La aventura de óscar garro en ucrania

La clase magistral de fútbol de un español en mitad del conflicto bélico de Ucrania

En un país que puede estallar en cualquier momento, un entrenador español enseña nuestro exitoso y cotizado modelo futbolístico en el Karpaty de la convulsa Ucrania

Foto: Óscar Garro, a la derecha, junto a futbolistas del Karpaty y soldados del Ejército de Ucrania (FOTOS: www.fckarpaty.lviv.ua/ua/)
Óscar Garro, a la derecha, junto a futbolistas del Karpaty y soldados del Ejército de Ucrania (FOTOS: www.fckarpaty.lviv.ua/ua/)

Tocó hacer las maletas e iniciar una nueva vida. En España no hay sitio para todos los profesionales del fútbol y Óscar Garro se marchó a Ucrania para emprender una aventura apasionante. Todo un maestro del fútbol que se dedica precisamente a ello, a enseñar el loado modelo español. Con un rico currículum -Licenciado en Ciencias del Deporte, Director de Deportes de la Universidad Francisco de Vitoria, Director del Departamento de Formación del Cómite Nacional de Entrenadores de Fútbol de la RFEF…-, en 2012 tomó la decisión de emigrar para poner en marcha un proyecto de formación en el Karpaty, club de la máxima categoría del fútbol ucraniano. En 2013 regresó a España, pero ahora ha vuelto para poner los cimientos del futuro Karpaty, implantando una metodología de trabajo desde las categorías más inferiores hasta el primer equipo. “La formación y la educación son los motores de mi vida”, comenta cuando comienza a contar su aventura en El Confidencial.

Llegó a Lviv, a 50 kilómetros de la frontera con Polonia, hace dos años para, como explica, “organizar todo el fútbol base del Karpaty. Presenté un proyecto y me invitaron a fichar en la temporada 2012/2013. Se trata de desarrollar un único modelo en las categorías inferiores. Formación de entrenadores, captación, metodología de entrenamiento… Tras un año, regresé a España, aunque seguí trabajando para el club desde la lejanía. Ahora tuve la opción de volver como segundo entrenador del primer equipo y no lo dudé”. En cuatro pizarras que decoran el vestuario, se encarga de diseñar todo el trabajo diario que realiza el plantel, sin olvidar los análisis de los rivales del Karpaty, que también llevan el sello de Garro. “El modelo español tiene mucha fuerza en el exterior y cada vez reclaman más profesionales de nuestro país en el extranjero”, indica Óscar.

“No se trata de llegar e imponer”, deja claro el técnico español, que supervisa todo el trabajo, desde los equipos de niños hasta el más profesional. “Se trata de diseñar el Karpaty del futuro, controlando a jugadores y entrenadores, aunque siempre con las pautas marcadas por el club”, subraya. Óscar recuerda que “apuestan por el modelo español por encima de todo. Es difícil copiarlo en cuanto a juego se refiere, pero sí pueden aplicar nuestros sistemas de entrenamiento y es a eso a lo que me dedico. Se trata de crear jugadores inteligentes y creativos”. Resalta que “quieren ser parecidos a nosotros; mi objetivo es que los jugadores entiendan el juego e implantar un modelo de equipo. Requiere de mucho esfuerzo porque la mentalidad es diferente. A través del error se aprende y eso les cuesta. El plan es convencerles de que el error es una manera sabia para mejorar. Lo importante es que tienen una disciplina bárbara, no bajan los brazos nunca hasta que logran el objetivo”.

Otro importante hecho ha influido en la vida futbolística de Ucrania. La crisis política afectó a la economía y los sueldos de los jugadores se rebajaron de manera considerable. A ello hay que unir la anexión de la península de Crimea a Rusia, por lo que dos clubes -Tavriya Simferopol y Sevastopol- pasaron a disputar la liga rusa, quedando sólo 14 equipos en la ucraniana. Esto ha obligado a la Federación de Fútbol de Ucrania a tomar la decisión de que esta temporada sólo haya un descenso, ascendiedo tres clubes a la máxima categoría. Esta circunstancia afecta directamente al técnico español, pues la dirigencia del Karpaty, con tino, ha decidido apostar por jugadores jóvenes de la casa (18,19 y 20 años) para que durante esta temporada se adapten al fútbol de máximo nivel. Es preferible esto que gastar dinero en fichajes, sabiendo que el descenso, a priori, no amenazará al club. Y esta nueva camada de futbolistas conoce a Garro de su primera etapa en el Karpaty, por lo que la cúpula directiva consideró que el entrenador español era el más capacitado para seguir formando a estos jóvenes.

