Una comunidad muy activa

Los bares de viejo que se han quedado los chinos (y por qué ya no los quieren)

Los asiáticos que aprovecharon la crisis para quedarse muchos locales de barrio, ahora se mudan a vías principales o cambian a otros negocios que los españoles abandonan

Foto: Una cerveza en la barra. (iStock)
Una cerveza en la barra. (iStock)

Los ciudadanos chinos aprovecharon los momentos más duros de la crisis, unidos a un cierto cambio generacional en la hostelería española, para quedarse muchos bares tradicionales del centro o los barrios populares de las ciudades. Ahora, con ese mercado repuntando y los precios recuperándose, se fijan en otros modelos de negocio, pero siempre escogen los que van abandonando los españoles y, por tanto, a precios de oportunidad: zapaterías, cerrajerías o antiguos establecimientos de “compro oro”. Eso sí, aunque han ralentizado la adquisición de bares, sí siguen invirtiendo “en los que están en calles principales, en vías anchas y grandes”, revela un experto inmobiliario chino: "Ahí merece la pena la inversión porque luego se gana mucho más, en las callejuelas ya no interesa", confirma.

Eso que suena desde una ventanilla bajada de un coche parado en un semáforo debe ser 'reggaetón'. Se deduce porque se adivinan algunas palabras en español entre acelerón y acelerón, porque el conductor lleva un collar grueso y una gorra y porque tiene un ritmo sincopado y repetitivo. El disco se pone verde y el automóvil se marcha dejando huérfano el chaflán donde se ubica el To-Mar. Un bar de barrio, en efecto, con su chapa de Coca-Cola saludando de perfil. Uno, en este caso, que en su día, seguramente, montarían Tomás y Marta, pero que hoy gestiona Wei Li. “Tapas toda la vida, muy ricas”, explica el camarero, vestido de riguroso negro. Hay muchísimos, pero ya no se montan nuevos en pequeñas calles de barriada. Desde 2009 la comunidad china, la única de inmigrantes que aún crece y siguió creciendo durante la crisis (ya son 181.000, el grueso, más del 50%, entre 20 y 45 años) se ha ido quedando viejos bares tradicionales en toda España.

Hay más de 10.000 establecimientos hosteleros regentados por chinos en España, en Barcelona y Madrid son más de 2.000

Pero ya no les interesa. No tanto, al menos. “No hay negocio para lo que cuestan ahora”, explican desde la principal inmobiliaria orientada a esa comunidad, Bafre. Aunque ocupan todo el Paralelo de Barcelona, además de otros muchos barrios de la capital catalana; el centro antiguo de Madrid (Embajadores, Lavapiés) y cientos en Valencia, Bilbao o A Coruña. En total, más de 10.000 de los algo más de 200.000 que hay en España. Y todo en un tiempo récord. Los chinos prefieren comprar a alquilar, especialmente los locales de sus negocios, incluso antes que sus viviendas.

“Con la crisis muchos dueños de toda la vida no pudieron aguantar y traspasaron o vendieron”, explican desde la inmobiliaria. Los únicos que entonces no dependían de los bancos y tenían dinero bajo el colchón eran los chinos. Era el momento. Y lo aprovecharon. Antes, habían plagado los barrios de bazares, luego de tiendas de alimentación, después de peluquerías y manicuras, más tarde de establecimientos de pequeños electrodomésticos y, ahora, de cerrajerías y otros servicios abandonados por los españoles. Su siguiente paso serán los establecimientos que se van quedando desiertos de "compro oro".

Préstamos 'familiares'

La idea es aprovechar un grupo de negocios en baja para quedárselos a buen precio, cuando nadie piensa en invertir en esa clase de cosas. La ventaja durante la crisis, y no solo en ese momento, es que no dependen del crédito de los bancos. La red “de ayuda” familiar china es grande y su capacidad de ahorro muy alta, tal y como como explican desde la inmobiliaria Bafre. Es decir, el dinero de la compra o el traspaso se hace contando billete tras billete, lo que abarata la operación y evita los intereses. Al menos, los que habría que abonar si se hubiera pedido un préstamo a un banco convencional. "Los chinos son desconfiados y por eso vienen a hacer negocios siempre con otros chinos", deslizan desde Bafre. En teoría, los préstamos los hace un familiar o usan sus propios ahorros, aunque algunas operaciones policiales en Barcelona o Madrid hayan destapado tramas de usura entre la comunidad asiática.

Los paisanos siguen yendo a estos bares sin ningún tipo de prejuicio. “A fin de cuentas”, sentencia Dámaso, “los botellines son los mismos, ¿no?”. “Estos aprenden rápido”, subraya frente a una tapa de torreznos bastante conseguida. Aunque el Jayel ha tenido que cerrar, en pleno Chamberí, porque la parroquia les abandonó. En breve abrirán una franquicia en el mismo lugar. Los chinos no son inmunes a una mala elección de lugar y negocio, como en este caso, cuyo establecimiento en José Abascal ha durado abierto menos de un año.

"Era un bar de chinos, ahora es un bar", se ufanaban unos empresarios del barrio de Gracia tras alquilar un establecimiento de asiáticos

Y es que los chinos sí pagan impuestos. Exactamente los mismos que usted. De hecho, durante los años de la crisis, una de las cifras de autónomos más abultada (desde luego la mayor entre los extranjeros, que descendió muy notablemente) fue la de los chinos. El secreto está en “abaratar los costes hasta el extremo con márgenes pequeños y muchas horas de trabajo”, según explica uno de estos empresarios chinos afincado desde niño en España.

La tendencia de los ciudadanos de origen de chino de abandonar un mercado al que ya han llegado a su tope se nota en ejemplos concretos: un bar de Barcelona se “congratula” de haberles echado de un local en el barrio de Gracia para montar un gastrobar de esos de mesas altas de madera. “Era un bar de chinos, ahora es un bar”, decían muy ufanos los propietarios del Intrepid. Luego pidieron perdón porque SOS Racismo les afeó que aquello parecía un pelo xenófobo.

Vías principales

Tampoco aguantó otro local regentado por chinos en El Espinar (Segovia) y ahora es, en teoría, un bar gallego. El caso, es que ni cuando lo cogieron los chinos se notó mucho la diferencia con el bar de pueblo que era anteriormente, ni con los “gallegos” se nota tampoco nada la diferencia con los chinos... cosas de la hostelería.

Entre las vías principales en las que han fijado sus ojos la comunidad china, según sus expertos inmobiliarios, está la calle de Hortaleza, en la zona pegada al popular y gentrificado barrio de Chueca. Allí una misma familia, a cuya matriarca se la conoce en el barrio como “la jefa”, posee varios negocios. Aunque alguno de ellos lo ha tenido que cerrar y asegura que "no abriría nada nuevo. Cada vez es más difícil tener un negocio, ahora solo queremos mantener los que tenemos, trabajar mucho y que todo vaya bien".

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