotos en internet en las que hacía como que se lo montaba con una chica conejito —en realidad un señor peludo con disfraz— colmó el vaso. Pero la historia que tiene en vilo a este pueblo de 5.000 habitantes de la provincia de Pontevedra es una sorpresa solo para los forasteros, porque los de allí ya se acostumbraron a la original personalidad de un cura que llegó precedido de fama por su condición de bajista y guitarrista de una orquesta, y que ha llenado las iglesias con un estilo alejado de la ortodoxia.

Cuando en 2013 Martínez, entonces con 37 años, tomó posesión de las siete parroquias de su jurisdicción, algunos periódicos locales se hicieron eco de unas habilidades que casaban poco con la costumbre del cura rural. 'El cura verbenero', se le llamaba, un calificativo que él no desdeñaba, siempre que se utilice “en el buen sentido de la palabra”. Verbenero porque en su anterior servicio, en Oza dos Ríos (A Coruña), logró fama tanto por su labor pastoral como por su condición de músico de la orquesta París de Oza, remedo de la París de Noia que triunfa en verbenas de las cuatro provincias.

París de Oza, ideada también con motivo de unos carnavales, acabó consolidándose como animadora habitual de las fiestas de las más pequeñas aldeas, aquellas en las que, como él mismo explicaba en 2013, “no hay dinero para contratar a Panorama ni a Olympus”, en referencia a otras dos grandes del universo verbenero. “La iniciativa no surgió de mí”, matizaba, antes de presumir irónicamente del “riguroso playback” de sus espectáculos. “Siempre me gustaron las orquestas. París de Oza somos un grupo de amigos, como una gran familia”, se explicaba.

No desdeña el calificativo de 'cura verbenero', tras participar en una orquesta, aunque siempre que se utilice “en el buen sentido de la palabra”

No hubo París de Cuntis en su siguiente destino, pero sí una intensa participación en los desfiles de carnavales, en los que pasaba inadvertido quizás por tirar de disfraces menos irreverentes. Pero sobre todo se le conoce por exhibir un carácter desenfadado y abierto, por acercar a los niños a la Iglesia o por hacer de Cáritas un ente especialmente activo en el pueblo. Los que van a misa, los que no practican y hasta los que no creen lo defienden en Cuntis. Tanto es así que, cuando el pasado lunes se presentó en el pueblo un emisario del arzobispo para llamarle la atención, se encontró con una improvisada concentración de cientos de vecinos que, al ver aparecer por allí a Martínez, lo recibió con una ovación y gritos de apoyo.

Ese emisario era el vicario episcopal de Pontevedra, Calixto Cobo, que no oculta su malestar con el suceso de las conejitas Playboy: “La verdad es que me disgusté bastante, porque me pareció una actitud totalmente impropia de un sacerdote”. El cura desfilaba encima de una cama tirada por un coche. Iba disfrazado de Hugh Hefner, el fundador de 'Playboy', con su batín de seda y su gorra de capitán. A cada lado, dos tipos disfrazados de conejitas Playboy. Y en un momento determinado, uno de ellos/ellas –“que había bebido un poco de más”, según los testimonios de algunos vecinos– tumbó al cura sobre la cama y se le echó encima para animar la fiesta con una improvisada performance erótica. Esa foto fue la más difícil de digerir en la sede del Arzobispado.

El cura desfilaba encima de una cama tirada por un coche, disfrazado de Hugh Hefner, el fundador de 'Playboy', con su batín de seda y su gorra de capitán

Cobo le envió un correo electrónico a Martínez, al que califica de buen párroco y mejor amigo, y provocó la reunión que acabó en toda una demostración de solidaridad de los feligreses con el párroco. Le estaban esperando. “Eran tantos que era imposible que entrasen en el local que teníamos”, reconoce el vicario, que tuvo que entrevistarse con una representación de los allí congregados. Entre los vecinos, incluso entre los de más edad, predomina la idea de que el cura no causó mal a nadie, que simplemente se dejó contagiar por el clima de cachondeo que rodea el carnaval.

Del párroco verbenero destacan los vecinos que pasea mucho por la villa, se deja ver por los bares o el supermercado y que habla con todo el mundo. Es una persona cercana y amable, que ha conseguido volver a llenar unas iglesias que en los años anteriores no paraban de vaciarse y que ha atraído a un centenar largo de niños a catequesis. A nadie en Cuntis le extrañó verle en el desfile de carnaval, y a muy pocos dentro del pueblo les escandalizó con su disfraz, lo que no ha impedido que desde entonces, algo superado por el lío organizado, haya pedido perdón desde el púlpito en reiteradas ocasiones, por una actuación que reconoce “desafortunada”.

Los vecinos le definen como una persona amable, que ha conseguido volver a llenar unas iglesias que en los años anteriores no paraban de vaciarse

Ese arrepentimiento se lo expresó al vicario de Pontevedra y lo reiterará igualmente ante el arzobispo de Santiago, Julián Barrio, que según reconoció Calixto Cobo también está muy disgustado, y con quien se tendrá que entrevistar.

Quienes han hablado con él reconocen que Martínez está “tocado” por el jaleo que provocaron las fotos del desfile, un borrón en la amable relación que mantiene con la gente de Cuntis. Allí deja la misma buena impresión que consiguió en su anterior destino en Oza, donde todos se habían acostumbrado a verle sobre un escenario micrófono en mano para cantar las canciones de moda o en un bar jugando la partida con los vecinos, mientras también llenaba la iglesia. Y un par de veces a la semana se acercaba a la prisión de Teixeiro, donde ejercía de segundo capellán. Exceptuando su labor con los presos, una rutina muy similar a la que mantuvo estos cuatro últimos años en Cuntis, hábitos que quizás tras la llamada al orden de sus superiores se vea en la obligación de alterar.

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