Lviv, ciudad bulliciosa gracias a su rica vida universitaria, tiene en el Karpaty a uno de sus grandes motores. Con unos 200.000 habitantes, el fútbol es parte fundamental en sus vidas. Una existencia que se ha visto salpicada por un conflicto bélico que tiene al país en permanente estado de alerta. Un conflicto que se percibe en la vida diaria del técnico español. Actividades que denotan que la guerra puede estallar en cualquier momento. Garro explica que “el club tiene que participar en actos públicos, con el fin de dar ánimo a los soldados que podrían entrar en acción si el conflicto se agrava. Hasta nos han enseñado cómo se utilizan diferentes armas de fuego, aunque en este caso no quise realizar esta actividad y el club no se opuso”.

En una palabra, como bien resalta, “nos enseñan de todo en previsión de una hipotética batalla. El equipo ha llegado a visitar hospitales para ver a los mutilados, algo que tampoco quise hacer. Son situaciones difíciles de digerir...”. Pero recalca que “los jugadores tienen que ir porque el sentimiento nacionalista es muy fuerte. Por ejemplo, en todos nuestros partidos se escucha el himno de Ucrania en el último minuto y las aficiones de los dos equipos se unen a la hora de cantar. Da igual en qué situación se encuentre el partido, el hermanamiento entre seguidores rivales es total y absoluto. Es algo impresionante, porque el estadio se queda en silencio antes de que todos los asistentes se pongan a cantar. Me da envidia sana, ojalá sucediera en España”.

Reconoce que “la gente tiene miedo porque no sabe cómo va a evolucionar el conflicto. La nueva ley obliga a todos los jóvenes a estar localizables para ser reclutados por el ejército. Sí, en principio también puede reclutar futbolistas. Todo aquel que sea susceptible de defender a su país, puede ser llamado a filas”. Ucrania vive situaciones paradójicas porque como explica Óscar, “no hay que olvidar que la gente del este del país es mayoritariamente rusa; el que se siente ucraniano percibe que muchos a los que defienden, no quieren ser defendidos. Una situación realmente extraña”.

El trabajo le absorbe hasta diez horas al día, consiguiendo olvidar que se encuentra en un lugar del mundo donde puede pasar cualquier cosa. Horas de trabajo en despacho y en campo para no pensar en lo que sucede a su alrededor. “Es duro estar tan alejado de la familia durante tanto tiempo. Trabajo en un país en conflicto bélico y con el que no tienes relación más allá de lo profesional, pero conozco gente que sufre en primera persona y al final te metes en su piel”, comenta, reconociendo que “esta situación genera una sensación de miedo. Al final, uno se calma porque estás involucrado en tu trabajo, que es lo que te gusta. La soledad te permite trabajar todo el día y no pensar en lo que pasa a tu alrededor”.

Explica que “en el día a día no percibimos nada extraño. Es curioso que en todas partes ves que la televisión está conectada emitiendo noticias. Cuando viajamos en autobús, es habitual cruzarnos con vehículos militares”. Garro apunta que “el club trata de dar normalidad a la situación. La Federación de Fútbol de Ucrania se encargó de que los clubes no jueguen cerca del conflicto, pues hablamos de un país partido en dos. Todos los equipos del este se han ido al oeste para disputar sus partidos, con el Shakhtar Donetsk al frente -el mejor equipo del país-, que juega sus partidos de liga en Kiev y los de Champions en nuestra ciudad”.

Disfruta de un intenso y ambicioso proyecto a largo plazo. Los partidos del primer equipo le llenan por todo lo que rodea al Karpaty, porque como destaca, “nuestra afición es parecida a la del Atlético de Madrid; es muy pasional y siempre está al lado del equipo. Nuestros seguidores llegan a hacer largos viajes en autobús para seguirnos”. Pero Óscar no oculta que “mi ilusión es volver a casa, para compaginar familia y trabajo. Sin embargo, somos muchos en España y no hay trabajo para todos”. Por ello, anima a sus colegas a “salir si aparece una buena oportunidad. Los profesionales españoles están muy preparados, así que hay que tener la mentalidad muy abierta y emigrar cuando surja una buena oferta”. Él lo hizo y no se arrepiente, para imprimir el cotizado sello español en el fútbol de Ucrania. Aunque la amenaza de una guerra forme parte de su vida cotidiana...

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